Wednesday, November 22, 2006

PATATAS A LA IMPORTANCIA




Angelita no tenía muy buena letra. Hacía lo que podía, se esforzaba mucho pero no sé si es que le dolía la espalda o que vivía muerta de frío, encerrada en un enorme colegio de Espluga de Francolí, provincia de Tarragona, con los pies helados, las ideas alborotadas y el corazón prieto, siempre con ganas de volver a su casa de Almazán, provincia de Soria, para pasar un frío decente, menos húmedo, y comer yemas de las monjas y chuletas de cordero y bacalao con tomate.

Angelita le escribió a su amiga Desideria una carta larga y desordenada donde le contaba que iban a ir a jugar un partido de baloncesto con la Sección Femenina a Zaragoza, el día cuatro, y que estaba muy contenta pero muy apurada porque era ella, precisamente, la que se tenía que encargar de los billetes y de todo, de rellenar los impresos de Falange, ir a sellarlos a la Tesorería Provincial y llevarlos luego a la RENFE para poder comprar un billete colectivo.




El sobre estaba bien rotulado, eso sí, y había puesto dos sellos, uno de cuarenta céntimos de Franco, azul mahón, y otro de la Lucha Antituberculosa, de diez céntimos, con unos niños que parecían negros y que estaban como agachados en el desierto, recogiendo algo, y con la cruz de Lorena roja en un extremo. Angelita tenía muy buen cuidado y había repasado más de tres veces las señas, para no equivocarse.




Luego Angelita, algo más práctica, seguramente contagiada por las buenas costumbres de los monjes vecinos, los cistercienses de la abadía de Poblet, le contaba a Desideria que rezaba y trabajaba, que rezaba para aprobar los exámenes y para ganar el partido de baloncesto y que trabajaba todo lo que podía y que también se había apuntado a unas clases de cocina voluntarias, y le iba a copiar una receta, Desi, bonita, para que se la hagas a tu madre y no esté tan triste porque aunque tu padre no esté con vosotras en casa, Dios lo está cuidando donde quiera que se encuentre y él reza y trabaja por vosotras dos. (Luego se supo, algo más tarde, que al padre de Desideria, desaparecido en enero de 1939 de camino hacia la frontera de Francia, al parecer lo habían visto en Tánger, tenía un bazar con dos o tres empleados y vivía con una francesa rubia que, dicen, se llamaba Mireille).





“Pones a cocer unas cuantas patatas sin pelar con bastante sal. Cuando estén hechas las pelas, las machacas y las pasas por el tamiz antes de que se enfríen y sazonas el puré con mantequilla, una punta de sal, un poquito de pimienta blanca y nuez moscada. Aparte haces un puré de espinacas, hervidas con sal y sin los tronchos. Las escurres muy bien, las trituras y las sazonas como las patatas. Mientras tanto fríes 100 gramos de carne de cerdo y los picas en la máquina junto con 50 gramos de jamón. Con la grasa de freír rehogas una cebolla cortada finita y luego le añades el picadillo y lo dejas cocer todo unos cinco minutos.

Untas una bandeja con un poco de mantequilla y pones una capa fina de puré de patata, de un centímetro más o menos. Encima pones otra capa de espinacas del mismo grosor y sobre ésta el picadillo bien extendido. Acabas con otra capa de puré de patata, la pintas con huevo batido y la espolvoreas con queso rallado. Metes la bandeja al horno, a gratinar, y la dejas hasta que todo quede bien dorado. Ya verás como os vais a chupar los dedos.

Te quiere muchísimo, Angelita.”

3 comments:

Carmen said...

Pan y margarina con admiración

(para este plato hay que llegar a casa con hambre, pero no con gula, porque puede ser malsano)

Para elaborar este simple pero efectivo refrigerio, en absoluto admirable, necesitas dos rebanadas de pan de molde, margarina, sal y un hermano para tu madre.
Tomas una rebanada y untas sobre ella la margarina con ayuda de un cuchillo. El cuchillo, siempre que sea posible, no debe ser de sierra pues luego es más difícil de limpiar. Si es época de verano, procura concentrar la margarina en el centro del cuadrado, en caso contrario el calor fundirá la grasa y te mancharás los dedos al comer. Una vez untada la rebanada échale una pizca de sal para potenciar el sabor. A continuación, une por la parte untada una rebanada con otra.
Finalmente, mientras comes, piensa: ¡joder que bien escribe mi tío!, y yo haciendo bocadillos de margarina…


Un saludo, un beso, una disculpa (por el retraso) y muchas gracias.

nene said...

Me pregunto, querido, cómo andaban loas compras de mantequilla en L'Espluga en los años de la receta. Supongo que sólo existia la terrible mantequilla Arias, nada que ver con los almacenes homónimos de Madrid, también desaparecidos, ni con los derribos, claro está.

Manuel Allue said...

POL: me emociona tu receta teen-ager, teeny-bopper y con la grasa medida, tu admiración, tu disculpa y tus ganas de escribir (de escribir tan bien, ¡bloguero!).

Visito cada día a Petronio Arbiter para ver si ha resucitado (o si sigue agonizando con Vorsicht y Sinnlichkeit).

Besos.

NENÉ: poca mantequilla se usaba en L'Espluga en aquellos años. La traían de Soria (donde vivía Desideria) y llegaba rancia. Las feroces mandos de la S.F. servían el pan ya untado, más bien poco, y a las alumnas no les dejaban mojarlo en el tazón de achicoria con leche. Seguramente.

Petons.