Thursday, October 25, 2007

NI CHICHA NI LIMONÁ



Me he puesto a repasar los textos que publicamos ahora hace un año, seguramente porque no tenía nada que contar o porque las noticias nos dan dolor de estómago y dolor de corazón, alternativamente. Las noticias gastronómicas no son nada del otro mundo (nunca son nada del otro mundo) y mira que me fijo, y atiendo. Y leo los periódicos, en papel y en la red, y los blogs de los amigos e incluso los de los enemigos. Pero el otoño (aparte de los membrillos, de los caquis, de las castañas y de las setas, todo tan boscoso) es lo que da de sí. Desesperación/Arrepentimiento (Espronceda), Melancolía/Vulnerabilidad (Yeats) e incluso Falta de Decisión (yo mismo).

Otoño rima con verdades a medias, con recuerdos deslavados y con estrechez de miras. Por eso lamentamos haber perdido esas ganas que teníamos hace ahora un año cuando hablábamos, casi sin parar, de Liz Taylor, de Warhol, de John Lennon, de Paul Morrissey (y sus espantosas y admirables películas), de las inundaciones de Rubí, de una receta oblicua de Manuel Vázquez Montalbán, de las prodigiosas fotos de Joan Colom, de Joan Salvat-Papasseit, de Christopher (no de Philip) Marlowe, de los Ejercicios de San Ignacio (y de toda la Compañía, bastante en general), de don Gregorio Marañón, de un coq au vin que cociné en solitario (y me comí a solas), de Dani Martín y de Bigas Luna, de Julian Barnes y su pedante en la cocina, de Carlos Windsor y su insoportable en la cocina y hasta del Príncipe y de la Corista. Todo eso en un mes. Sin pudor, con bastante mesura y como sin prisa.

Este otoño debe de ser raro: aún no he probado ni una castaña, mi amiga Miki no me ha regalado sus buenos tres kilos de caquis, sólo he comido setas (raras y un poco sosas) revueltas consigo mismas y en casa de Nacho, en Medina de Pomar, ya no están para hacer dulce de membrillo. Pasarán más de mil años, muchos más, y esperamos seguir anotando el pasar de los días con esa esperanza estúpida que le solemos echar: al paso del tiempo.

Lo dicho. Ni membrillos, ni castañas, casi sin setas y esperando los caquis. A medias. Ni chicha (flesh) ni limoná (lemon juice).

21 comments:

delantal said...

y sin embargo el sabor de tu prosa es más concentrado, más sabio también.
Veré de hacerte un marrón glacé.

Mar Calpena said...

Maldito otoño, que es como la carta del colgado en el Tarot (todo patas arriba, mirando al cielo, en una posición incómoda y sin poder descolgarse). Espero que lleguen pronto esos membrillos y den un poquito más de sol.

manuel allue said...

¡Bienvenido el marron glacé! ¿Pero sólo uno, Delantal?

Incómodo y como a medias, Mar (ya lo digo). Pero con queso y membrillo las penas son menos, desde luego.

Camille said...

Con lo melancólicos que somos todos..
La mejor luz de todo el año ocurre en otoño, las mejores sombras, los mejores rayos, la bruma, la niebla..
El sábado a la mañana, antes de la hora del vermouth y después de hacer la compra, un paseíto con cámara en mano, y que pose el otoño...

manuel allue said...

Esa luz como de boda de pueblo aquí es casi amarilla, del color de los membrillos (esos de Mar Calpena, los que dan sol) y bien anaranjada al atardecer, contra el mar.

starbase said...

Ach,

Aquí viene un prosaico:

Mi padre cada otoño dale que dale con los caquis. Y yo venga a verlos demasiado similares con los mocos.
Con perdón. Cosas de niños.

Ahora de mayor ya no. Ahora ya estoy domesticado. Siguen sin gustarme, pero jamás se me ocurriría relacionarlos con los mocos.

Ahora ya no.

manuel allue said...

