Tuesday, May 06, 2008

LA CRUCIFIXIÓN SEGÚN BRUNETTI


El comisario Guido Brunetti, el personaje de los libros de Donna Leon y en la última entrega publicada hace poco, The Girl of His Dreams, ya traducida a los idiomas patrios (¿o debería escribir peninsulares?), realiza una investigación lenta, más lenta que de costumbre, y, además, come poco. Ni un solo tramezzino, leit motiv gastronómico absoluto de la Leon y del signor Brunetti, pocos cafés (ni ristretos ni corretos ni nada), ni una sola ombra, esa copa de vino tinto de media mañana, poca pasta, la justa, y demasiada conciencia social (es una broma). Seguimos siendo fans absolutos de la Leon y nos encanta pasearnos por Venecia en la canoa de la Polizia di Stato, sobre todo si la pilota Foa y en el asiento de al lado está el inspector Vianello.

Brunetti tiene dos casos entre manos, uno leve y el otro grave. Al ir en busca de información para el segundo de ellos se para en campo San Cassiano y decide entrar en la Scuola Grande di San Rocco para ver la Crucifixión de Tintoretto, que está en el albergo (¿en el segundo piso?). Cito porque vale la pena: “A Brunetti siempre le había llamado la atención la cara de aburrimiento que tenía ese Cristo, clavado simétricamente en la cruz (…) Cristo te daba la impresión de haber acabado por reconocer la verdad de las advertencias de que esa historia de hacerse hombre no podía acabar bien, y parecía deseoso de volver a sus quehaceres de Dios”. Fantástico.

El comisario es un hombre culto, bien comido y bien bebido. La Leon se las trae. Igual te cita exac-ta-men-te a Mozart (la letra que no la música) que te describe unos fussili con aceitunas negras y mozarella o unos ruote con melanzane y ricotta. Pero esta vez nos ha sabido a poco. El año pasado (Donna Leon publica un libro por año) la novelista parecía cansada. Este año se ha despertado con energía pero ha dejado a los personajes un poco a su aire. Los fans somos exigentes y no porque paguemos por ello, poco, bastante poco, sino porque ¡vivimos en Venecia y tenemos hambre!.

10 comments:

Itaca said...

Manolo: Como sigas aumentando la lista de mis “no leidos” la pila que ya tengo en espera se va a venir abajo. Pero... Muchas gracias, pasear por Venecia con el comisario Brunetti será todo un placer. Esa cita es genial.
No sé si has leído Marca de agua de Brodsky. Si tengo la suerte de que aún no lo hayas hecho -¿será pedirle peras al olmo?- me alegraría: podría corresponderte con algo precioso. ¡Y qué menos si de Venecia se trata!

manuel allue said...

Pues no lo he leído, Ítaca, y te voy a hacer caso. Ya te contaré.

Su said...

Disfruto con Brunetti.
Muchisimo.
Gracias por tu post

manuel allue said...

Gracias por tu comentario, Su. También me ha gustado, y mucho, tu pizza patchwork: ¡preciosa!.

cap i pota said...

Manolo. Salvo Montalbano pernonaje de Andrea Camilleri, come bastante bien. Este comisario resuelve sus casos entre discusión telefónica con su novia y un suculento plato de salmonetes, cuando le dá, se mete en el agua, nada un poco y luego se toma cuatro cafés. Todo un figura que me recuerda un poco a Pape Carvalho, aunque este tenía a Biscuter para cocinar y hacer los recados.

manuel allue said...

Fíjate que sólo hay un Biscuter, irreemplazable y si no, al tiempo, el Lazarillo del siglo XX, no esas bobadas que escribió Cela. Lazarillo sin hambre pero con ganas de comer. ¡Viva Biscuter!

DESPERTAFERRO said...

Manolo: Entre tú y yo: Cela era un facha y un cabrón.

manuel allue said...

Ya te lo dije el otro día en tu blog: ¡qué fácil me lo pones!.

DESPERTAFERRO said...

Manolo: Ni fácil ni mandangas. Al pan, pan y al vino, vino.
No me impresionan estos personajes, y menos, los que han jugado a dos cartas, teniendo un pasado de censor, delator y una actitud de enfant terrible que quería disimular su profunda carcundia y fidelidad al régimen de su excelencia el chaparro del Pardo.

manuel allue said...

Es curioso pero Cela me tuvo cautivado (es un decir) durante algunos años. Me regalaron al cumplir dieciocho años una suscripción a "Papeles de Son Armadans", la revista que Cela editaba en Mallorca, y la estuve recibiendo y leyendo, y conservo todos los ejemplares hasta 1979, fecha en la que se dejó de publicar. Era un revista magnífica, básicamente de literatura, y en la que colaboraban escritores fantásticos. "Ese" Cela, el editor, el prologuista, el coleccionista de xilografías, el amigo (quizás por conveniencia) de la flor y nata de la literatura en español y algo de la extranjera, es el que todavía me gusta.

El otro, incluso el Cela novelista, no me interesa en absoluto. Excepto "Pascual Duarte" sería incapaz de volver a leer ninguna de sus novelas.