Thursday, April 26, 2007

MANGERECCIO



Hemos devorado, glotones, la última novela de Donna Leon, Suffer the Little Children, traducida al castellano con un título como una cabriola innecesaria. Nuestra novelista es mucho más lineal (e incluso literal) que la traductora y estamos convencidos de que en este caso más vale traducir que realzar, inventando.

Pero, en fin, Donna nos ha vuelto a traer a su personaje, el comisario Brunetti, a su cita anual con los fieles lectores tras quince entregas en las que ha habido de todo. Piezas memorables (Muerte en La Fenice, Acqua alta), entretenimiento más o menos criminal (y más o menos negro) pero siempre buena literatura de profesora de literatura, de observadora a veces mortal de sus vecinos, y de amante de la cocina. De la cocina italiana, además.

El comisario Guido Brunetti está casado con Paola, otra profesora de literatura, en la ficción, claro, de origen noble y buena cocinera. Casi todo (pescados, frutas, verdura) lo compran en Rialto y ejercen de cocineros / comensales del Véneto, respetando los usos, las costumbres e incluso los vicios regionales. O locales. Sus platos (e incluso sus recetas insinuadas) serían una buena guía para viajeros a Venecia atrevidos y un poco antropólogos. Para viajeros en otoño, por ejemplo.

Esta última novela de Brunetti no nos ha sorprendido. Y lo lamentamos. Nos hemos acostumbrado al comisario, a su esposa, a las calli y a los campi, a los despachos de la Questura, a los artículos de Il Corriere e incluso a los bares y las trattorias. Se han hecho demasiado amables y, lo siento, Donna, un poco blandos. Pero vamos a seguir esperando cada año una nueva entrega brunettiana.

A pesar de eso, o precisamente por ello, hemos anotado minuciosamente (es un decir) todos los menús que Paola le sirve a Guido, preferentemente a la hora de la cena, los almuerzos en las trattorias e incluso los tramezzini (los sandwiches) de los bares. La mujer del comisario prepara unos filetes de atún con salsa de tomate, aceitunas y alcaparras acompañados de arroz. Hay una receta muy simple de atún al romero, más o menos véneta, que se sirve frío tras cocinarlo al horno, bien lavado, fileteado y marinado, regado luego con su propio aceite y presentado sobre un lecho de rúcula. No sabemos si Paola le puso romero (la preciosa palabra “rosmarino”) pero debería de haberlo hecho.

Otra noche le prepara crespelle, una especie de empanadillas, rellenas de achicoria y pimientos amarillos. ¡Y de segundo! coniglio in umido, conejo estofado, y suponemos que con piñones, un emblema de la cocina familiar sobre todo del Norte. Luego vendrán un risotto con puerros y una dorada al limón. Pero donde la escritora realmente hinca el diente es en la descripción del menú de la cena del signor Priante, el malvado farmacéutico, el malo de la novela. Soltero, mayor, veneciano-provinciano, cena con su anciana madre gnocchi caseros, sin salsa, pechuga de pollo a la plancha y una pera. Es esa pera la que acaba de definir al tipo. Nada de vino, nada de grappa, nada de salsas. Maldad, vamos.

12 comments:

DAMUNT said...

Amigo Manuel:

Me ha encantado tu MANGERECCIO –he tenido que consultar el Babylon para saber el significado-.Describes estupendamente el ambiente en que se desarrolla la trama de estas novelas. Me ha recordado que me pareció algo exagerada la fijación en los detalles y características de Venecia y también la detallada descripción de algunas de las comidas de los personajes. Pero como muy bien dices, se leen con fruición.

Me comentabas el otro día que yo me guardaba alguna otra receta. Lo que yo si estoy seguro es de que tienes que tener algunos títulos tuyos, si no en los estantes, cuando menos en el cajón.

Un saludo de
Sebastián Damunt

manuel allue said...

Querido Sebastián: Donna Leon parece a veces (y eso que me gusta mucho lo que escribe) lo que es. Un norteamericana que ha viajado mucho y que, al fin, se ha enamorado de Venecia.

Acabo de cenar (cenar es un decir) con una pareja de amigos norteamericanos, dermatólogo él, arquitecta ella, que están en mi pueblo de visita. Me han estado hablando de Mexico -de Chiapas-, a donde viajan muy a menudo, como Donna lo hace de Venecia. Admirados pero un poco conquistadores. Es lo que tienen. Entusiasmados pero siempre, y me sabe mal decirlo, un poco turistas. Demasiado sociólogos siempre, no se si me explico.

De lo otro, pues sí, tengo un librejo en los estantes (publicado), otro en el cajón (por publicar) y un tercero a medias guardado y trabajado en Word. En eso estamos.

Muchísimas gracias por tus comentarios.

Camille said...

