Monday, February 04, 2008

CON SANGRE ENTRA



Que no sólo la letra ni tan sólo las morcillas, ni la lamprea ni las filloas ni la visión sanglant de la vida, del entrecot o del bistec solitario.

Esta mañana Max Vergara Poeti nos ha sorprendido en su columna mensual Ánfora de Letras que aparece en Libro de Notas, nuestro proveedor habitual, con una crónica titulada 8 platos contra el viajero donde relata o cuenta o describe ocho encuentros, ilustrados, con cocinas exóticas, tremendamente animales y difícilmente humanas, desde una cabeza de oveja asada y sonriente y un huevo de gallina con el embrión casi desarrollado hasta el casu marzu sardo, pasando por el sanguinaccio de algunas regiones italianas y tan parecido a nuestras exquisiteces, que lo son, sanguinolentas, restos líquidos de la matanza consolidados con cebolla y piñones.

Curiosa la crónica y sabrosos los comentarios, que no paran. Pasado mañana tendremos el bacalao a punto, nuestra selección musical cuaresmal en su sitio y la mirada fija o en un monasterio benedictino (los monasterios donde mejor se come del mundo, occidental) o en las manos de alguna prodigiosa amiga ictiófaga y gramaticalmente correcta. Impacientes.

10 comments:

DESPERTAFERRO said...

Manolo: En los conventos se come bien, sin embargo, son obligadas todas las abstinencias carnales.
Mucha paz, mucha tranquilidad, mucha tontería y rezos a todas horas. No pienso ir (voluntariamente) a ningún convento, a no ser que sea imprescindiblemente necesario por exigencias del guión.
Visca la botifarra negra!!!

manuel allue said...

No te voy a contar visitas (bastante confesables, por otro lado) a cenobios, bella palabra, bastante próximos o un poco lejanos. Visitas y estancias más o menos prolongadas. Pero, amigo mío, lo que no puedo callarme es que los mejores callos con garbanzos de mi vida los comí, y repetí porque repitió el Abad, como es costumbre, en un monasterio que queda más o menos a media distancia entre tu casa y la mía.

Otra orden religiosa bastante más austera (y femenina) me obsequió, a solas y hace años, en una sala sin restaurar y con un mantel de hilo de color café con leche y tieso como la mojama, limpísimo, las únicas acelgas con patata, hervidas, tras las que glorifiqué al señor de las acelgas y al príncipe de las patatas: el segundo viernes de una Cuaresma lejana. Plato único y, de postre, un plátano.

Sigo odiando todas las acelgas menos ésas, y doy las gracias a San Benedicto (ya te he dado una pista) y a sus discípulos por saber escoger tan buenos cocineros y tan sabios menús.

aparis said...

Es lo que tiene el celibato, quienes escogen esta opción sexual, moldean su personalidad de una forma muy específica que se resalta en la voz, gestos, etc. y adaptan su placer en darse satisfacción mediante otros terminales.

No niego que se coma bien en algunos conventos, pero en otros tiempos y en otras instituciones religiosas se comía lo justo. Estaría bien hacer un repaso de ciertas recetas : Tortilla a la francesa con harina, habas con sus fundas, sopas aguadas y otras trampas para estirar lo poco de sustancia que se daba, todo ello, por supuesto, aderezado con dioses, reyes, milagros, infiernos y olor a cera.

manuel allue said...

Claro, Aparis, claro. Yo también he probado, aunque sólo probar, no como tú, las delicias de la cocina colegial, católico-nacional, postguerrera y postaustera. Pero he recordado, a las puertas mismas de la Cuaresma, esos "callos con garbanzos a la moda de Dom Cassià Maria Just" porque se trataba de un tres estrellas de la cocina conventual. ¿Y una crème brulée el día de la Exaltación de la Cruz? ¿Y un rodaballo al horno la víspera? Tres estrellas, vamos.

Francel said...

En una ocasión ya lejana, hará un cuarto de siglo, gocé, en el sentido literal del término de la hospitalidad de la Abadía de Montserrat. En el magnífico comedor cenobial, escuchándo unos días a un benedictino fraile leyendo en alta voz las efemérides de la Batalla de Stalingrado, defilaban tres platos y postre, de calidad acreditada, de excelente comida "de l'avia", regada por caldos discretos y que la comunidad tenía a bien comer. Algún día, cumpleaños de algun monje, la charla estaba permitida, y se convertía en tan ruidosa como en el más conspicuo restoran de calçotades.
Como escribo desde Camprodón, vengo de comprar dos "bulls" (alias bisbe). Uno blanco, pero el otro, uno de sangre en forma de bola que solo de verlo me relamía. También tenían unos espléndidos "llardons" secos y crujientes. Todo para "l'enterro de la sardina"

manuel allue said...

Pues buen entierro de la sardina que mañana, Miércoles de Ceniza, comienzan los días magros cuando, lo cuento una vez más, los monjes mercedarios del monasterio de Poio, en Pontevedra, se preguntaban si estaría permitido comer rodaballo, de tan carnoso como lo encontraban, y así hicieron llegar su cuestión a la Santa Sede. Todo ello según don Álvaro Cunqueiro, que de eso sabía mucho: casi tanto de monjes como de peces.

Francel said...
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Francel said...

La verdad es que una buena "arengada" (aka "guardia civil") frita - previamente desalada- , luego cuidadosamente desmenuzada, retirada la espina, bien untado el "llonguet" (de los de antes) con el aceite de oliva de freir y zampado en viernes de cuaresma creo que me sabría mejor que el rodaballo del fraile. Si se sustituye al "guardia civil" por las "sardines de la costa" saladas (aka "mossos d'esquadra") , entonces el refinamiento es sublime.. pero en mabos casos el peligro acecha. [Da lugar a doble dosis de omeprazol y a media docena de almagatos masticables, pero no mata como el tabaco]

berrendita said...

Pues a mí lo del proyecto de pollo a medias de hacer en el huevo.... como que no.

Si una cosa no ha logrado Cái en más de siete años es hacerme ceder a los encantos del pescado por los de la carne. Soy de solomillo (como buena musera), presa paleta (como buena cateta) y secreto (como buena mujer). Y que viva la carne, aún siendo Cuaresma. Supongo que será el más venial de cuantos pecados acumule a las espaldas.

UN beso.

manuel allue said...

No son pecado lo que se puede masticar sino todo lo contrario, Berrendita y Francel. Hace veinte minutos que ha empezado la Cuaresma pero ni he puesto los peroles a orear, como se solía hacer, ni aún me he arrepentido de nada. De momento. Y mucho menos de lo que llevo comido hasta ahora, de lo profano y hasta de lo sagrado, todo lo cual es una forma de hablar. Profana.