Thursday, October 19, 2006

ON HEROES, II. LA HERMANA SALVADORA



Ayer, hace tan poco rato, sucumbimos de nuevo a las efemérides por culpa de uno de nuestros múltiples libreros preferidos, los de “Negra y Criminal” de Barcelona, que siempre nos recuerdan lo bueno, lo mejor y lo recordable, por ese estricto orden. Ayer, hasta hace unos minutos, nos recordaron que hacía tres años que había muerto Manuel Vázquez Montalbán, uno de nuestro santos patronos, y que no era hora de nada sino de volver a abrir uno de sus libros, que buena falta nos hace.

Y no lo hemos hecho al azar, claro que no. El segundo de los “HEROES” (in english) de nuestros envíos, para esas almas caritativas que aún nos leéis, es, ya se ve, don Manuel, aunque a nuestro segundo héroe seguramente no le hubiera hecho ninguna gracia (ni fu ni fa) aparecer detrás del poeta de ayer. Pero tenían una cierta relación de vecindad, y si no con el novelista, por lo menos con su personaje, Carvalho. Carvalho vivía en Vallvidrera, eso lo sabe todo el mundo, pero tenía su despacho un poco más aquí , a veinte minutos andando de la calle Platería, la última y fatal morada de Salvat-Papasseit. Hay que cruzar la Vía Laietana, subir hasta la plaça de Sant Jaume y llegar hasta las Ramblas por la calle Fernando, ¡y cómo nos gusta mezclar el castellano con el catalán en el nomenclátor! (y en tantas otras cosas).

En fin, que algo lejos de ese despacho, a la izquierda de las Ramblas, según se sube, la hermana Salvadora de “Historias de política ficción”, uno de los primeros “carvalhos”, sirvió al detective ni más ni menos que unas “crêpes de pie de cerdo con alioli”. La hermana Salvadora deshuesaba los pies de cerdo ya cocidos con mucho cuidado, para “que conserven la mayor parte de su entereza”, colocaba cada uno sobre una “crêpe”, lo cubría con una cucharada de alioli y la enrollaba. Aparte, la hermana Salvadora, y seguramente ya sin piedad, había hecho una especie de salsa española con harina tostada, el caldo de cocer los pies, un vasito de jerez y perejil picado, luego napaba las crêpes y las metía, muy colocaditas la una junto a la otra, en una bandeja, a gratinar durante unos minutos.

Nuestra ignorancia y nuestro atrevimiento nos hizo anotar, a lápiz, en 1989 y bajo la excelsa receta de la hermana Salvadora un “¿Es necesaria esa salsa final?”. Y luego: “¿Serviría un all i oli de codony”, como el del bacalao?”.

NOTAS:

1. Las fotografías se las hemos tomado prestadas a Joan Colom, fueron tomadas en el barrio del Raval, cerca del despacho de Carvalho, y se publicaron en el libro “Izas, rabizas y colipoterras” de Camilo José Cela (Ed. Lumen, Barcelona, 1964).

2. La receta de Carvalho está escrita un poco a lo loco pero, aún así, sale bien.

3. Lo del “all i oli de codony “ (alioli con membrillo), estupendo, rotundo y un punto saltarín, sirve exclusivamente para el bacalao a la manresana, o sea que no hace falta inventar.

4. Las conmemoraciones funerarias, como la de ayer, un poco marron glacé, no nos gustan especialmente, San Manuel Vázquez se merece mucho más, pero hoy sólo se nos ha ocurrido esto, no cenar y prepararnos un gin & tonic más que generoso para brindar por él.

3 comments:

xallue said...

Las imágenes y las mil palabras.
Me engancho en la primera foto, en la que aparece un personaje en segunda plano que corresponde a una pobre mujer que el malvado CJC identifica en el libro como una víctima de vejaciones por parte de un comerciante de Sabadell quien, por enana, la llamaba "liliputa" y a quien conocí cuando le hicieron una cesárea para traer al mundo un hijo, perfectamente normal por cierto, en el Clínico de Barcelona cuando yo estudiaba Medicina.
Los crepes de pies de cerdo no necesitan la salsa española, pero yo sí.

Manuel Allue said...

El comerciante no sé si era de Sabadell pero sí lo era de ultramarinos y riojano, según cuenta, e inventa, el Premio Nobel que, además, hace una impúdica y pavorosa comparación de las pobres carnes de Margot con el jamón para el cocido. No sé si eso hacía gracia en 1964 pero ahora no tiene ninguna. La pobre Margot, a la que desde luego no sabía que habías ayudado a parir (¡lo que son las cosas!), tuvo encima a otro energúmeno comerciante, el Nobel, para hacer chanza y chacina de su porte. Y se quedó tan fresco.

Manolo Vázquez, el Empecinado, fue hombre de mucho más respeto pero, sobre todo, mejor escritor.

edu comelles said...

sois unos freaks, los dos... mola
ya he visto a lyn!!
bravo.....ya le diré algo des de mi MYSPACE