Friday, June 29, 2007

PLA VS. LUJÁN



Dicen que don Néstor (Luján) le comentó a don Josep (Pla), en una de las sobremesas de “La Punyalada” del paseo de Gracia (o quizás en el “7 Portes”), una aciaga tarde de 1947, que andaba algo deprimido por el cariz que estaban tomando las cosas. Las cosas y su cariz eran turbios o estaban enturbiadas. Y fuera empezaba a lloviznar y a don Josep le moqueba la nariz.

-Mire Usted, Luján. Lo mejor en estos tiempos que corren es leer a los escépticos y escribir un dietario.

Don Néstor apuró la copa de armagnac, ya más que mediada, y asintió con la cabeza. Pero no le dijo ni una palabra.

Ambos, cada uno por su lado, siguieron escribiendo, don Josep más o menos hasta 1981 y don Néstor un poco más, casi hasta el otoño de 1995.

Tuesday, June 26, 2007

TRUMAN LE DICE A CECIL




En la primavera de 1975 Truman Capote publicó en la revista Esquire su relato La Côte Basque, que iba a formar parte de su libro Answered prayers. El título lo tomó del restaurante homónimo de la calle 55 Este que hasta bien entrados los años 80 fue el centro de reunión de la beautiful people neoyorquina de la época de la mano de su propietario, Henry Soulé, antiguo maître francés que anteriormente había regentado Le Pavillon, donde hizo famoso su timbal de marisco ligado con patata, condimentado con estragón, con mucho estragón y coronado de caviar.

Dos décadas antes, a principios del otoño de 1955, Ann y William Woodward habían acudido a una fiesta en Manhattan organizada por la duquesa de Windsor, la malvada Wallys. Cuentan las crónicas de la época que Bill, conocido millonario y hombre de empresa, había bebido bastante pero Ann, antigua campesina de Kansas y más tarde corista en Broadway, sólo había tomado Évian con hielo. Cosas de la época. Al volver a la mansión de Long Island y una vez en la cama, Ann oyó ruido en la habitación de su marido (dormian, evidentemente, separados), cogió el revolver de Bill, salió al pasillo, entreabrió la puerta y, tomando a su marido por un atracador disparó en la oscuridad ¡más de siete veces!.

El jurado del prolongado juicio exoneró a la atribulada Ann pero los amigos de Bill siempre la consideraron culpable. Veinte años después Truman Capote se volvió a ocupar del caso que tanto les había impresionado a todos y lo convirtió en un cuento corto para Esquire y en definitivamente culpable a la corista, enfrentándose, por citarlos con sus nombres y apellidos, a toda la aristocracia americana de los Paley, los Radziwill, los Kennedy o los Vanderbilt. Tras leerlo, en una fría noche de octubre, Ann Woodward se tomó un frasco de Seconal con sucesivos vasos de Évian. Helada.

Truman (Capote) le dice a Cecil (Beaton), en una carta desde Nueva York del 12 de noviembre de 1955, como único comentario, que el señor Soulé, vista la concurrencia, había decidido subir los precios.

N. La ilustración corresponde al logotipo del actual La Côte Basque, bordado en las servilletas, en el mismo número de la calle 55 Este (frente a la tienda de Manolo Blanick), ahora más turístico que otra cosa.

Thursday, June 21, 2007

TORTILLA DE RIÑONES




Cuando estrenaron Let it be, la última película de los Beatles, preciosa pero como desmadejada, en el cine Aquitania de la carretera de Sarrià pensé que la adolescencia, que quería prolongar hasta siempre, se había terminado. Se habían terminado los bocadillos de queso con anchoas entre clase y clase, los cucuruchos de altramuces devorados ante Troy Donahue o Rock Hudson, la horchata de arroz para la descomposición veraniega y la cocacola con ron Bacardí en las fantásticas fiestas de Isabela Colmeiro en el hall de la Tabacalera.

