Monday, March 10, 2008

OSTRAS, PURÉ SAINT GERMAIN Y PECHUGAS VILLEROY



Solía pasar las noches electorales casi en la calle o por lo menos con un pie fuera de casa. Una vez, en los ochenta, en la sede de un partido con un vaso de plástico con cava calentorro y una pantalla de televisión y seguramente ganas de pasármelo bien. Y luego en un hotel local, provinciano y ostentoso, bajo un óleo de uno de los accionistas firmado por Revello de Toro y con el cava ya en copa de cristal y algo más frío. Y a partir de entonces con un buen amigo y a lo mejor una pizza de atún y cebolla y varias cervezas bien frías y bien decentes.

Pero ahora no. Ahora me suelo sumergir, a solas, en una especie de catarsis algo culpabilizadora y culpabilizante, suelo hacerme una tortilla bastante grande para luego cortarla en tacos y espero con impaciencia y a veces de pie. Más que nada para recordar.

Anoche repetí el protocolo, que no es tal, y me bebí hasta una botella entera de perrier porque la tortilla me estaba dando sed y no estaba para sofocos. Esperé hasta el discurso de Zapatero, tonteé un poco en el ordenador y me acosté para intentar reconciliarme conmigo mismo, un poco con el pasado y algo más con el futuro.

Deseché dos de mis manuales de cabecera por un pudor quizás un poco trasnochado: los Ejercicios de San Ignacio y Del socialismo utópico al socialismo científico de Engels, textos ambos que si bien no suelen tener un claro efecto terapéutico me ayudan frecuentemente a conciliar alguna cosa nocturna y normalmente irreconciliable. Acudí entonces al primer tramo del pasillo, sección Rarezas, y deseché por lo menos dos, tampoco demasiado balsámicas. Y me encontré (¡sabía que estaba allí!) con Mis almuerzos con gente importante de José María Pemán, en el que me sumergí sin prejuicios, que no los uso casi para nada y menos con tamañas evidencias.

Para quien no lo conozca el libro de Pemán, publicado por Dopesa, la entonces atrevidísima editorial, en 1970, corresponde a ese memorialismo tremendo de postguerra, hijo de alguna forma de los libros de César González Ruano y de otros columnistas afamados, y que en el caso de Pemán, monárquico donjuanista, mediocre poeta y dramaturgo inclasificable, se adornaban con un gracejo que no tenía, un andalucismo que frisaba lo folclórico y definitivamente un franquismo acomodaticio que disimulaba con un fervor monárquico que lo tenía, desde luego, y del que hacía gala pero que no hacía más que añadirle hierro a su prosa en vez de las pretendidas liras: espadas como espadas, nada de labios, y rosas, ni las del azafrán.

Pero me dejé llevar ¡hasta la página 98! y me detuve y aún lo estoy en el almuerzo del poeta con Gabriel Maura en el grill del Palace, recién salidos de una sesión de la Asamblea Nacional, las paródicas cortes del dictador Primo de Rivera, almuerzo al que estaba invitado Cambó pero al que no acudió “por motivos de fuerza mayor”. El menú lo encargó el duque de Maura, “como un experto”, y viene a ser todo un listado de elegancia de entreguerras con una herencia belle époque pero a la madrileña. Las ostras de Arcade, supongo, los guisantes de Aranjuez, seguramente, pero nada de pulardas ni de faisanes ni siquiera de becadas.

El café lo tomaron en el hall y la conversación versó sobre Juan Valera y su Pepita Jiménez, ni más ni menos. Con ese menú, tamaña literatura y semejante entorno me fui adormeciendo y acabé soñando con Pemán y Eugenio d’Ors vestidos de caballeros del Santo Sepulcro en la batalla de Clavijo, el duque de Maura en una caseta de tiro de feria apuntándole a Manuel Altolaguirre y un maître del Palace persiguiendo a un pavipollo por los pasillos de las Cortes. Esta noche leeré a Santa Teresa o a lo mejor a Fray Luis. Valores seguros.

15 comments:

aparis said...

¿Y lo que aprendo y disfruto de tus insomnios?.

De todas maneras casi siempre te creo : lo que lees, lo que dices y lo que ves. Lo que soñaste me parece inventado y no por ello menos sugerente.

Me gustaría saber qué sueños te ha evocado Santa Teresa o Fray Luis.

manuel allue said...