Los caquis son muy de padres (de niño, lo confieso, me daban un asco profundo). Ahora los como con una cierta aprensión por la textura pero me encanta su sabor. Las cosas blandas y gelatinosas suelen causar problemas (infantiles).

A Josep Pla, que era bastante mentiroso, le pasaba lo mismo, eso dice, con la fruta madura y sobre todo con los melones. El indicio de podredumbre le repelía: no dice nada, en cambio, de ciertas salsas negras de sangre y vino de las que, al parecer, disfrutaba.

DESPERTAFERRO said...

Manolo: Muy a pesar del cambio climático, la hoja sigue cayendo en otoño. Con esto debemos darnos por satisfechos (de momento) las castañas, los moniatos, los caquis,y los panellets vendrán por añadidura y previo pago al proveedor de cabecera. de las setas prefiero no hablar: La mayoría vienen de Ucrania o Rumania. La globalización porculiza a pasos agigantados.
Parafraseando a Pablo Milanés: El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos.....

DESPERTAFERRO said...

Manolo: Hoy toca cocinar un caldito, con sus garbanzos, gallina, hueso de jamón, carne huesos y su manojo de hierbas. Se me hace la boca agua. Es la constatación de que el otoño ha llegado y con él otras pitanzas própias de la melancólica estación

manuel allue said...

Ya me contarás sobre tu cocido. Me has pillado (melancólico, vulnerable) "repasando" la carta de Lhardy. Porque queda lejos (a tres horas del maldito AVE) pero si no te invitaba a un aperitivo con unas barquetas de riñones, unas croquetas de pollo y un fino, o varios.

DESPERTAFERRO said...

Manolo:¡ Que vengan estas tapas de riñones, callos, bocatas de calamares, champiñones, callos y el magnífico cocido madrileño!
A las penas puñaladas.

manuel allue said...

Y aunque no las haya (penas). Al mal tiempo buena cara porque a buen entendedor: ¡cocido!

PUNTIYO said...

Venga unas buenas setas otoñales (todavía existen unas pocas amigo Despertaferro) y ánimo Manuel, padeces de una bi-melancolía (la estacional y otra).
Esta semana guisaré, en tu honor, unos níscalos deliciosos. Te los dedico ya.

manuel allue said...

Pues muchas gracias, Pun, por tus níscalos. No es cuestión de ánimo, que lo tengo y a veces exagerado, es más bien una postura, otoñal.

delantal said...

jajajaja
bueno dos.

PUNTIYO said...

Me alegra que sea sólo una postura otoñal, pero te dedicaré mis niscalos de cualquier manera.
Ya me gustaría contar aquí con la panoplia de setas que existe en Cataluña.

manuel allue said...

Pocas quedan en el bosque, bastante esquilmado. Y las que venden, la mayoría son rumanas. Pero algo queda, sobre todo la cultura y la pasión culinaria.

Aún quedan, sin embargo, energúmenos que sepultan los mejores "rovellons" bajo una montaña de ajo y perejil.

Ascilto said...

A mí lo único que me atreae del otoño es que precede al invierno y que rima con coño.

manuel allue said...

¡Qué burro eres, hijo mío!. No es mala rima pero quizás un poco demasiado evidente: con Logroño o con madroño poca cosa podemos hacer, ¡coño!

DESPERTAFERRO said...

Puntiyo: Vi una pintada en Italia que rezaba así: il mondialismo mi uccide.
Bien, yo digo el cambio climático nos jode vivos. No llueve, los pantanos están secos, no crecen setas y las pocas que nacen, las aplastan los domingueros barcelonautas que invaden los bosques dejándoles como si hubieran entrado con un arado.
Prefiero no entrar en la búsqueda de palabras que riman con coño, por lo menos hoy.

manuel allue said...

Aparte de tu flamígero (y acertado) speech sobre el barcelonauta depredador de setas (también hay tarraconautas y lleidenautas), lo de las rimas con coño me anda preocupando desde las 8.05 p.m.: bisoño, gazmoño, el evidente moño y poco más.

Qui no te feina el gat pentina, Narcís. No tengo gato ni ganas de peinarlo si lo tuviera.