Monday, May 19, 2008

SENSACIONES



Hay sensaciones buenas y las hay malas. Las hay que pueden ser emociones (buenas y malas y también mediocres) y que también podrían ser impresiones o imágenes o percepciones. Y también buenas o malas o mediocres e incluso banales. Pero hay cosas que no tienen explicación y algunas de esas sensaciones lo serían.

No puedo entender ni puedo explicar ni mucho menos describir ninguno de los dos productos de la ilustración. Hay que probarlos. Una vez, una sola, como las hormigas rojas a la plancha (que a lo mejor les saben a langostinos) o los sesos de cordero con azúcar, que a mí me saben a gloria aunque hace años que no los como. Dos malos ejemplos.

Como he dicho, indescriptibles las patatas fritas “Lays Sensations”, ambas versiones, las de “Pollo al horno con limón y tomillo” y las de “Cebolla caramelizada con vinagre balsámico”. Con todos los ingredientes rotulados en mayúsculas y, suponemos, como un homenaje al glutamato monosódico. Una barbaridad, vamos.

Friday, May 09, 2008

DICCIONARIO


Muy útil y bastante divertido el que publica Alberto J. Miyara, el Diccionario Argentino-Español para españoles. Para saber distinguir (o quizás encontrar) los ajís, los alcauciles, las arvejas, el bife, el chinchulín, los duraznos o el pan de miga. Por orden alfabético.

Como casi siempre lo hemos encontrado en nuestro proveedor habitual, Libro de Notas.

Tuesday, May 06, 2008

LA CRUCIFIXIÓN SEGÚN BRUNETTI


El comisario Guido Brunetti, el personaje de los libros de Donna Leon y en la última entrega publicada hace poco, The Girl of His Dreams, ya traducida a los idiomas patrios (¿o debería escribir peninsulares?), realiza una investigación lenta, más lenta que de costumbre, y, además, come poco. Ni un solo tramezzino, leit motiv gastronómico absoluto de la Leon y del signor Brunetti, pocos cafés (ni ristretos ni corretos ni nada), ni una sola ombra, esa copa de vino tinto de media mañana, poca pasta, la justa, y demasiada conciencia social (es una broma). Seguimos siendo fans absolutos de la Leon y nos encanta pasearnos por Venecia en la canoa de la Polizia di Stato, sobre todo si la pilota Foa y en el asiento de al lado está el inspector Vianello.

Brunetti tiene dos casos entre manos, uno leve y el otro grave. Al ir en busca de información para el segundo de ellos se para en campo San Cassiano y decide entrar en la Scuola Grande di San Rocco para ver la Crucifixión de Tintoretto, que está en el albergo (¿en el segundo piso?). Cito porque vale la pena: “A Brunetti siempre le había llamado la atención la cara de aburrimiento que tenía ese Cristo, clavado simétricamente en la cruz (…) Cristo te daba la impresión de haber acabado por reconocer la verdad de las advertencias de que esa historia de hacerse hombre no podía acabar bien, y parecía deseoso de volver a sus quehaceres de Dios”. Fantástico.

El comisario es un hombre culto, bien comido y bien bebido. La Leon se las trae. Igual te cita exac-ta-men-te a Mozart (la letra que no la música) que te describe unos fussili con aceitunas negras y mozarella o unos ruote con melanzane y ricotta. Pero esta vez nos ha sabido a poco. El año pasado (Donna Leon publica un libro por año) la novelista parecía cansada. Este año se ha despertado con energía pero ha dejado a los personajes un poco a su aire. Los fans somos exigentes y no porque paguemos por ello, poco, bastante poco, sino porque ¡vivimos en Venecia y tenemos hambre!.

Monday, May 05, 2008

¡OCASIÓN!



En las páginas de anuncios por palabras de un diario gratuito de mi pueblo que he sido tan imprudente de tirar, figuraba no hace muchos días el siguiente reclamo:

“¡OCASIÓN! Se traspasa restaurante romano y medieval. Zona antigua. Precio a convenir. Con vistas.”

Estupefacto por la diacronía y por la asincronía del anuncio aunque más que nada por el atrevimiento de los anunciantes, llamé por teléfono, cosa que nunca había hecho antes, para saber, cotilla, dónde se encontraba exactamente. Cerca de mi casa, seguro. Pero con vistas a dónde: ¿a Roma o a Bizancio?, ¿a Pompeya o a Herculano?, ¿pasando por Tibunga o por Heidelberg?, ¿a la Roma imperial o republicana? y, en fin, ¿a la alta o a la baja Edad Media?.