Se trataba de algo serio, de una hermosa carta de despedida que ya habían anunciado los Stones en su Beggar’s banquet, esa especie de Viridiana del rock’n’roll y, sobre todo, Jim Morrison en The End, todavía más explícito. John Lennon me había hecho una jugada, yo no quería hacer la mili por nada del mundo y la despedida había entrado, furtiva y fatal, trough the bathroom window para quedarse como una balada más pero también como un canto a lo que casi no tuve tiempo de acceder.

Incapaz de interesarme por el estreno de la Electra de Galdós ni siquiera por la generación de Jiménez Fraud, me quedé muy desconcertado porque mis días y mis semanas, hasta entonces, eran absolutamente anglosajones y no los quería cambiar de ningún modo: Monday, monday, Rubby tuesday, “Wednesday morning, at five o’clock…”, Friday on my mind

Pero los cambié. Y traduje los días al castellano antiguo, descubrí el catalán -descubrí, sobre todo, el Quadern gris de Josep Pla- y empecé a practicar una cierta etnografía moral e incluso culinaria que me vino a balsamizar un poco el estómago y bastante más el corazón. Yoko Ono tenía la culpa, eso era ya irremediable, Franco tenía los días contados (y también tenía la culpa) y me iba a comer el mundo, golpeando mi conciencia, cada día si hacía falta, con el Maxwell’s silver hammer colgado a la cintura.

Franco murió el 19 de noviembre de 1975 y nos estafaron, patéticamente, la fecha. No hice la mili, mi padre se quedó conmocionado y empecé a anotar todo lo que hacía en un “quadern gris” patoso y sentimental: “18 de desembre de 1975. Dijous. TRUITA AMB RONYONS: S’agafen ronyons de vedella, es treu el tel i es netejen bé tres o quatre cops, els dos primers amb aigua amb vinagre, per treurel’s-hi el tuf. Es rosteixen a la graella, una mica salats, i es fan trossets petits. Es passen amb oli d’oliva en una paella i damunt s’hi tiren els ous, ben batuts, per a fer la truita. Quan és ben cuita por ambdues bandes s’hi tira rom, es crema i es treu a la taula flamejant.”

NOTAS

1. “18 de diciembre de 1975. Jueves. TORTILLA DE RIÑONES: Se les quita la telilla a unos riñones de ternera y se lavan bien en tres o cuatro aguas, las dos primeras con un buen chorro de vinagre, para quitarles el tufillo. Se asan a la parrilla, ligeramente salados, y se trocean. Se pasan un poco en una sartén con aceite de oliva y se vierten los huevos bien batidos, para hacer la tortilla. Cuando está dorada por ambos lados se rocía con ron, se prende y se saca a la mesa flameando.”

2. La ilustración, que en principio no tiene nada que ver con nuestra historia, es una fotografía de Pepe Lara y Luís Tamayo, conocidos musicalmente como “Los chavales de España”, que debutaron en Manhattan a principios de los años 50 del pasado siglo y que actuaron en el grill del Waldorf Astoria durante varios meses de la primavera-verano de 1953. Dicen que formaban algo más que pareja musical y aún se recuerdan sus menús de riñones de cordero salteados, de tortilla “a la española” e incluso de callos con garbanzos.

Otra historia culinaria de la misma época, quizás un poco después, recuerda el revuelo que organizaron Carmen Amaya y su grupo de baile al ponerse a asar sardinas sobre el sommier de una suite del último piso del mismo hotel, en el que estaban hospedados. El pintor Eduardo Arroyo le dedicó al acontecimiento, años después, una serie de cuadros, dibujos y grabados y la historia es aún más larga, llena de obscenidades muy divertidas y de humo, jerez y llamadas a la Embajada. Pero eso, claro está, es otra historia.

Monday, June 18, 2007

GOURMAND




“N’est pas gourmand qui veut”, escribió Brillat-Savarin.

Así pues, hoy a dieta.

