Wednesday, September 05, 2007

TRAMPA PARA TURISTAS



Fotografía de la antigua N-II a su paso por Arenys de Mar tomada a mediados de los años 60. A la derecha de la carretera, fuera ya de campo, funcionaba (es un decir) hasta por lo menos una década después uno de los peores chiringuitos de la costa cuya especialidad era una magra paella rojo y gualda (rojos los pimientos, abundantes, amarillo cadmio el arroz) acorde con los tiempos y, desde luego, con sus circunstancias.

*Fotografía cedida por Jordi Marsol Llorens. Dedicada, de corazón, a xallue.

14 comments:

Emiliohm said...

Pues muy malo no debe ser ese chiringuito cuando tiene tanta gente a su alrededor buscando aparcamiento. ;)

PUNTIYO said...

Cuanto juego dió, en su tiempo, el rojo y gualda.
Ahora también ya que unos cuantos señores con unas determinadas ideas se quieren apropiar de ellos.

manuel allue said...

Los franceses, sobre todo los franceses ávidos de paella y de sangría baratas colapsaban hasta las malas conciencias. Desde Port Bou al Cabo de Gata (y viceversa).

Puntiyo, aunque ahora se pongan menos pimientos en la paella (y la gente se crea que todos son "del piquillo") la guerra de colores me pone enfermo. ¡Hasta en los platos!

DESPERTAFERRO said...

Caro Munuel Julio: No estoy seguro del año en que se tomó la foto. Lo digo por lo cambiado del paisaje. Veo que ja se ha construido la estación de Renfe con diseño años sesenta, se ha desmontado media montaña para desviar la N-II y ganar espacio para construir mas vías y ensanchar la dichosa carretera. No se si esta obra coincidió con la de Caldas d´Estrac, con aquél puente sobre la vía del tren que tanto afeó el paisaje. Ya se sabe que en aquellos tiempos la estética no era una disciplina que se siguiera con rigor.
Creo recordar que el ministro de obras públicas era aquél tiempo un tal Silva Muñoz, hombre de sólidos principios y gruesos cristales en sus gafas.
Creo que en calella teníamos más suerte con los chiringuitos de la playa.La mayoría de los que había, habían nacido como peuqños establecimientos para atender a "la colonia de Barcelona", así denominaban a los vereneantes. Por poco dinero se les lavaba la toalla y el bañador, que tenian siempre listo en su correspondiente caseta, más tarde se empezó a preparar alguna comida con lo que se pescaba (los propietarios de aquellas instalaciones eran pescadores que redondeaban sus ingresos prestando esos servicios). Con el tiempo "els banys" se fueron consolidando como restaurantes de playa dónde se cocinaba muy bien. A los más antiguos: Baños Suñé y Baños Subirá, se les añadieron otros que nacieron al olor del negocio creciente que suponía el turismo. No hace falta decir que su calidad no tenía nada que ver con la solera de los que he señalado anteriormente.
La ley de Costas de Pepe Borrell junto a una interpretación nada pacífica de la mencionada ley, dió al traste con estos establecimientos, que fueron derribados sin contemplaciones un mediodía vispera de San Juan de principios de los noventa. En su lugar, instalaron unas carpas de diseño que se asemejan a naves espaciales que aterrizan en la playa de Calella a principios de verano y se van con los primeros síntomas de otoño.

manuel allue said...

¿Cómo no voy a acordarme del casposo ministro Silva Muñoz que creo que, efectivamente, tenía los hombros de su chaqueta nevados de caspa (y de otras cosas más inconfesables).

En toda la costa ha sucedido más o menos lo mismo. En una de las playas de mi adolescencia, l'Arrabassada, en Tarragona, había dos chiringuitos gloriosos e inmensos. Con una comida decente y un ambiente, ya te puedes suponer, familiar. Con unas ensaladas estupendas, ¡con mucho vinagre!

Mar Calpena said...

¡Ha despertado usted a la bestia, Sr. Allué! Después de leer su post, una avalancha de recuerdos gastronómico-estivo-sentimentales ha barrido mi sesera. Me auguro un inminente post entre melancólico y onanista sobre mis veranos empordaneses de infancia. Yo no probé jamás la paella del chiringuito de Tossa, pero conocí algunos horrores de calibre similar.

Mar Calpena said...

Donde puse Tossa, léase Arenys.

PUNTIYO said...

Buenas tardes, MANUEL:
Has recibido el PREMIO AL BLOG SOLIDARIO.
En mi blog puedes ver instrucciones complementarias.
Enhorabuena.

DESPERTAFERRO said...

Mar, bella dama: A mí tambien me ha sacudido la sesera (sección recuerdos) el post de Manuel Julio. He recordado la sensación que produjeron en mí los primeros bikinis (copa dura y braga sobaquera) de la playa de Calella y los despertares de múltiples sentidos que no sabía que existían y acontecieron en aquella época en que todo era en blanco y negro y además era pecado mortal.

Francel said...
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Francel said...

