Tuesday, June 26, 2007

TRUMAN LE DICE A CECIL




En la primavera de 1975 Truman Capote publicó en la revista Esquire su relato La Côte Basque, que iba a formar parte de su libro Answered prayers. El título lo tomó del restaurante homónimo de la calle 55 Este que hasta bien entrados los años 80 fue el centro de reunión de la beautiful people neoyorquina de la época de la mano de su propietario, Henry Soulé, antiguo maître francés que anteriormente había regentado Le Pavillon, donde hizo famoso su timbal de marisco ligado con patata, condimentado con estragón, con mucho estragón y coronado de caviar.

Dos décadas antes, a principios del otoño de 1955, Ann y William Woodward habían acudido a una fiesta en Manhattan organizada por la duquesa de Windsor, la malvada Wallys. Cuentan las crónicas de la época que Bill, conocido millonario y hombre de empresa, había bebido bastante pero Ann, antigua campesina de Kansas y más tarde corista en Broadway, sólo había tomado Évian con hielo. Cosas de la época. Al volver a la mansión de Long Island y una vez en la cama, Ann oyó ruido en la habitación de su marido (dormian, evidentemente, separados), cogió el revolver de Bill, salió al pasillo, entreabrió la puerta y, tomando a su marido por un atracador disparó en la oscuridad ¡más de siete veces!.

El jurado del prolongado juicio exoneró a la atribulada Ann pero los amigos de Bill siempre la consideraron culpable. Veinte años después Truman Capote se volvió a ocupar del caso que tanto les había impresionado a todos y lo convirtió en un cuento corto para Esquire y en definitivamente culpable a la corista, enfrentándose, por citarlos con sus nombres y apellidos, a toda la aristocracia americana de los Paley, los Radziwill, los Kennedy o los Vanderbilt. Tras leerlo, en una fría noche de octubre, Ann Woodward se tomó un frasco de Seconal con sucesivos vasos de Évian. Helada.

Truman (Capote) le dice a Cecil (Beaton), en una carta desde Nueva York del 12 de noviembre de 1955, como único comentario, que el señor Soulé, vista la concurrencia, había decidido subir los precios.

N. La ilustración corresponde al logotipo del actual La Côte Basque, bordado en las servilletas, en el mismo número de la calle 55 Este (frente a la tienda de Manolo Blanick), ahora más turístico que otra cosa.

20 comments:

Camille said...

Genial! llenaría este blog de aplausos, si supiera cómo!.

Adoro a Truman (incluída su correspondencia ;) )
Ésa es una de las razones por las que no hay que beber agua en una fiesta, aunque sea évian, y más cuando se tiene un revólver en la habitación y un marido rico en la habitación continua...
o quizás sea ésa la razón permanecer sobria?

manuel allue said...

Yo creo que Ann hizo lo que debía. Pero no se lo perdonaron. Ni ella misma.

Camille said...

Bueno, después de siete disparos... lo difícil es que se perdone ella misma.

manuel allue said...

Tardó ¡20 años!.

Pedro (Glup). said...

Señor Allue, en esa misma costa vivo yo (y no me doy importancia).
Delicioso su post.
Me pregunto de donde demonios sacas esos susedidos(como se dice en la misma Côte Basque)
Saludos.

Mar Calpena said...

A Truman Capote nadie le iba a dar un premio por el manejo ético de la realidad cuando estaban las letras, sus letras, por en medio; bien conocida es su interesada amistad con uno de los asesinos de "A sangre fría"... Genial historia, que me hace aún menos partidaria de la pijo-agua francesa.

manuel allue said...

Lo cierto, Pedro (Señor Glup), es que todo está escrito por ahí. Ayer por la noche me costó dormir más de lo debido. Y la correspondencia de Truman me acompañó un buen rato, releyendo. Hay cosas mejores pero esta mañana amanecí en la calle 55 Este.

La verdad, Mar, es que lo del agua lo he supuesto. A lo mejor la señora Woodward bebía Perrier o San Pelegrino. También podía ser.

Camille said...

Hay un bolero que dice que 20 años no es nada..siete tiros tampoco?. Já!

Me ha hecho gracia Pedro (Glup) que no se da importancia ja ja ja

delantal said...

Tendrías que verme la cara cuando llego aquí, y cómo la lectura de tus artículos me va relajando, y al mismo tiempo me concentra, no sólo en lo que escribes sino en cómo lo haces.

Por cierto que tengo en PDF una novelita incompleta de Truman que me parece genial "Monstruos perfectos", basada en una cita de Santa Teresa, porque ese hombre cínico e inteligente era, además, un hombre cultísimo; puede que su cinismo viniera de ahí, o de su lado de caballero del sur.

starbase said...

En mi contabilidad literaria (anatema merecido tengo por juntar esas dos palabras, lo sé) tengo un DEBE así de gordo en la cuenta de Capote.

Y todas las degustaciones que me llegan son deliciosas, pero nunca acabo reservando mesa para un menú completo.

manuel allue said...

Camille, le pega mucho el bolero, incluso a los tiros.