Saturday, June 16, 2007

BLOOM'S DAY



Todo esto, dicen, se trata de una cuaderno donde anotar, de un dietario donde apuntar aconteceres más o menos privados, donde conmemorar, celebrar o lamentar, la mayor parte de las veces con esa impudicia y esa arrogancia de la inmediatez.

Nuestra educación católica y sentimental nos obliga muchas veces a entonar continuos “meaculpas”, bastante narcisistas por otro lado, y a hacer piruetas literarias para justificar cualquiera de los lances, tan sencillos, de la mesa y de la cocina. No es que sigamos pagando la Bula de la Santa Cruzada, entre otras cosas porque ya no existe, ni que nos pongamos a cocer huevos rezando avemarías (aunque a veces) ni que sentemos a nuestra mesa a un canónigo doctoral para darle empaque a la cosa (que bien que nos gustaría), bendijera el pan y el vino en latín y nos diera una noticia nueva (¿las habrá?) sobre la dieta y las tentaciones de San Anselmo.

La cuestión, después de tanta introducción, es que hoy, día 16 de junio, el mundo literario y también el otro celebran el Bloom’s Day, fecha en la que James Joyce situó los aconteceres de Leopold Bloom en el Dublín de su Ulises.

Hace pocos días leí en el blog de Delantal una estupenda cita de Al faro de Virginia Wolf. Le contesté en ese arrebato vespertino que frecuentemente nos acomete con una especie de oda a Virginia, verborrea pura, donde, aún no sé por qué, mezclé los estofados con el luto, los potajes con Dora Carrington y el gazpacho no me acuerdo con qué. Presentía el día de Leopold Bloom, estaba cansado, empezaba a hacer calor y ya se sabe que no hay mejor remedio para eso que ponerse a escribir cualquier cosa, servirse una copita de fino, bebérsela, perder una vez más el pudor y dejarse llevar.

Monday, June 11, 2007

TABLE POUR DEUX



M.F.K. Fisher, una bella y extraordinaria escritora de la que ya nadie se acuerda por aquí (quizás los Glotonios y poco más), publicó en 1948 un libro excepcionalmente culto, agudo y divertido, Un alfabeto para gourmets, que no se editó en España, que nosotros sepamos, hasta 1993, cuando lo hizo Mario Muchnik, tan pulcro, con una traducción bastante buena de Marcelo Cohen y una portada con una foto preciosa de Cartier-Bresson.

Lo tengo siempre cerca, junto al Rodissoni, L’art de ben menjar, el libro de Julio Camba, el de Pla, los tres de Vázquez Montalbán, el de Luján y Perucho, Carmencita, Sabores, Catalunya llaminera, que es un encanto kitsch, La cocina de Nicolasa, la Enciclopedia taurina de Pepe Alegrías y poco más. Delante de los diccionarios. Y lo consulto a menudo. Miento. Lo leo a menudo.

No se trata, desde luego, de un libro de consulta sino de un conjunto de textos preciosos, cortos y definitivos, que se pueden leer a cualquier hora: como desayuno, como tentempié, como aperitivo o como dulce de sobremesa. Fácil, pues, y sobre todo digestivo.

Desde las posturas del duque de Windsor (antes de conocer a la malvada Wallys) hasta el caviar de berenjenas (que ella llama “caviar paysan”) pasando por unos espectaculares “Riñones Alí-Babá” chorreando mantequilla, con varios martinis, gibson y vinos rosados fríos de por medio, la exactitud (o la cronología) de Mary Frances se afila aún más en el último capítulo donde recomienda los protocolos, los privados, no los sociales, para las cenas solitarias, pour deux o con más comensales (seis sería el número ideal). Para esa cena perfecta a la que la Fisher nos invita cualquier noche como ésta con ese aspecto coco chanel, ese deje windsor, esa herencia escoffier, ese tono tour d’argent y esa delicadeza a la que nunca se van a acostumbrar los bárbaros, vengan de donde vengan.

N.: Los libros de M.F.K Fisher, nos dicen, están descatalogados. O sea que a rebuscar en la Cuesta de Moyano o en la calle Canuda aunque dudo que nadie suficientemente cuerdo se deshaga de cualquiera de ellos.

