Monday, July 02, 2007

PARA ATRÁS



Me eché para atrás y sé bien por qué. Llevo semanas escribiendo sobre muertos. Sobre muertos vivos en sus obras pero muertos al fin y al cabo. Ayer, en la playa, con no demasiado sol pero con muchas ganas de verano, ataqué el ABCD del sábado con más ganas todavía. En la playa los suplementos culturales tienen otro aspecto. Para empezar los ojos miopes agradecen la luz, espléndida a principios de julio, y luego la soledad (a mi playa urbana, quizás la mejor, la odian mis vecinos desde hace años, y cómo me alegro) y también el “plein air”, desde luego: la brisa, la arena fina que se enreda en alguna página y las gotas de salitre, salpicando la pereza.

Ayer me quedé estupefacto con la crónica de Anna Caballé sobre los Diarios de Luis Felipe Vivanco. Confieso que conozco medianamente la obra del poeta pero desconocía casi del todo su biografía. Lo había incluido en el grupo de falangistas desengañados e incluso arrepentidos y había puesto punto final a su vida. Me divertían (menuda cosa, divertirse con eso) los tibios, los enrevesados, los feroces y los necios. Me gustaba quedarme, lo más lejos, en 1953, año en el que vine a nacer. Y me regodeaba en ese falangismo primero, en el “espíritu de Pamplona”, en la vela de armas de Eugenio d’Ors, en los rijosos relatos de Rafael García Serrano y en los gestos de Ruiz Jiménez, los renuncios de Laín Entralgo o los versos atragantados (atragantadores) de Luís Rosales. En la parafernalia, vamos.

En los cocidos de Lhardy, en el menú del Conde Ciano en su visita a Barcelona y en la ensaladilla nacional. También en eso.

Pero ayer escribí una nota para que ustedes leyeran la crónica de Anna Caballé y no me atreví a publicarla. Sobre todo los últimos párrafos, que no voy a copiar ahora. Luís Felipe Vivanco murió en la clínica de La Concepción aterrorizado y en el olvido unas horas, sólo unas horas después que Franco, ante su esposa y su hijo Juan, también esposado por la Policía Armada, encarcelado desde hacía unos días por pertenecer al FRAP: “No pudo haber flores en su entierro porque todas las floristerías trabajaban para la Plaza de Oriente”.

El próximo día 22 de agosto va a hacer cien años del nacimiento del poeta. Y lo vamos a celebrar porque estamos vivos para recordar sus versos.

16 comments:

Lucía said...

Una celebración necesaria.
Un abrazo.

Biscuter said...

¡Qué cosa! Uno de mis diarios predilectos es el hermoso y afligido de Vivanco. También me gustan mucho algunos poemas suyos, breves, que parecen anotaciones de su diario.

Gracias, Manuel, por llevarme nuevamente a una página del diario donde Vivanco, a la hora de la siesta, debajo de un nogal, leía el Zaratustra. Un pajarillo se posó en la rama que estaba encima de la cabeza del poeta y éste pensó que ese momento no debería llamarse "la hora más silenciosa", sino "la hora del pájaro". Pocas líneas más adelante expresa Vivanco que esa experiencia le ha quitado mucho cansancio y tristeza de encima y que ahora siente deseos de escribir con palabras que sean lo más suyas que se pueda y que posean "calidad de pájaro y sol maduro de la tarde". Una belleza.

La anotación es de 1946.

manuel allue said...

Muchas gracias, Lucía.

Preciosas palabras, Biscuter. Esa "calidad de pájaro y sol maduro" vale más que cien poemas.

Cristina Mascareñas said...
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Cristina Mascareñas said...

Me acabo de encontrar con tu blogg rico no solo en cocina, sino tambien en rico en historia.
FELICIDADES! Cristina

Pedro (Glup). said...