Yo sufrí, durante toda mi horrible adolescencia, la pasión playera de mis padres y los tremendos atascos de esa carretera todos los días de julio y agosto. En los primerísimos sesenta - un periodo horrible anterior al "contubernio" de Munich, la cosa consistía en embutirse cinco en un Austin 40 que debió hacer la campaña del Alamein (o quizás la de Abisinia) de color arena del desierto y avanzar penosamente de Monsolis a Masnou, de Premia a Arenys. La tortura de la ida, tenía el aliciente de las carreras entre los viejos travías métricos de la línea de Badalona y Mongat, que nos adelantaban siempre con un ruido ensordecedor, llenos hasta el registro de los bañistas pobres que se quedaban en los "balnearios" de Badalona y Montgat, luego, la cola eterna desfilaba ante la fábrica de lejía y salfumant de "Casamitjana Mensa" que nos llenaba la napia de hedor a hipoclorito sódico, y seguíamos de Montgat a Vilasar desfilando ante las mansiones deliciosamente coloniales de los "veraneantes ricos", frente la vía del trewn por la que ya circulaban las "suizas" reguladas por unos semáforos de brazo que mi tío abuelo contribuyó a instalar. Luego la playa de arena gorda, con algunos merenderos, que competían con la "taifa" que muchos se llevaban a la playa. Allí, a "hacer vista" en el amanecer de la hormona, a pesar de os bañadores de "lastex". Un día, creo que por Sant Pol asistí a la detención por la pareja de la benemérita de una francesita que había osado bajar a la playa con un bikini sobaquero. Luego, a eso de las dos, la cola morosa de la vuelta porque para no gastar se volvía a casa sin aire acondicionado en los coches que solo lo veíamos en las pelis de Doris Day... Y luego hay algunos, y no precisamente Manolo, que apuestan porel modelo "cuentame" Ese tiempo fue el horror en estado puro, nos robaron la infancia, la adolescencia, y casi la adultez...

manuel allue said...

Mar: los recuerdos estivales son seguramente "imborrables", como escriben los cursis en general. Tengo guardadas cientos de fotos de "Verano azul", de campamentos de la O.J.E., de piscinas públicas e incluso de la comida festiva de la cárcel Modelo el día de la Mercé, su patrona (¿de la cárcel, de los carceleros o de los presos?). Pero no quiero pasarme.

Puntiyo, gracias.

Despertaferro, el pecado mortal era lo que era, los biquinis y hasta "las francesas" en sí. Lo que me sigue gustando es el pecado venial. ¿Este whiskie y este cigarrillo son veniales? ¿Cuándo comienzan a ser mortales? Seguramente pronto pero más vale no pensarlo mucho.

Francel, lo de "Cuéntame", ya lo has dicho, es una estafa que no hace ni gracia. Ni pizca. Ese señor del bigote fumando Ducados en la cama me pone enfermo. Los veranos de los que vivíamos "al lado" del mar eran parecidos: ¡había que ir en coche a dos kilómetros! Pero lo peor es que había que volver a comer a casa, sudando, antes de las dos y media, la hora del "parte". El que no haya empezado a comer a la hora en punto su ensaladilla y sus filetes empanados amenizados con el himno nacional, que levante la mano (o el puño izquierdo).

manuel allue said...

Post-comment:
me pregunto el motivo de la dedicatoria... pero me temo que tenga que ver con una paella que hice el último fin de semana de agosto.
Como soy un osado amenacé (y cumplí mi amenaza) a mi familia con una paellón para 16.
Tengo en casa una paella (eso que en español llaman impropiamente "paellera") para 30 comensales. El negocio se reduce a un kilo y medio de arroz bomba del delta del Ebro, una docena de gambas, otra de cigalitas, una sepia grande, un puñado generoso de aros de calamar, 300 gramos de chirlas y una bolsa de 1k. de mejillones de roca. Tomates y una cabeza de ajos para el sofrito. El caldo de pescado con morralla y un aditamento que son las cabezas de las gambas sofritas con ajo y perejil y luego pasadas por el chino para darle un toque al caldo.
El fuego en el suelo y como no tengo ni viñas ni naranjos, se reduce a ramitas de pino.
Veinte minutos de observación sin menearlo y luego cinco de reposo bajo una cubierta con las páginas de anuncios por palabras de La Vanguardia del domingo anterior. La acusación rojigualda viene de las tiras de pimientos. Pero juro que eran cuatro tiras como la bandera de Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca. Además tenía un toque verde proporcionado por una cuantas vainas de judias peronas a las que sólo les corté las puntas... Y el amarillo no era de cadmio sinó de cúrcuma que me traje de Estambul el año pasado. En fin...

manuel allue said...

EL COMENTARIO ANTERIOR no es mío sino de Xallue, mi querido hermano (para qué esconderse), y está hecho desde un ordenador familiar donde yo había introducido mi password un poco antes. Y así abierto se había quedado.

Xallue: tu paella era estupenda y ni roja ni gualda. y la dedicatoria iba por el lado sentimental del verano, de las colas de los coches, de los biquinis de las francesas y de los chiringuitos. Por eso que, tú más mayor y seguramente más experto, en cierto modo compartimos.