La ilustración es una fotografía de Nunca-hemos-conseguido-saber-quién del pintor Francis Bacon francamente joven y mostrando sus atributos.

N. II (algo más privada): Jo., si te pones pesado voy a volver a hablar de los tournedós Rossini. Amenazo.

Friday, June 08, 2007

DESCREIMIENTO



Nos vamos alimentando demasiado de esa más que sensación certeza pura de que nada es verdad ni es mentira y que por no creer, ni en uno mismo. Como aquel personaje de Fernando Fernán Gómez en su novela La Puerta del Sol que “no creía ni en Dios ni en nada, ni en las ánimas del purgatorio ni en el duque de Alba ni en la Guardia Civil”.

Pues un poco así, aunque no tanto. El día 16 se inaugura la Documenta 12, en Kassel, y todavía no hemos hablado de Ferràn Adrià, que lo haremos y en su justa medida, y tampoco nos creemos que sea la Pantoja de los cultillos, aunque sí, ni la bestia negra de los resabiados, que también, ni el dolor de cabeza de los estudiantes de Hostelería, que desgraciadamente a lo mejor.

Que el cansancio no es buen consejero es más que sabido. Y aunque sigamos creyendo en muy poco el próximo día 10, seis antes, seis, que la Documenta, octava de Corpus y festividad de San Primitivo, San Getulio y San Maurino, va a hacer un año que nos metimos en todo esto con demasiada convicción, con un si es no es de imprudencia pero con unas ganas enormes de divertirnos. Que lo hemos hecho.

Porque a pesar de todo seguimos, amos de nuestra casa, creyendo que todo esto vale la pena. Sobre todo por vosotros-ustedes.

Wednesday, June 06, 2007

Monday, June 04, 2007

CON DOLCEZZA RICE




Las noticias no dejan de serlo mientras puedan removerse. Y en eso estamos.

Después de una semana casi entera anunciando el 40 cumpleaños del Sargent Pepper hoy nos retrotraemos (o nos retrollevamos) a la visita que la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, hizo el viernes a un Madrid resfriado y algo contrito y precisamente el día del aniversario del Sargento.

Gracias a Xallue, tan puntual y tan puntilloso (y también gracias a una página de noticias y a un bloguero) nos enteramos de que la señora Arroz debe su nombre de pila a las aficiones musicales de su señor padre que hizo coincidir la onomástica de su luego famosa hija con ya no un término sino una acotación musical para las partituras. Un término algo dudoso, sin embargo. Y así “Con dolcezza” se convirtió en Condoleezza. Lo que son las cosas.

Pero la noticia, aunque estuvo en la dulce visita de la señora, continuó en el menú que le sirvieron en el palacio de Santa Cruz. Cuentan los cronistas de derechas que Aznar la obsequió en su anterior visita, en junio de 2001, y nada menos que en una finca de Toledo, con un gazpacho con bogavante y, de segundo, una paella con pularda que el cronista, de derechas y afrancesado, revistió de poularda. Cosas de la aznaridad. Y, además, ¡pobre pularda!.

El Ministerio de Asuntos Exteriores fue más estricto, menos rumboso y seguramente más ajustado a las reglas. Si es que de reglas puede hablarse en estos casos. El gazpacho del viernes pasado fue sin bogavante, si acaso con unas virutas de guijuelo, y la paella de pescado se quedó sin esa joven pularda piando por los jardines ni los bogavantes asfixiados al vapor de los tiempos. Al humor, al fragor, al hervor y al sinsabor de los tiempos que corren, por lo menos en los alrededores del palacio de Santa Cruz.

Benditos tiempos. Don Manuel Azaña se daba atracones de marisco y de faisán, sin dolcezza, luego Ramón Serrano Suñer se conformaba con unas pechugas rellenas de bechamel, insistió después don Camilo Alonso Vega con un castrense menú de pollo frito para volver a la pularda haciendo estragos en una paella aznariana y acabar, ¡bendito sea!, con un ministro algo jacobino de más que le quita hasta el bogavante al gazpacho.

