Sunday, January 11, 2009

MARISOL, SALÓN DE BODAS Y BANQUETES


El día dos de septiembre de 1956 se celebró en el salón de bodas Marisol, junto a la estación media del Funicular de Montjuic, el banquete de celebración del enlace entre don Juan Amestoy y la gentil señorita Lolita Roig, ambos residentes en Barcelona. El menú consistió en un atrevido Combinado-aperitivo, seguido de unos abundantes Entremeses de fiambres surtidos. Como entrante, a elegir, un Arroz-paella valenciana o unos Canelones a la crema. Seguían unos Filetes de lenguado y calamares-salsa mahonesa y culminaba con un Pollo Reina del Prat-patatas doradas. Como colofón, la esplendida Copa helada “Marisol” seguida de la Tarta Nupcial, café y licores. El menú, claro está, no dice nada del adorno floral ni tan siquiera de la disposición de las mesas. Ni habla del vestido de la novia ni del tocado de la madrina ni del pantalón tipo paje de los primitos de Lolita, Marcos y Cesarín, que acabaron tirando la mesa de los licores con el consiguiente estruendo, el enfado del maître, la sonora bofetada del señor Amestoy al pobre Cesarín, que tú para que te tienes que meter, si son cosas de niños, pues entonces, a ver quién va a pagar todo esto, si es por eso, mi madre, ni tu madre ni nada, la señorita Lolita, ya señora de Amestoy, hecha un mar de lágrimas y con el vestido lleno de barro en los bajos y su prima Anita que ahora la abanicaba, que ahora lloraba y al final la señora viuda de Roig calmando los ánimos y esperándose lo peor.

Cesarín tuvo un empacho por culpa de la mayonesa y de la nata del pastel y le levantaron el castigo. Lolita de Amestoy, de soltera Roig, no volvió a comer calamares en su vida.

17 comments:

Mar Calpena said...

¡No somos dignos...! Me he reído a carcajadas.

manuel allue said...

Muchísimas gracias, Mar. Rápida como una centella y encantadora como siempre.

Nos vemos en el salón Marisol.

PUNTIYO said...

Que quieres que te diga , los entremeses siempre "los fritos": gambas gabardina, calamares y croquetas, pero el menu era todo un lujo para aquella época (quiero suponer).
Nos alegra verte pulular por la bloguesfera Manuel.
Cuando quieras nos tomamos algo en el salón Marisol, compañero.

manuel allue said...

Gracias, Puntiyo. Y a celebrar, que es lo que nos queda. Con croquetas, calamares y gambas. claro que sí.

pfgarea said...

claro que después de esto..., quíen iba a recordar el explendor de la copa Marisol?...

manuel allue said...

Problemas y más problemas, Pfgarea. La cosa no acabó ahí, estoy seguro, tía Adelita seguramente perdió los guantes, Ramón, uno de los camareros, se quemó la pechera con un colilla de farias y, al final, el señor Amestoy tuvo que pagar algo más de lo convenido sin rechistar. O a lo mejor no.

aparis said...

Yo me quedo con el "atrevido combinado-aperitivo", porque no puedo imaginármelo.

manuel allue said...

Te puedes imaginar lo peor: de bebida "Punt-e-Més (no sé si era así), Cynar y bitter Cinzano con sifón. Y para picar, bolitas de foie gras (de foie gras de mentira) y unos canapés de sobrasada y queso "de Holanda" cortado muy fino. Ambas cosas se pegaban, irremediablemente, al paladar.

starbase said...

Un buen cóctel de gambas con lechuga lacia y sobre todo unas gambas congeladas bien escarransidas.

Encuentro todo muy adecuado para esa bandada de pañuelos revoloteadores que siempre vuela en las bodas del salón Marisol. Tantos pañuelos como invitados, curiosamente.

manuel allue said...

Muy bien lo del cóctel de gambas, Starbase. La lechuga un poco amarillenta en los bordes y la salsa (mayonesa-ketchup.whiskie Dyc) tirando a ocre.

cuatro especias said...

En una cosa te doy la razón: casi siempre son iguales, parece que la imaginación se ha paralizado en esos grandes banquetes.
¿pero no estabamos avanzando y dejando atrás a toda Europa?
¿Volveremos a caer en las típicas gambas en gabardina?
Dios nos libre de semejante infamia.
Bien venido y no nos dejes abandonados tanto tiempo.
Un abrazo

Francel said...

Interesante menú en que todavía no había langostinos congelados, se mantenía el pollo, que por la época era aun un añorado gratapallers del Prat (cosa fina), lo del lenguado en esa época "feia ric" pero me temo que los calamares eran a la romana. Bien tengo que decir que los calamares a la romana de entonces, en los chiringuitos de la Plaza Real y el Paralelo nada tenían que ver con lo de ahora: rebozado "potente" amarillo fosforito y tamaño enorme. Y lo de la paella a mi me suena algo así como a secuelas de la "gana" que en 1956 tenía aun una memoria demasiado próxima. Lo que sigue en el relato creo que lo viví en todas las bodas y comuniones a las que se me condenó en aquellos condenados años.

manuel allue said...

Muchas gracias, Cuatro especias, muchas gracias, Francel.

Lo del pollo del Prat me lo creo a medias, pero puede ser. Los pollos buenos de 1956 eran buenos de verdad. Y me río sólo a medias porque cuando los banquetes empezaron a ser realmente terribles fue en los sesenta, cuando los Planes de Desarrollo y los calamitosos ministerios de Fraga dieron al traste de una vez por todas con la poca cordura que quedaba, incluso en las cocinas. Ahí es cuando empieza el cóctel de gambas con ketchup, Starbase, las paellas rojo y gualda y la fritanga general que aún no ha abandonado esta bendita costa. Lo que queda de ella, vamos.

En breve le haremos los honores al menú de una de las celebraciones del Festival de la Canción del Mediterráneo, de 1962, creo, y que se dio en el Hotel Miramar. No sé cuan breve será la espera porque hace tiempo que se empeña en seguir desaparecido. Próximo pero escondido. Ya saldrá.

Mar Calpena said...

Sé que está feo citarse a una misma, pero hace poquito subí el menú de bodas de Joan Gaspart a mi blog, típico también de una época y una condición social:
http://baixagastronomia.blogspot.com/2008/11/el-men-de-noces-de-joan-gaspart.html

manuel allue said...

Voy a verlo (¡madre mía, qué cotillas somos!).

delantal said...

Jajajjaja, qué bueno. Jajajjaja, no he parado de reír con los comentarios de los entremeses pegados al paladar.
Lástima con lo rico que están los calamares, el jodío Cesarín.
La mano tan larga que tenían los adultos entonces. Ojalá en eso hayamos cambiado más que en los trajes de novia.

manuel allue said...

Cesarines los sigue habiendo, digo yo, aunque ahora se llamen Ivanín o Aitorín, y a lo mejor entonces el novio ni se fija.