Las vistas eran, ni más ni menos, a la plaza del Ayuntamiento, ni romana ni medieval ni siquiera ochocentista, y el restaurante, pues eso: romano porque debajo deben quedar restos de las caveas del circo y medieval porque los fregaderos están apoyados en una pared sudorosa que lleva doce capas de estuco encima desde el siglo XIV, a dos por siglo.

Lo que son las cosas.

Wednesday, April 30, 2008

SÁNDWICH MAI 68



Contentos andan los cronistas de derechas de que Daniel Cohn-Bendit haya dicho que “comparado con Nicolas Sarkozy, el auténtico conservador soy yo”.

Van a cumplirse cuarenta años de las revueltas del Barrio Latino de París, de esa “revolución esencial” a golpe de adoquín y de Marcuse, de los encierros en la Citroën y en la Sorbona, de la huelga general, de los textos inflamados de Sartre, de la observaciones cáusticas de Buñuel, de los anaqueles vacíos en los supermercados, la flûte (o la miche, le pistolet, la couronne, le bricheton) y el p’tit salé. O poco más o menos.

Danny el Rojo acaba de publicar su Forget 68 (L’Aube, París) en una clave nada nostálgica y a modo de una reflexión que nos parece un tanto simple: llegar a pensar que Sarkozy es la conclusión de estos cuarenta años nos puede incluso asustar. Porque esperamos que no sea ni la conclusión ni el resultado ni el resumen, pero sobre todo rezamos (un poco a Marcuse y otro poco a Luis Buñuel, por si acaso) para que ese mes y ese año hayan servido para un poco más. Es bastante cierto que las libertades se “empezaron a” conseguir en Mai 68 pero también lo es que no sólo se trató de eso y que la conclusión paisajística del gobierno Sarkozy hace que se nos atragante el bocata de p’tit salé como si lo hubiera preparado la viuda de Carrero Blanco, la señora Pichot, en uno de sus peores momentos. O Yvonne Vendroux, luego Yvonne de Gaulle (“la Tante Yvonne”), viuda también desde 1970. Dicho sea como ejemplo y sin ánimo de señalar.

En ese mes de mayo de 1968, puestos a rememorar, nosotros teníamos dos años escasos más que monsieur Sarkozy. Lo que no significa mucho sobre todo porque vivíamos a este lado de los Pirineos, una lado bastante poco amable en la época, Citroën era una marca, y poco más, y la Sorbona nos sonaba a seriedad. Y también poco más. En ese mes de mayo hicimos un viaje de fin de bachillerato, con quince años sin cumplir, a lo que entonces se llamaba “la Cornisa Cantábrica”. Desde Gijón hasta Donosti, más o menos. Los guías de la excursión fueron, a partes iguales, el profesor de Formación del Espíritu Nacional, al que esperamos que Dios le haya dado su merecido, y el de Educación Física, al que le deseamos más o menos lo mismo. Si es que se merecieron algo. En Santander, y coincidiendo con una fiesta que no logro recordar, asistimos, como plato fuerte del viaje, a un desfile de las Fuerzas Armadas un poco escaso pero sí recuerdo que enfervorizado. Delante de mí y de mis compañeros un señor que llevaba una camisa azul de Falange y un gorrillo cuartelero al bies, con una borla amarilla que se balanceaba, al que le faltaba un brazo (el izquierdo) y ornaba su pecho con diversas y floridas condecoraciones, cruces e insignias, se arrodilló de repente, al paso de la bandera nacional, e irguió su único brazo en un saludo a la romana mientras gritaba, con los ojos cerrados, un ¡Arriba España! estentóreo que nunca he logrado olvidar.

Más tarde, en un albergue de la Organización Juvenil Española, el brazo amansado e infantil de la Falange, comimos arroz con pollo, ternera en salsa y de postre, natillas. El mes de mayo de 1968 seguramente fue caluroso pero, a este lado, poco más. Muy poco más.

Tuesday, April 22, 2008

A TRAVÉS DE ÁFRICA


Los culpables son Cap i pota y Mar Calpena, citados por orden cronológico, el primero por levantar la liebre y la segunda por regalarme el link de ese álbum de cromos tan políticamente incorrecto pero tan estupendo.