Así están las cosas. La redundancia de arroz para la señora Rice no es ni siquiera una broma. Y aunque el gazpacho se vista de seda, pues eso.

Friday, June 01, 2007

WELL IT WAS 40 YEARS AGO TODAY



Sargent Pepper taught a band to play, /
They’ve been going in and out of style, /
But there garenteed to raise a smile, /
So may I introduce to you, /
The act you’ve know for all these years, /
Sargent Peppers Lonely Hearts Club Band!


Apostilla para nostálgicos y nota para quisquillosos:

El aniversario en el que venimos insistiendo toda la semana es tan histórico o tan historiable como cualquier cosa. Pero de gastronómico tiene mucho, por lo menos para acompañar, en guarnición, la adolescencia o quizás mejor, para servir de aperitivo (Sargent Pepper’s), de entrante (With a Little Help From My Friends), plato principal (Getting Better), sorbete (Good Morning) y tremendo postre (A Day In The Life). Un banquete al que por fin estábamos invitados, con el que aprendimos a balbucear “raise” y “smile”, con el que nos olvidamos de las marchas, de las consignas del día, de las boinas caladas hasta las cejas infantiles, de los versos de José María Pemán y de las novelas de Rafael García Serrano, en paz descansen, ambos. Ese banquete o esa comida diaria (esa merienda remolona, esa cena rápida y triste) que nos empeñamos en seguir contando desde aquí y desde hace casi un año.

Pues a celebrarlo vamos. Porque somos parte de una memoria que, casi de repente, pasó del blanco y negro al color, del azul mahón al azul turquesa, del pardo al bermellón, y de una forma tan fácil y ya se ha visto que tan perdurable.

Las citas que hemos ido publicando corresponden a Lucy In The Sky With Diamonds, Fixing A Hole, Within You, Without You y Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Y van dedicadas a mi amigo Ia Ventosa (que seguramente no lee estas cosas) y a mi querido Anton París, con los que debuté musicalmente (y virtualmente) entre la primera y la segunda Catilinaria. Más o menos.

Thursday, May 31, 2007

ONE DAY TO GO



We were talking about the space between us all /
And the people who hide themselves behind a wall of illusion /
Never glimpse the truth then it's far too late when they pass away.

Wednesday, May 30, 2007

TWO DAYS TO GO



I'm painting my room in the colourful way /
And when my mind is wandering /
There I will go.

Tuesday, May 29, 2007

THREE DAYS TO GO



Picture yourself in a boat on a river, /
With tangerine trees and marmalade skies /
Somebody calls you, you answer quite slowly, /
A girl with kaleidoscope eyes.

Monday, May 28, 2007

BISTEC À LA BORGES




El insomnio, ya lo he dicho otras veces, suele ser un mal consejero aunque se haya convertido en un ruidoso amigo que te hace revolverte, incorporarte y algunas veces gritar. Contra él, siempre contra él.

Pero a los amigos, dicen, hay que cuidarlos. Quizás para que no se encabriten de verdad y te den un disgusto serio. Aunque tantas veces, ahora mismo, preferiría que no existieran. Ni siquiera en esta pantalla.

Ignacio Vidal-Folch nos contaba el sábado en El País, en una de las crónicas que titula Barcelona Museo Secreto, un paseo por la Rambla de Catalunya con Borges y Bioy Casares tras haber almorzado en el Avenida Palace, donde se hospedaban los escritores, aunque no especifica la fecha. Da una pista pero me da una pereza enorme buscarlo. Es cuando a Borges le invistieron doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona y dio después, o antes, una conferencia sobre el Quijote.