Y yo que no he leído nada de Donna Leon. Me enzarcé con Henning Mankell en su día y pensé que Donna Leon sería una secuela o una imitadora
Ahora, después de leerte, siento curiosidad y ganas de leerla.

Un poco turistas siempre, sí. Sé a lo que te refieres.
En la película Bajo el cielo protector iban de viajeros pero no dejaban de ser unos turistas perdidos e infantiles.
Es difícil la diferencia, creo que radica en la actitud y no en las maneras. En el pensamiento y no en los actos. En el ser y no en el estar. Difícil.

Desempolva esos escritos y dales vida. Estoy segura que seríamos muchos tus lectores

Saludos

manuel allue said...

Camille: te gustará Donna. Sabe escribir, tiene mala baba, le encanta meterse con los vecinos, esos que te espían, que te critican, que te fastidian, y te ofrece ¡muchos! platos para la cena. "Te los estás comiendo" con sus personajes. Te recomiendo, si me permites, que empieces por la primera, "Muerte en La Fenice", que es excepcional. Y si te gusta la ópera, más.

Aquí seguimos. Un abrazo.

starbase said...

Ahm... en una semana se me ha resuelto el tema de que leer este verano. Dos archiconocidos del mundo que son desconocidos para mí.

Paul Auster y Donna Leon.

Gracias Manuel :)

manuel allue said...

Y si le añades "Arthur & George" de Julian Barnes seguro que te lo pasas muy bien.

A ver.

Un saludo.

delantal said...

:DDDD
qué soso el malo¡

Camille said...

Si me gusta la ópera...más? Pues sí que me gusta.
Así que nos e hable más que empiezo por ése.

Gracias, manuel

Josep M. said...

Pues a mí la Leon no me entusiasma demasiado. Estuve en Venecia hace treinta y cinco años y no he vuelto. Vivían ya menos de 60.000 en la ciudad y al decir de visitantes posteriores es una "death city", parque temàtico para turistas que convierte en relativamente poco creible la ciudad que describe la Donna. Yo leo a veces policiales en donde la protagonista es una italo-norteamericana, una forense, la Dra. Scarpetta que trebaja en Richmond y s epasa las novelas inventándose platos italianos que no he visto jamás en los ristorantes. En las novelas de la Leon -que creo es también italo-americana-, subsiste demasiado un cierto tufillo de imagen de la "vecchia italia" del cine gringo de los cincuenta. Por eso le prefiero la visión mucho más cruda de Tenessee Williams en "La primavera romana de Mrs. Stone" (la peli no estaba nada mal), y Vivien Leigh, una tísica de buen ver aunque ya ajada se comía la función.

manuel allue said...

Demasiada información, querido Josep M., que siempre me viene bien, muy bien, pero que siempre me abruma. Claro, claro que la Leon hace trampa. Escribe sus novelas para los norteamericanos, en principio, y recorre los mitos cittadinos que esperamos encontrar: en Venecia, en Padua o en Bolonia. Pero consigue que Paola y Bruno sean creíbles a la luz de una moralina poco europea pero astuta, muy astuta.

Y las recetas, de verdad, son auténticas.

Camille said...

A Patricia Cornwell sí que la he leído mucho y a su dra.Scarpetta, aunque me sigo quedando con Wallander (que no con su hija), aún pendiente de leer a Donna Leon.
Qué os parecen el dúo Cabo Chamorro y el sargento Bevilacqua de Lorenzo Silva. Habéis leído algo? Yo, lo que he leído de ellos me ha gustado. Muy castizos ;)

Retomando el tema de Venecia sacado por Josep, a mi me pasó algo curioso. He estado dos veces en ella. La primera iba ansiosa de conocerla, desde pequeña la tenía totalmente idolatrada y soñaba con visitarla. Me decepcionó. Me sentí engañada. Era lo que tan bien ha descrito josep: un parque temático para turistas. Sólo vi su mugre, su olor a cloaca, sus calles sin salida, sus excesos de turistas, sus engaños.
La segunda vez fui de casualidad, pasaba por allí. No iba a Venecia, venía de otro sitio e iba a otro sitio. No esperaba nada. Me encantó. Descubrí la verdadera Venecia sin buscarlo. Después de perderme. Vi su magia, su esplendor, sus canales, sus puentes. Su belleza.

Me gustaría volver para sopesar, para saber cuál de las dos es la verdadera. O para descubrir una tercera Venecia.

Saludos

manuel allue said...

¡Qué difícil me lo poneis los mankellianos y los cornwellianos! La Leon es otra cosa ¡pero es muy muy gastronómica!.. Me gustan los que cocinan con ganas. Y la Paola de Donna Leon o el Biscuter de Vázquez Montalbán parece que sí (Mme. Maigret también cocinaba con ganas pero sin dar muchas pistas: Simenon parece que se conformaba con menos).