La ilustración aparece en una página de ventas on line pero lo mejor es la descripción del lote, que no puedo resistirme a copiar:

“ÁLBUM CROMOS A TRAVÉS DE ÁFRICA. CHOCOLATE BATANGA Nº 1. COMPLETO.

Álbum completo, en buen estado. Con el sello de Comercial Batanga que acreditaba que se había completado el álbum y el propietario había recibido como obsequio "El caballero Batanga y la negrita Batanga", que eran dos muñequitos de goma. Firma del anterior propietario.”

Monday, April 21, 2008

GLOBALIZACIÓN, BANALIDAD, ECLECTICISMO


Hay que volver a leer a Freddy Castillo y su nunca bien ponderado blog. Duelos y quebrantos, sin el que parece que no podemos vivir. ¿No podemos o no podamos?

Pues porque podemos, y aunque podamos, porque sé que me deja y porque me ha gustado casi tanto como el chocolate con churros le copio la foto de Octavio Paz, preciosa, y la cita ¡de hace cuarenta años! que está tan viva como el chocolate hirviendo y tan sabrosa como un churro mojado al desgaire. Como sin darle importancia, vamos.

Hay que leerlo.

OTOÑAL


Hace un rato uno de mis interlocutores habituales me ha dicho en privado que mi blog se estaba volviendo otoñal. Al principio de la conversación yo estaba convencido de que había en todo esto (en todo aquello) un cierto cansancio (astenia) primaveral. Pero no. Resulta que mi primavera se ha convertido en otoño. Y yo sin darme cuenta.

Hace un poco más de tiempo, a lo mejor veinte años y en mi anterior oficio, tuve varias veces entre las manos sucesivos ejemplares de un grabado espléndido de Manolo Valdés que se refería a una botella de Picasso y llevaba, en collage, una etiqueta de rioja Otoñal, de las bodegas Olarra, que entonces seguía bastante de moda. Soy absolutamente incapaz de recordar el sabor del vino. Mi memoria gustativa es bastante limitada y la visual y la literaria, ya se ve, otoñal. Vendí el grabado, que editaba la galería Maegth de Barcelona, todas esas veces sucesivas. No he sido capaz de encontrarlo en la red. Tampoco ninguna de las botellas de aquel vino. Pero soy capaz de guardar en la memoria por lo menos aquella imagen, bella, suntuosa, y a lo mejor me sirve para conciliar el sueño. Que buena falta me hace.

Thursday, April 17, 2008

FE, ESPERANZA Y CARIDAD


Fe, poca, esperanza, según el día, y caridad, los viernes, como la abstinencia o el malhumor.

Una de esas Hermanas de la Caridad que rodean a los trémulos niños del Patronat Ribas, de Barcelona (uno de ellos se apellidaba Allué pero no tiene nada que ver), un orfanato que se reconvirtió en correccional y ahora es un instituto de educación secundaria, les zurraba bien la badana al Allué y al Fernández y al Massip, les castigaba sin merienda, les escatimaba el desayuno (leche, malta y bromuro) y los domingos les pellizcaba el pescuezo con saña, por debajo del cuello de la camisa blanca. Quizás porque era domingo o porque no tenía mejor cosa que hacer. Sor Caridad.

Sor Esperanza también se las traía. Espiaba cada mañana las sábanas de los niños y si encontraba una mancha, sin postre. Sin ese plátano negro o esas dos mandarinas llenas de pipos.

Fe era otra cosa. Fe era la cocinera, que no se llamaba Fe pero me viene bien. Fe no tenía nada que corregir (si acaso su acento de Úbeda) y se las apañaba para escamotear medio chusco de pan para el Massip, el Arola, el López o el Allué que, básicamente, pasaban hambre. El miedo habían dejado de tenerlo hacía mucho. Y el asco también el justo. La sopa de fideos, agua turbia, y el filete de hígado de cerdo, esa suela correosa recorrida por un hilillo de tomate, no habían aportado mucho. Odio a la sopa, terror al hígado. Tardes de primavera sin mandarinas, alguna otra con cuatro gotas de lluvia mansa sobre el sauce, al fondo del patio, que a lo mejor hacían soñar. En pantanos de sopa de fideos, almenas de hígado con tomate o paraísos de pan con chocolate y arroz con leche.

