Sunday, July 16, 2006



PASADO MAÑANA

Martes, día dieciocho de julio, vamos a conmemorar (aunque no nos gusta esta palabra, en absoluto) el setenta aniversario del inicio de la Guerra Civil, sean ambas mayúsculas. Creo recordar que el dieciocho de julio de 1936 cayó en domingo, como hoy, y con un calor parecido: parecido en los cuerpos y, quiero suponer, que en las almas.

Una recomendación. Digamos que dos. La primera es leer, con pausa y, a lo mejor, con prisa, el fantástico y puntualísimo texto de Santos JULIÀ, "Bajo el imperio de la memoria", que viene a abrir el número, suponemos que extraordinario, que "Revista de Occidente" le dedica este verano a nuestra (hemos escrito "nuestra") Guerra Civil, insistiendo en las mayúsculas. Creemos firmemente que pasará a ser un texto imprescindible para hisitoriadores, sociólogos, antropólogos, curiosos y melifluos en general, entre los cuales, humildemente, nos incluimos.

Y la segunda recomendación sería reincidente. Más que meditar, recordar simplemente, rezar o, siquiera, invocar, tendríamos que volver a leer. A releer. A don Miguel de Unamuno, del que se recuerdan cuatro cosas, a don Francisco Ayala, que ese tenía algo más que decir, a don Ramón J. Sender, tan encerrado en sí mismo pero tan útil, a don Antonio Machado, que le pudieron, a Federico García Lorca, la obra de 1934-35, la mejor (y vean que le omito el "don"), y a casi todo exilio interior y exterior. A María Zambrano, casi toda, al pobre Azorín, que se quedó tan confundido, incluso a Ortega, que vete a saber. Y, pecando de piadosos (la piedad, tantas veces, es un pecado) a los arrepentidos, a Pedro Laín, al pobre, también, de Baroja, que se murió pronto, y a Marañón, que estoy seguro de que siempre se sintió culpable, y, sobre todo, a esa ristra de anónimos y tantas veces desorientados que firmaron sus papeles seguramente con convicción pero, sobre todo, con una inmensa pena y, por qué no, con sentimiento de culpa: hay monjes de Montserrat, curas de a pié, militantes del P.O.U.M., guardias de asalto, mineros de Asturias, empleadas de la Telefónica e hijos, sobre todo hijos, que se preguntaron cosas, a veces, demasiado evidentes y durante tantos años.

Vaya el calor por delante. Y este silencio en mi calle (dedicada a un abad de la orden del Císter) como recuerdo, cauto y temeroso a la vez, de toda esa literatura que de gastronómica tan sólo tiene la excusa.

4 comments:

nene said...

Quizá convendría releer, también, a Alejandro Finisterre (y acordarnos del juego del futbolín)o a Vigilio Botella Pastor, que quería vivir en el hermoso paseo de Rosales cuando acabó su largo exilio exterior, bastante suerte tuvo dirán alguos, y se conformó con Gijón, que a su esposa no le gustaba Madrid. Y a tantos otros: hay mucha variedad para escoger, como en las cocinas de las madres, las abuelas y aquellas ya desaparecidas d "tietes". N.

Manuel Allue said...

Que de eso se trata, querida Nené, de escoger incluso entre los cautelosos, los poco desesperados, los sorprendidos que, fíjate, ahora se empeñan en decir que pertenecen a la "tercera España". ¿No teníamos bastante con las otras dos?

xallue said...

Pues el 18 era sábado, si no me engaña Tagüeña y un calendario perpetuo de Internet. Por cierto, si me puse a leer a Tagüeña es porque tenía mucho calor y queria releer los capítulos de la guerra (la otra, la II, la mundial) que pasan en la estepa rusa. Refrescante.
Pero en un blog de comidillas (comidillas, comistrajos) el protagoniusma debería adscribirse a las lentejas (las pildoras del Dr. Negrín) y, sobre todo, al hambre.

Manuel Allue said...

En eso estamos y a eso volveremos. La cocina "del hambre español", de la que hay algo de bibliografía, digamos que más que obsesionarme me cautiva. Me lleva preocupando (es un decir) desde hace tiempo. Aunque nací en el año del Congreso Eucarístico, el último en el que se utilizaron las cartillas de racionamiento.

Vamos a no racionar ni la memoria íntima