Al final sucumbí a otros dos almuerzos de los de Pemán: uno con José Antonio Primo de Rivera y otro con el cardenal Segura y Millán Astray. Hay cosas que, aunque ya las haya leído y me las sepa, no puedo evitar. Lo pero es que no he soñado nada (me costó, me costó dormirme).

Antonio Gámez said...

Yo te recomiendo San Juan de la Cruz, para que te quedes no sabiendo toda ciencia trascendendiendo. ¿Es la política una ciencia?

Saludos trascendidos e inundados de fervor místico

cuatro especias said...

Manuel, si que te encuentro algo místico, pero para eso están los gustos y precisamente, es uno de los encantos de las personas: todas somos distintas.
Aunque, yo cuando tengo insomnio, suelo leer algo mas ¿ligero?
Tal vez, te haga caso y pruebe a ver que ocurre leyendo algo así.
Ahora por las noches, entre malos sueños, leo el Diccionario Botánico de Francoise -Luc Gauthier y Andoni Luis Aduriz. Es muy interesante y merece la pena leerlo.
Trae desde hierbas a aromáticos, esencias...todo lo que se puede utilizar en cocina, para mejorar un plato-

manuel allue said...

Queridos amigos, gracias por vuestras recomendaciones. Engels y San Ignacio digamos que vigilan mi sueño y demasiadas veces mi duemevela. Lo demás, literatura para llenar esta pantalla, cosa que tampoco está tan mal.

cuatro especias said...

Nada, nada Manuel, gracias a ti por dedicarnos esos ratos e informarnos de tantas cosas.

Mar Calpena said...

Políticamente, me declaro en pie, famélica legión, particularmente cuando se acercan las dos de la tarde y el estómago ruge al ritmo de "la internacional" , el himno de Riego y lo de "doce cascabeles tiene mi caballo", amenazando revolución. Por cierto, se te echó mucho de menos en la cena...

manuel allue said...

Gracias, Cuatro Especias, gracias, Mar.

Buen rugir el de tu estómago, Mar Calpena. Si le añades "Los cuatro generales" con la música de los 4 muleros tienes el panorama casi completo.

cuatro especias said...

Estimada Mar:
Te veo muy lanzada "musicalmente" con la gastronomía, yo por lo que te he leído, te imagino al frente de "Los 4 mosqueteros".
Ánimo y a Rugir siempre, de eso al fin y al cabo es de lo que hablamos.
Un saludo.

Antonio Gámez said...

Pues, parecen claves de alguna cofradía secreta de la que no quieren que nos enteremos los otros lectores, haré como el soberbio y mentiré para que crean que sé de qué están hablando.

Saludos sabiondos

Mar Calpena said...

Yo sólo respondo de los tres citados: la internacional porque siempre me ha hecho gracia por sus referencias al pan y al hambre (y por tanto, me viene a la cabeza casi a la hora de comer). Lo del himno de Riego, por ser el que tuvo un país que no pudo ser. Y lo de Joselito es un detalle friki mío, sin más.

manuel allue said...

¡Ojalá formáramos parte de una cofradía gastronómico-musical!: la música de nuestra vida tiene sabores secretos, privados, y sabores colectivos y la cocina supongo que también. De eso es de lo que intento hablar desde hace un tiempo, aunque no sé si con éxito. Buenas son las citas y desde luego que siempre bienvenidas.

DESPERTAFERRO said...

Manolo: me declaro leal e incondicional de esa bella dama que responde al nombre de Mar Calpena. Este país, necesita mujeres como ella.
En cuanto a lo tuyo, que no es un tema menor, te recomiendo el jarabe de pasiflora. Te ayudará a conciliar el sueño y no caerás en esos sueños tormentosos poblados por falangistas, militarotes y derechistas casposos en general.
Siempre tuyo mon camarade.

manuel allue said...

Mon camarade aussi: mis sueños se van aligerando conforme pasan los días, no sin cierto esfuerzo por mi parte pero con un algo de esperanza. Ya veremos en qué acaban.

cuatro especias said...

Mar:
Yo lo de los "4 mosqueteros", es por que te veo con empuje, marcando la pauta, sin miedos, vamos como los mosqueteros cuando defendían a la reina, sólo que tu defiendes la gastronomía.
Bien venida de todo corazón.