Al fondo no se oía ni el pitido de un tren, que te podía llevar a otra parte. Al fondo nunca había nada: ni pan, ni chocolate, ni azúcar ni mantequilla. El mar, además, estaba cerrado.

Saturday, April 12, 2008

GIN & TONIC CAPITÁN ARGÜELLO



Para seguir con el recetario de cócteles y combinados (long drinks) a los que somos tan aficionados nada mejor que dedicarle uno, laico y monocolor (nada de banderas, nada de religión) a don Carlos Barral Agesta, excelso poeta, y a uno de sus barcos que seguramente ya no debe de existir.

Hace algo más de un año también le dedicamos a ese barco, el Capitán Argüello, y a su moribundia en un fallido taller de restauración naval de mi puerto, unas palabras poco piadosas para los ediles horteras del pueblo de Barral y del mío y merecieron un muy sabroso comentario de un habitual de Calafell, el pueblo adoptivo de Barral, que también era un cántico a la depredación inmobiliaria y, además, a la memoria.

Ayer mismo el ínclito diario La Vanguardia le dedicaba a Barral, a Calafell, al llamado boom latinoamericano y al bar de los Barral-Hortet, L’Espineta, que todavía sobrevive, dos planas poco temperamentales pero bastante exactas. El periodista, Toni Orensanz, habló con varios pescadores supervivientes (en Calafell ya no se pesca y ya casi nada) y con dos de sus hijos, Yvonne y Marco, que mantienen abierto el bar ante la playa y que contaban las visitas y las estancias en la casa familiar de Gabriel Ferrater, Jaime Gil, Marsé, García Hortelano, la familia entera de García Márquez, los Vargas Llosa (una parte de La casa verde está escrita allí) o “el cura Aguirre”, luego duque de Alba. Los pescadores hablaban sobre todo de la boda de Yvonne y Carlos, en 1954, durante la cual convidaron “a beber” a todo el pueblo, lo emborracharon y durante dos días las barcas no pudieron salir a pescar.

El gin & tonic de Carlos Barral no sabemos de qué gin ni de qué tonic se componía. Le suponemos Giró, una ginebra catalana muy buena para combinar, o Gordon’s, que hace años estuvo de moda. Con una rodaja generosa y un chorrito escaso de limón verde. El Capitán Argüello, ya lo contamos, yacía todavía no hace mucho destrozándose por el sol y el salitre al borde del mar de Tarragona. Y nadie le hacía caso. Calafell es ahora un pueblo espantoso que guarda la memoria entre edificios de doscientos pisos que dejan en sombra a la playa, a toda la playa, poco después de comer, como en Lloret o en Palamós. En Calafell ya no se pescan sardinas ni jureles, el escabeche es de bichos pescados en Vietnam, la paella viene envasada al vacío y las copas son caras y malas. Me pongo de muy mal humor al pensar en todo esto. Así no pasa la gloria del mundo ni cristo que lo fundó.

Friday, April 11, 2008

JUEGAN AL MUS


No recuerdo bien si eran tres o los borrachos los que en el cementerio jugaban al mus. He intentado recordar bien el motete (“A mí me gusta / el pí, piripí, pí, pí / de la bota empinar…”) e incluso he pensado en llamar a mi colega Louis Finch pero creo que no es para tanto. En fin.

Hace un momento he vuelto de la inauguración de una exposición de fotografía más o menos japonesa (el fotógrafo se apellida Ordóñez y la exposición Ashimoto, así que) y he saludado a casi todo el mundo saludable e incluso a los insaludables, ésos con caras avinagradas y una chupa de cuero con este calor o la otra con un corte de pelo vintage pero con una sonrisa 1985 que aún no se le ha borrado.

Pero había otro, que ahora es famoso por sus vinos y que resulta que no saluda a nadie. No le he reconocido (los años no perdonan) y de un encantador vendedor de cerámica popular en los años en los que se le heló la sonrisa a la señora vintage, mediada la década de los ochenta, se ha convertido en una especie de ejecutivo panzón, con una chaqueta de tweed modelo odio-al-duque de-Windsor y una sonrisa, otra sonrisa, de estar en los primeros puestos de los rankings vinícolas internacionales (lo está) y aquí me las den todas.

Me han dicho que sí me ha reconocido (mi panza también ha aumentado pero yo llevaba una chaqueta de algodón, bastante apropiada) pero que ahora no saluda. Pues mira por dónde, yo tampoco bebo su vinos porque me parecen muy caros, carísimos, los rankings no me pertenecen y la sonrisa procuro irla manejando según la estación. Lo mismo que las chaquetas.

