Wednesday, August 16, 2006


AGOSTO AUX FINES HERBES (INSOMNIO)

Afrancesado, como la mostaza de don Álvaro Cunqueiro para el “boy” gallego, con un insomnio nada mediterráneo, un poco “Pas de Calais” (ha refrescado), y una especie de resaca sentimental por culpa de las preocupaciones, digamos que literarias, y de la lluvia el día de la Asunción, día hecho para comer y no para meditar, para beber albariño “de las cepas de Meaño” y comer por lo menos dos de los siete platos a los que estaba convidado don Álvaro tal día como ayer, fiesta de Nuestra Señora.

Agosto es, también, un mes para repasar, para revolver, para recordar y para estarse quieto. Tenía comprado un precioso libro de Cunqueiro que recoge artículos periodísticos publicados en la revista “Vida Gallega” entre 1954 y 1963, década algo incómoda pero pasajera, que empezó con bocadillos de queso color naranja y leche en polvo americana (yo nunca la probé) y continuó con ríos de mayonesa y mostazas a las múltiples hierbas que iban a desplazar a los escabeches y a los adobos por un tiempo. Don Álvaro escribía muy bien, y su afrancesamiento era excelso aunque un poco rebuscado, y lo mismo se muestra devoto de los pichones rebozados con bechamel y el pastelón de pollo que del rey don Carlos o del vino del Rhin. Pero hemos leído a Cunqueiro. Y luego hemos rebuscado, y encontramos: el precioso librito “A cociña galega”, editado por Galaxia, donde don Álvaro nos habla del arroz con leche, el primer arroz gallego (Galicia no es un país de arroces), de las salazones, de los garbanzos maragatos y de Montaigne, y de un caballero francés, sieur Jacques Mabille de Poncheville, que hacía el camino de Santiago a pié y, al entrar en Lugo, confundió a las “pulpeiras” de San Froilán, con sus cacharros y atizando el fuego, con las meigas de las que le habían hablado “e que estaban ni mais ni menos que en vísperas de aquelarre”.

Y aún más. Sin rebuscar ya demasiado hemos sacado el fantástico librito, releído cien veces, de Álvaro Cunqueiro y José María Castroviejo sobre la caza y la cocina gallegas, sobre patos y cercetas, torcaces y aves frías, sobre Shakespeare y Eça de Queiroz y de donde me quedo con una cita magnífica sobre la liebre “benedicta” y su receta: “Por su timidez y asombrada huída, la liebre ha sido considerada como alimento adecuado para las femeninas abadías”. No sé qué pensarán las monjas de Vallbona, aquí cerca, aunque seguramente ya no le ponen a nada higadillos sazonados con pimienta y granos de anís. Y se siguen quedando con el pollo asado para el día de la Asunción. Escueto, con patatas torneadas, eso sí.

Y todo esto porque ha llovido bastante el día de la Vírgen, porque han quemado una vez más a mi pobre Galicia por los cuatro costados, porque una pandilla de malvados se siguen empeñando en arrasar el mundo para enriquecerse y porque el insomnio es lo que tiene; ganas de escribir, de aventar antiguas debilidades y releer recetas de solomillo de ciervo con tuétano de sus patas o intentar memorizar los veintiún vinagres diferentes de los boticarios de Monterroso.

Don Álvaro falleció el día 28 de febrero del año de 1981, cinco días después del golpe militar que apadrinó uno de sus paisanos, el general Armada, al que luego, una vez indultado, le compramos patatas y pimientos en su pazo de Rivadulla. Los tiempos habían cambiado, aunque no mucho, y los cristianos viejos todavía se morían de vergüenza. De eso se han cumplido veinticinco años y, a estas horas y tal como están las cosas, no se nos ocurre cómo conmemorarlo.

2 comments:

Biscuter said...

Comparto tu gusto por Cunqueiro. Me encantó este post.

Txaber said...

Qué tal Manolo. Nada, solo comentar que leyendo lo de garbanzos maragatos he recordado el cocido maragato que nos zampamos sonia, nora and company en Castrillo de los Polvazares el lunes pasado (21 de agosto), pero es que con el frío de León entra todo.