Saturday, May 19, 2007

ENSALADA CÉSAR, SUSANA, LEOPOLDO



Leopoldo Nóvoa es un artista excepcional. Y aunque hace mucho tiempo que no lo veo lo sospecho, poco abrigado en París (en Nogent) o demasiado tapado en Armenteira, en Pontevedra, cerca de un monasterio benedictino, benedictino él, trabajando encerrado en su casa-escultura con sus manos entre Cuerpo Diplomático y canteiro de granito rosa.

Leopoldo, además de tener una casa como un monasterio y un oficio como de monje (y de soldado), tiene una mujer, Susana, que invita extraordinariamente a comer, hace la compra medio en francés y cocina con una mezcla, sabia, de un barrio –supongo que residencial- de Montevideo, donde nació, esa aldea de Pontevedra donde viven durante unos meses y la región de la Marne donde pasan los restantes. Y el resultado es siempre excepcional. Pero me detengo en su ensalada César, clásica en muchas mesas, sencilla y rotunda.

Se trata de una ensalada tibia a la que el aire monástico de la casa (y un buen albariño bien frío) no le viene nada mal. Susana lava la lechuga, la escurre bien, la corta en trozos no demasiado pequeños, la pone en un bol profundo, le añade unos trocitos de tocino entreverado bien fritos en un poco de aceite de oliva y la rocía con el aceite y la grasa de ese frito. Y luego, sin demasiada parsimonia –pero con unción, y sonriendo- le añade cuadrados de pan frito (costrones). Revuelve y sirve.

La ensalada Leopoldo –o Susana- es una ensalada de invierno, matizada por esa tibieza del aceite frito (¿por qué tibieza es femenino, y no tibiez?), acompasada por las gotas de lluvia, mansa, amansada seguramente por los monjes de Poio y confitada, a veces ferozmente, por la desmesura de la conversación, la promesa del canard tout simple (en su propia grasa), del trou normand con un aguardiente de ruda antes de los quesos, de los melindres de Silleda con el café y, por fin, de la visita parsimoniosa a los cuadros nuevos, esos lienzos petrificados, violentos. inmensos.

10 comments:

delantal said...

Me encantaría probar el canard y el true, la césar en vez de los quesos.
Dicen que las francesas son impitoyables haciendo la compra, lo que envidio profundamente.
También envidio esos amigos que tienes
:)

manuel allue said...

Hay franceses de muchos tipos pero tengo debilidad por los que lo son por adopción. Les encanta la cocina, el mercado y las maneras de hacer francesas pero le añaden su punto crítico y, además, no tienen prejuicios. "Esos" prejuicios. Se manejan bien con los quesos y con los aguardientes pero hasta se pueden reír del orden de los factores. Un francés de Burdeos, por ejemplo, nunca.

otolete said...

vive la vie!

manuel allue said...

Vivat!

Unknown said...

Que se venga a nuestro Monasterio que también es Benedictíno, aunque hace mucho que ya no hay monjes aquí,esa ensalada debe estar de vicio,Ah si pudes visita el monasterio de Sto Estevo de Luintra en Orense que también es Benedictíno, y algo maravilloso.
Saludos Manuel

Camille said...

También ternura es femenino...c'est la vie!

Invitar extraordinariamente a comer también es un arte. Los dos son artistas, pues.

manuel allue said...

Los benedictinos saben comer, y muy bien. Álvaro Cunqueiro contaba (y creo que ya lo he contado yo también) que el señor Abad del monasterio de Poio hizo una consulta a Roma sobre si se podía comer rodaballo los días de vigilia, de tan carnoso que le resultaba. Buena pregunta.

Y claro, ternura y tibieza riman, en asonante. Pero el aceite debería tener "tibiez" y la masa de las empanadillas "ternura", por ejemplo.

Gracias, Camille, gracias, Luis. Entre todos me estais obligando a seguir escribiendo sobre todo esto, aunque sean banalidades. Gracias de verdad.

delantal said...

una aclaración, por favor.
Un bordelais no se ríe, has elegido a uno de allí como si eligiéramos a un bretón, o un normando, ¿Burdeos especialmente o al azar? Si contesta usted que no es al azar razone su respesta (parece un examen antiguo)
:DDDDDD

manuel allue said...

Pues a contestar, que para eso estamos y bien que me divierte. Me ha salido Burdeos porque me parece la quintaesencia de la Francia provincial (que no provinciana) y culta que nunca se reiría de sus productos, aunque a lo mejor se reiría de sí misma (cautamente). Ni de sus productos ni de su forma de manejarlos. Son provincianas Béziers y Clermont-Ferrand, y no me atrevo a comparar con ciudades españolas. Pero Burdeos tiene un poso suficiente como para no hacer bromas, ¡ni una!, sobre la cocina, nunca sobre la mesa y mucho menos sobre los vinos.

Y he escrito "poso" por un símil fácil. Y recurrente. Los españoles hacemos demasiadas bromas pero soportamos muy mal las bromas ajenas. El post siguiente va sobre eso. Toda la vida haciendo bromitas sobre las paellas, sobre el lacón y sobre el bacalao al pil-pil y así nos va. Lo peor es que tampoco nosotros nos lo creemos demasiado, Banalizamos porque sí. Nos avergonzamos durante siglos del cocido, desde Cervantes hasta Joaquín de Entrambasaguas (¡menudo tipo!), la literatura española está llena de complejos de culpa con el arte y por el arte, con la gastronomía, con las tradiciones familiares. Los franceses, en cambio, han hecho de eso no sólo marcas sino historia de verdad, etnografía de verdad y, además, negocio de verdad. Seguramente porque hicieron una revolución burguesa. Y siguen dando la lata con el "cassoulet de Castelnaudary" que es menor que cualquier cocido español.

Y no sé muy bien si hemos llegado tarde.

¿Sirve como respuesta?

Gracias, siempre, y un saludo.

delantal said...

Claro que sirve como respuesta, pero entonces me surgen mil preguntas más, algunas en broma y otras en serio.