Tuesday, April 08, 2008

PAN CON CHOCOLATE


Hay dos costumbres a las que no suelo renunciar excepto en casos de fuerza mayor, viajes, traslados, constipados o decaimientos de ánimo. Suelo comprar Le Monde una vez por semana, sin día fijo, y también acostumbro a merendar pan con chocolate, por lo menos los jueves.

Esta mañana de un martes espléndidamente primaveral con frío madrugador, airecito picante (picantísimo) a la hora del Ángelus y calor a la hora de comer, a las españolísimas dos y media, se han fundido ambas costumbres, supongo que higiénicas o por lo menos no perniciosas.

Lo primero que leo del periódico, de cualquiera de ellos, es la portada, claro está, pero luego me abalanzo –es un decir- sobre las necrológicas, que en algún sitio llaman obituarios, cosa que queda más aparente y desde luego más fina pero que los franceses, dueños de la exactitud en el lenguaje, en los perfumes y sobre todo en los quesos, solucionan magníficamente con un “Disparitions” que me suele hacer –casi- soñar. Desaparecidos, pienso por la mañana, somos todos, de algo o de alguien, y puestos a desaparecer para siempre mejor que te dediquen un artículo en Le Monde que en ABC, dicho sea sin ánimo de ofender pero no con demasiado respeto por las “Necrológicas” a pelo del diario de Madrid que, además, no merecen una plana exenta y conviven innecesariamente con los epígrafes “Familia Real”, “Vida Social”, “Becas” y “Conferencias”, que ya son ganas de mezclar.

El espléndido artículo obituario de hoy en Le Monde, firmado por Thomas Sotinel, no es tal sino una magnífica biografía comentada del primero aviador durante la II Guerra Mundial, después actor titubeante en Nueva York, más tarde estrella de la mano de Cecil B. de Mille y William Wyler (Los diez mandamientos y Ben-Hur) y finalmente comparsa obligada y nueva y fatalmente titubeante en la espeluznante cinta de Michael Moore Bowling for Columbine en su papel de presidente de la Nacional Rifle Association.

Charlton Heston falleció hace tres días en Beverly Hills y no le voy a negar ni el pan ni la sal, no del todo. El pan con chocolate acompañó durante más de diez meses de mi infancia, una infancia no demasiado excitante pero bastante conmovedora, la confección minuciosa de mi álbum de cromos de Los diez mandamientos, la cola blanca Pelikan, las manos pegajosas y el entusiasmo por las nubes. La sal se la dejo a Yul Brynner y a Stephen Boyd, a los que intenté imitar casi hasta la adolescencia haciendo relinchar los invisibles caballos negros de mi cuadriga inventada desde la cocina hasta el recibidor, en unas locas carreras por un pasillo bastante ancho pero definitivamente corto.

Hoy no he merendado nada. Pero tampoco estoy de luto.

Thursday, April 03, 2008

CURRYWURST



Creo que es la primera vez que pongo la foto de un plato tal cual, y, desde luego, subida de Internet. No hace falta que les cuente la historia ni la realidad ni la mitología ni siquiera la esencia ni tan sólo la existencia de la salchicha alemana, de sus variedades Brühwurst (cocida) y Bratwurst (a la plancha), de las patatas fritas a lo mejor a mogollón ni del ketchup sangrante ni del curry sálvese quien pueda.

La cosa viene a que me he vuelto a acordar de Marlene Dietrich, de que su pasado berlinés fue más bien opaco después de 1939, ¡opaco!, ¡tremendo!, de que los alemanes suelen ser de mal recordar, aunque a mí eso me da bastante igual, de que a la musa supermusa parece ser que le gustaba la currywurst y de que, en fin, me acabo de encontrar con un disco (un vinilo, como dicen por ahí) que me trajeron de Berlín en 1973, que se titulaba Die neue Marlene y cuya novedad consistía, precisamente, en poner las cosas en su sitio.

Hay una cierta nostalgia, bastante enfermiza, en todo esto. Y hay, vuelvo a insistir, ganas de escribir. Aunque sólo sea esto.

