Wednesday, September 06, 2006



PLATILLO DE BERENJENAS “O COME SEI GENTILE”

Ayer hice dos compras no sé si importantes pero por lo menos agradecidas. La primera es una grabación del año 94 del “ballo concertato” “Tirsi e Clori”, de Claudio Monteverdi, seguido de quince de sus madrigales, la mayoría del “Settimo libro”, y la segunda se trata de una colección de postales firmadas Jalón Angel, en sepia, que forman la colección “Forjadores del Imperio” y estaban impresas por la editorial Arte, de Bilbao. La encabezan una Carmencita Franco Polo adolescente vestida de asturiana, con el gesto algo contrito y las cejas, es así, un poco despeinadas, seguidas de varias más, veinticuatro en total, de múltiples generales y figuras de la Guerra de Liberación iniciadas, claro está, por la del Caudillo, una de medio cuerpo vestido de Almirante y la otra ecuestre, que es la más estropeada y bien que lo lamento.

Los madrigales me han acompañado toda la mañana mientras remiraba las postales y hacía, por qué no decirlo, un acto de contrición: el general Aranda con el fajín caído, Mola con un gesto de franca amistad germano-española, un gesto muy Von Ribbentrop, García Morato muy guapo, un poco Tyrone Power y con un reloj de pulsera magnífico, el cardenal Gomá espléndido, con el capillo impecable pero con una sombra muy rara detrás, Monasterio con una cara algo barojiana (será por la boina calada hasta las cejas) y aguantando las bridas de un caballo, Kindelán ya algo más azorinesco y con un libro en la mano, el almirante Cervera muy sonriente y blandiendo una regla y así, ya lo hemos dicho, hasta veinticuatro.

Todas las postales (“Maledetto sia l’aspetto”) están en blanco, sin escribir, excepto dos, la de Queipo de Llano y la de Moscardó, dirigidas al mismo señor de la calle Bruch de Barcelona, escritas con una caligrafía casi infantil y fechadas ambas en 1952. Las firma “María Dolores” y en la primera le dice a su papá que ha llegado bien a París y que ha cumplido sus encargos (¿espionaje cerca de la delegación de la República Española en el exilio?, ¿un sombrero de Balenciaga para mamá?). En la segunda le anuncia que se dirige a Santander y aprovecha para enviarle su dirección allí, evidentemente en la avenida del Generalísimo, número nueve. Estoy convencido de que María Dolores era buena cocinera, como Carmencita, y que no tenía tantas dudas como nosotros ni necesitaba a Claudio Monteverdi para enfrentarse a las berenjenas.

A María Dolores, a la que me gustaría poder felicitar por la oportunidad que me ha brindado y por su buen gusto, le debía de gustar bastante, además, la viuda de Carpinell, la autora de “Carmencita” y del platillo de berenjenas. María Dolores, hoy que estamos monteverdianos, asaba las berenjenas como nadie, luego las envolvía en una hoja del diario “Alerta”, de Santander”, dejaba que se enfriaran y entonces las pelaba como si tal cosa. Las machacaba en el mortero y ponía a freír en una sartén un puñado de piñones y otro de pasas de Málaga a las que les había quitado el rabo, lavándolas bien y secándolas con un pañito.

María Dolores echaba en la sartén la pasta de berenjenas, las salaba un poquito y miraba otro poquito al patio a ver si había dejado de llover. Cuando tenía la pasta bien sofrita le vertía en la bandeja del horno bien untada de mantequilla, encima de una capa de huevos duros cortados a lo ancho, y lo espolvoreaba todo con albahaca, que tenía seca en un botecito que se había llevado, previsora, desde Barcelona.

Mucho trasiego había en la avenida del Generalísimo mientras María Dolores ponía unas virutas de mantequilla sobre la pasta, muy bien extendida con una espátula. Entonces la cubría con pan rallado y la metía al horno para que se dorara bien.

Esa mañana no iba a salir el sol en Santander y don Claudio me estaba entreteniendo demasiado. María Dolores estaba un si es no es preocupada, cortaba la pasta a cuadros y la servía en los platos adornada con una ramita de perejil.

2 comments:

Karen said...

Quase vejo Maria Dolores indo até o pátio ver se parou de chover...

Manuel Allue said...

Me encanta tu comentario. Yo también veo a Maria Dolores: ¡estaba a su lado!.

Saludos, M.