Delantal, me alegro mucho de que puedas relajarte con lo que escribo. Truman tenía, sin embargo, un lado (una cara) excesivamente cotilla que me interesa menos. Que me divirtió mucho pero que ahora me da bastante igual.

Starbase, yo empezaría leyendo algún cuento de Capote. Te va a gustar.

Camille said...

starbase:
"Música para camaleones",(si está de acuerdo manuel), es un libro muy bonito y quizás el menos conocido de Truman.

Su lado cotilla era excesivo, estoy de acuerdo. Pero en aquella época en NY debía de costar horrores no serlo...además creo que tenía algo (mucho) que ver su personalidad (o la falta de la misma), pero eso ya son teorías mías..lo que sí es cierto es que para mí es uno de mis escritores delirio desde que cayó en mis manos de pequeña "A sangre fría".

manuel allue said...

Camille: ¡"A sangre fría" de pequeña!. Buen comienzo literario. A mí "Madame Bovary", por ejemplo, no me gustó nada a los diez años pero seguí insistiendo (digamos que lo he leído 11-12 veces). Y desde hace un tiempo vuelve a no gustarme nada.

Pues sí, Starbase, "Música para camaleones" sería un libro estupendo para empezar a leer a Capote.

Y lo del aspecto cotilla es algo que puede diverir a veces pero, en fin. Oscar Wilde lo fue, y tremendo, Valle Inclán y Bergamín, chismoso, Salvador Dalí. el peor, y cientos más. Y no todos tuvieron biografías apasionantes.

berrendita said...

Retomo los siete tiros. Como siete espadas. Como siete puñales. (Manolo, tú ya me entiendes).
Por lo demás, lo único truculento del caso en sí es el mal gusto de beber agua, por muy francesa que sea, después de cargarte al marido que duerme en una cama aparte. Después de descerrajar siete tiros sobre el pariento, qué menos que despacharse con unos grados de alcohol para brindar por tí misma!!.
p.d. A Capote lo adoro. Más si cabe con ese apellido... ;-)

manuel allue said...

Las coristas en esa época debían de tener una vida bastante dura, según se mire. Por eso creo yo que querían mantenerse sobrias en los momento más difíciles. Y hacían bien.

Camille said...

A mi lo de beber agua antes de pegar siete tiros no me parece mal, eh?. Todo lo contrario, porque si no se tiene mucha experiencia y puntería pues igual acaban siendo 25 tiros..de los cuales trece van a la lámpara, 5 al mueble bar, etc..
Lo que sí que creo conveniente es después de asesinar a un marido con siete tiros tomarse un "whisky sour" y tres gin-tonics (por ese orden) ;)

Pues lo leí con diez años o así, manuel. Luego lo volví a leer de mayor y no me impresionó tanto. También Los Miserables lo leí a esa edad. La biblioteca de la que era socia (de barrio) me pasó a los nueve años a la sección de adultos porque ya me había leído la sección infantil (ja ja), era un poco compulsiva leyendo. Melchor, el bibliotecario, un señor del que guardo muchísimos recuerdos me supervisaba para que no leyera "guarradas" ja ja pero ese recuerdo que lo encontré yo sola. Me apasionan las bibliotecas públicas desde entonces.

Lamento decir que todavía no he leído Madame Bovary (asignatura pendiente).

(siento la batallita)

manuel allue said...

Melchor, el bibliotecario, debería ser fantástico.

"Mi" bibliotecario de la adolescencia era una auténtica rata fascista que nos atormentó durante años. Falleció hace unos doce y escribí un artículo muy poco piadoso para el periódico en el que entonces colaboraba. No me lo publicaron, el director no me dijo ni palabra pero el alma de don Feliciano, que así se llamaba, seguramente sigue ardiendo en el infierno de los libros junto a muchos de esos escritores en los que habeis pensado tantas veces.

Camille said...

"Tu" bibliotecario se llamaba Feliciano? ay! y era una rata fascista?. Qué injusto!

Hans said...

Muy sugestiva entrada, por tantos y tantos motivos. Creo que voy a leerme el resto del blog para tener más criterio (aterrizo aquí desde 'Petite'), y entre tanto reflexionaré acerca de la idoneidad del estragón para aromatizar marisco y patata.
Tiene su gracia que estemos todos escribiendo como locos entradas acerca de Truman Capote. Para que digan que los media no presionan sobre la creatividad supuestamente independiente XD

manuel allue said...

Por aquí no somos demasiado aficinados al estragón, que no me parece ni bien ni mal. Yo soy muy mal cocinero y me basta y me sobra con sal marina, pimienta negra, albahaca, azafrán y, desde hace poco, cúrcuma. Lo que son las cosas.

No he visto la(s) película(s) sobre Capote (voy poco al cine) pero me lo he pasado muy bien leyendo la edición crítica de su correspondencia. Tan cotilla pero tan divertida. Aunque creo que hay que leerla a saltos.

Tienes razón. Todo el mundo hablando de Capote "de oído". Pues peor para ellos.