Sunday, March 30, 2008

CÓCTEL DE GAMBAS


Hace unos días y en un canal autonómico de televisión hicimos una semblanza, escueta, de la crisis de la religiosidad popular de los finales 60’s y primeros 70’s a la luz del Concilio Vaticano II, con el que nos estamos poniendo un poco pesados, y de los últimos ministerios de Información y Turismo de Manuel Fraga. El Concilio se abalanzó contra las procesiones y las rogativas y don Manuel puso a la gente en la carretera rumbo a Torremolinos a mojarse los pies en un Mediterráneo todavía helado en el mes de marzo al son de una saeta retransmitida en directo y en blanco y negro desde la calle Cuna con la voz acaramelada de Jesús Álvarez.

En 1973 Víctor de la Serna publicó un artículo en la revista Gentleman, que entonces parecía tan moderna y tan atrevida, que tituló Gastronomía en la España del desarrollo y en el que arremetió contra los usos y costumbres de esa cocina internacional que tanto les gustaba a los súbditos de don Manuel en su virreinato turistil, hortera y desmayado. El artículo no es excelente pero nos recuerda una a una varias de las aberraciones al uso y al disfrute de los nuevos españoles vestidos de tergal: la vichyssoise empalagosa, la fondue bourguignonne de carnes bizarras, los tremendos surtidos de ahumados, el panaché de verduras y el cóctel de gambas.

Conservo en perfecto estado un juego de doce artefactos para ese cóctel que alborozaba sobre todo a los jovencitos, de cristal color ámbar la copa para el hielo picado y transparente el bowl que servía de túmulo funerario al lecho de lechuga, las gambas troceadas y bañadas con esa salsa rosa amarronada de mayonesa, ketchup y el imprescindible chorrito de whiskie. Los conservo como exvotos y no los uso.

Ayer estuve cenando en una especie de banquete en honor a una amiga en el retaurante de un flamantísimo y novísimo beach club no muy lejos de mi casa. El menú, seguramente carísimo, no estaba mal pero los camareros se empeñaron más en descifrarnos que en describirnos cada uno de los platos, en voz alta y sin prestarles los comensales demasiada atención, e incluso, cosa que no soporto, el orden de la ingestión: “primero el chupa-chup de queso, luego el canapé de tomate raf y después el chupito de crema de calabaza con arena de pimiento seco”. Váyase a la porra, señor mío, que la señora de al lado está mal del oído y además no le gusta que le interrumpan su conversación, extensa, minuciosa, sobre la fabada.

El peligro no está en el mimetismo sino en el no entender las cosas, en simplificarlas y después abigarrarlas. Que en una casa burguesa, la nuestra, se compraran en 1968 doce copas color ámbar para el cóctel de gambas, un aparejo francés para la fondue e incluso un ast eléctrico para los pollos era signo de modernidad postfranquista. Y no necesariamente malo. Pero como cualquiera de mis amigos me invite a cenar chupa-chups de remolacha, piruletas de salmón y gominolas de corzo con un jeringazo de reducción de Pedro Ximénez, en fin, me voy a enfadar.

Tuesday, March 25, 2008

GIN & TONIC VATICANO II



Ni Manolo Altolaguirre ni Jaime Gil de Biedma ni Pedro Garfias ni siquiera algún poeta en desuso que prefiero no nombrar. Ni sombra de cafetines de Alejandría ni de milicianos en el frente de Aragón ni de verde que te quiero verde ni de viento ni de rama. Frío a pelo, estremecedor, como de cantar gesta, épica castellana pura y a lo mejor leonesa.

Entre las manos, impúdicamente, un gin & tonic helado, transparente y amarillo como la bandera vaticana, mientras una Virgen bajo palio se mecía exactamente rumbo al final de su culto callejero. Callejeador. Calléjido. Vete a saber.

El frío no tiene patria pero a lo mejor tiene señas. Y el gin & tonic tiene de todo, hasta desvergüenza. Hacía mucho frío hace una semana mientras la Virgen nos iba perdonando, pecadores que masticábamos la rodaja de limón y nos seguíamos helando el estómago un poco con Bombay y otro poco con Schweppes. Una de cal, intensa y pura, y otra de arena, más pura aún pero un poco más festiva.

Escribir por escribir, que para eso estamos aquí, felices de haber pasado un frío histórico más en el corazón que en el estómago. O en ambas zonas.

Tuesday, March 18, 2008

NAZARENO Y ORO



Fotografía anónima.
Ibi, Alicante.
Circa 1960.