Wednesday, March 07, 2007

LIBROS, MONTAÑAS DE LIBROS



Almenas de las que ya he hablado, tras las que me siento protegido, torres vigía, baluartes, barbacanas, parapetos, miradores o, quizás, bastiones. Sinónimos de cobardía (en mi caso), de falta de decisión (también en el mío) y, desde luego, de nulo espíritu comercial (defensa sin ataque). ¡Qué le vamos a hacer!.

Entre el mes de mayo de 2006 y hasta hace seis días (a finales de febrero) he comprado o me han regalado treinta y cuatro libros de gastronomía, por llamarle de algún modo, que han venido a engrosar mi mala conciencia (no puedo leerlos todos) y a hacer peligrar la estabilidad más que menguada de mis tres mesillas de noche. Hay de todo. Bueno y malo. De alguno ya he hablado antes (y después) y otros merecen que los repase al menos para sentirme un poco más acomodado (entre pecho y espalda).

Mi amigo Max me regaló una edición de 2004 del Llibre de Sent Soví, la antigua de Rudolf Grewe, revisada por Amadeu-J. Soberanas i Joan Santanach (Ed. Barcino, Barcelona, 2004) y seguida del Llibre de totes maneres de confits, delicioso manual de sabores y perfumes (manzanas, codoñates, peras, calabazates, mieles y piñones) que vale la pena hacer un esfuerzo e intentar traducir.

Compré Un festín para Don Giovanni, subtitulado Ópera gastronómica (Francesco Attardi Anselmo y Elisa de Luigi, Siglo XXI de España Eds., Madrid, 2000), que resultó ser demasiado pretencioso, confuso y, al final, demasiado simple. El gazpacho del Burlador, por ejemplo, es una tontería y el Alimento celeste, con nata, vainilla y fresas del bosque tiene más que ver con Robin Hood que con Don Juan.

El Manual práctico de cocina Negra y Criminal de Montse Clavé (Libros de allende, Barcelona, 2004), la chica de los chicos de Negra y Criminal, es estupendo, divertido, ingenioso y ¡útil!. Desde la caldeirada de Carvalho hasta los spaghetti alla vongole de Paola y Guido Brunetti, los personajes de Donna Leon, pasando por la soupe à l’oignon de Maigret o las gambas del Índico de Henning Mankell, la inteligente y cuidadosa cocinera negra y criminal nos da un paseo liviano pero intenso por esa clase de literatura, no tan oscura pero sí más fresca que los tremendos sofritos marron foncé a los que son tan aficionados los cocineros de TV3, la televisión pública catalana.

La cocina italiana de Alberto Capatti y Máximo Montanari (Alba Ed., Barcelona, 2006), que también me regalaron pero no digo quién, es, lamentablemente, un desastre. Un profesor de historia de la lengua francesa y otro de historia medieval consiguen aburrir casi casi desde la página 10. Con bastante desorden en las notas a pié de página, citas encabalgadas y un innecesario aparato crítico que despista a cualquiera. Nosotros somos cualquiera.

Siguen treinta libros más para mis almenas. Artículos desconocidos de Álvaro Cunqueiro, un manual de cocina islandesa con unas fotos muy bonitas, otro de plantas silvestres y comestibles, estupendo, el facsímil de un recetario de Cuaresma, otro, muy sorprendente, de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (sorprendente Arzak, sorprendente Subijana), más Iglesia y Gastronomía (recetarios de jesuitas, de carmelitas, de monjes errantes medievales) y alguna cosa innombrable. Pero falta el élan, la sorpresa y, desde luego, la pasión. Cada vez la literatura gastronómica está más cuidada, mejor informada, muy bien referida, pulcramente impresa. Pero aparte de don Álvaro, del que siempre tenemos algo que contar, nadie nos devuelve ese estremecimiento, nos arranca esa sonrisa, nos cautiva, en una palabra.

Entonces, saltamos las murallas de libros, dejamos de espiar tras las almenas y nos vamos a comer. Lo mejor posible.

5 comments:

Puntiyo said...

Entre tantas montañas de libros de cocina (la mayoría pobres e inconsistentes) yo echo en falta uno que te animo a editar: el tuyo, el de las recetas adobadas con una literatura exquisita.

manuel allue said...

Muchas gracias por tu gentileza, Puntiyo.

Un abrazo muy cordial.

Valentí Mongay said...

Pues no sé si tienes razón, pero ho lo empecé en diciembre y aún estoy en ello...

manuel allue said...

¡Ánim, Valentí!. Los caminos de la gastronomía son inexcrutables, como ciertos pasajes del Evangelio. La paciencia del lector es la única virtud (aprendida) de la que me siento orgulloso. Y en eso seguimos, también.

Saludos.

manuel allue said...

Ya ves. Me ha salido "excrutar", como un esputo, para "inexcrutar" los caminos de la gastronomía. Tampoco es que sean insondables sino casi siempre todo lo contrario. Escrutaremos, pues.