De pronto, trabajando, comiendo, paseando, me encuentro la mirada del perro.
Me interrumpe como dos hojas de árbol dentro de una herida,
como llanto infantil de alma que nunca ha sido pisada todavía
o esa vieja mujer que friega, en cambio, el suelo, de rodillas.
De no saber qué hacer resignada, y huidiza,
y suplicante -de no saber que permanece en su orilla-,
me deja interrumpido como pequeña iglesia románica en un pueblo
o esa peña y sus grietas a un lado del atajo, mientras sigo subiendo.
(Me deja entre mis libros de elemental e ingreso,
naturalmente, estudiosamente unido a Dios en el tiempo
de la imaginación que aún mezcla sus leyendas de Bécquer con insectos).
O me atraviesa con su temor de criatura confiada y su exceso
de alegría por mí (que soy un poco duro y no me la merezco).
La mirada del perro.


(Lo siento, no he podido resistirme)

queretaromex said...

hola me encantan tus videos
felicidades

manuel allue said...

Gracias, Cristina, por tu felicitación y también gracias a Queretaromex, aunque yo no publico vídeos. Estoy en la prehistoria de la ecritura, tal cual. Y a veces sin ni siquiera historia detrás. Cosas que pasan.

Pedro (Señor Glup): me gusta mucho que no puedas resistirte. Vivanco, ahí, estaba fantástico. Ese "de pronto, trabajando, comiendo, paseando" es esencial. O eso creo. Todo el poema es espléndido. Gracias por recordar(me)lo.

Mil Orillas said...

Fantástico post!
Necesito leer ese diario ya!
Gracias Manuel por acercarme a Vivanco!

Mil Orillas said...

ohhhh

Olvidé decirte...la foto me arrebata!

Mar Calpena said...

Gracias, me ha encantado poder descubrir a un poeta que no conocía. Bello y triste también el texto de Anna Caballé, una señora que es tan encantadora como lúcida.

manuel allue said...

Gracias a tí, Mil Orillas. La foto es anónima (de verdad) pero los versos de Vivanco son estremecedores. Precisamente.

Mar: el texto de Anna Caballé se sale de las crónicas al uso y no sé por qué. O a lo mejor sí. Por esa lucidez que me cuentas y por amor al pasado y a la poesía, que supongo que son dos buenos amores.

Camille said...

"las gotas de salitre, salpicando la pereza"

Qué bonito, manuel.

Soledad en una playa..qué afortunado eres, disfrútala antes de que se vuelva a poner de moda, lo que ahora odian tus vecinos luego lo desearán..

(yo no conozco a Vivanco, lo digo bajito)

Besos

manuel allue said...

Mis vecinos son encantadores pero algo influenciables. Mala será la playa cuando se puede llegar a pié (piensan). Y cogen sus coches o el autobús.

Vivanco celebraba su soledad de una forma magnífica.

Hans said...

La hostia! He encontrado un blog donde se habla, todo-junto-y-seguido de Eugenio d’Ors y de Rafael García Serrano (y de Ruiz Jiménez, Laín Entralgo y de Luís Rosales. Y todo eso sin mencionar a Dionisio Ridruejo, lo cual tiene mucho más mérito).
En fin, así las cosas, les brindaré a Vdes. la memoria de 'La bien plantada' del primero de aquéllos, que es cosa MUY grande y conveniente.

manuel allue said...

Pues no es que me haya olvidado de Ridruejo, ni mucho menos, pero la retahíla ya era algo más que importante.

De Eugenio d'Ors me gusta casi todo menos su final. Hay, salvadas sean las distancias, un ocaso casi patético en muchos escritores españoles que se quedaron confusos, perplejos, indecisos y la mayor parte de las veces equivocados ante (y durante y después) de la Guerra Civil. Mi primer profesor de literatura, en el bachillerato, era de Zaragoza. En 1966-1967 nos hablaba a los niños de Cortázar y no de Galdós. Creo que eso tuvo algo que ver. Luego me he ido enamorando de las poses de los postguerriles. Y por eso escribo sobre ellos, agotados, desenamorados, confusos (creo que digo bien).