Me ha podido la curiosidad. O el insomnio. Y he buscado un poco. Ni sombra del doctorado por Barcelona ni de su conferencia. Le concedieron el Prix Formentor en 1962, compartido con Samuel Beckett, y el doctorado en la Sorbona, en Chile, en Harvard… Da igual. La cuestión insomne que me preocupa es el menú de ambos en el restaurante del Avenida Palace que en cualquier época pasada debía de ser tremendo. Bonito, desde luego, pero con una cocina chorreando veloutés y fondos oscuros y salsas españolas con o sin excusa. Pues eso. Borges pidió “su menú preferido”, a saber: “un bistec bien pasado, arroz blanco y, para beber, grandes cantidades de agua”. Bioy pidió fruta, sólo fruta, porque estaba a dieta. A Borges el agua le supo a gloria, “parece bizcochitos secos”. Y a Bioy otro tanto con las uvas, “con gusto a queso de chancho”.

No se si es bueno repasar el pasado porque sí, como suelo hacer la mayoría de estas noches. Sobre todo si es ajeno. Los cronistas antiguos lo hacían muy bien y resultaban muy entretenidos. Pla con sus dietarios en Destino, o Josep María Espinàs o Andreu Avel·lí Artís, Sempronio, en La Vanguardia, tan etnográficos y tan evocadores, y tan buenos escritores. Que lo mismo te contaban un salmis de pato que la historia de la alpargata catalana o un viaje al golfo de Roses en un Renault 4-4. Pero a nosotros, tan mediocres, nos puede despertar hasta el olor de esos tilos que ya no existen o el fru-frú de las servilletas de un hotel en el que nunca hemos comido. Cosas, supongo, de la edad. O de las malas costumbres.

Saturday, May 26, 2007

CONFITURA DE CALABAZA



Calabazate, mermelada de arándanos, de prunas, de moras, gelatina de frambuesa, de limón, de cerezas, licor de guindas, de melón, de naranja, aguardiente de ruda, de tomillo, de romero, crema de café, de yema de huevo, bénédictine, chartreuse verde y amarillo, confitura de albérchigos, de alvarillos, de albaricoques, dulce de membrillo, dulce de leche, dulce de dulce, arroz con leche, leche frita, leche merengada, horchata de chufas, horchata de almendras, horchata de arroz, té de desayuno, té del conde gris y de su esposa, te de Ceilán, la mesa puesta para el desayuno temprano, tostadas, huevos revueltos, jamón de york, una jarra de leche, otra de café negro y otra más de agua hirviendo. O con la mesa todavía revuelta tras el postre.

En silencio.

Thursday, May 24, 2007

HUEVOS DE LA SEÑORITA CRISTINA



Lo cierto es que me pasaba todo el día en las Ramblas, como dicen los críticos que pasa en todas las novelas catalanas. Pero aunque trataba que mi vida fuera una novela (o al revés) me pasaba de verdad. En las Ramblas y, lo que aún es más importante, en sus travesías. Donde estaba el despacho del detective Carvalho, las izas, las rabizas e incluso las colipoterras de Joan Colom y Camilo José Cela, la Biblioteca de Catalunya, que se seguían empeñando en apellidarla Central, el Marsella, el London, Casa Leopoldo y la cordelería Estellés, que es donde trabajaba la señorita Cristina.

Carvalho se mudó ya hace mucho tiempo, la Biblioteca ha recuperado su apellido, las hurgamanderas y las putaraçanas de don Joan y don Camilo cabalgan alrededor del campo del Barça y calzan botas de charol y tienen pasaporte y hasta médico de cabecera y la señorita Cristina hace tiempo que quedó como diluida rumbo a la ronda de San Antonio.

Habían empezado unas huelgas feroces en La Maquinista y en Harry Walker (“Ha-rry Wal-ker ven-ce-rá”, cantábamos a capella Albert Rossich, Pim Genovés y yo) y había guardias hasta en los sueños. En las pesadillas, tras un cocido nocturno con lacón y “patacas”, que a mí me parecía estupendo, en “O nabo de Lugo” de la calle Aviñó, se me aparecía el arcángel San Gabriel uniformado de gris, a caballo y con una capa como de cruzado, con la laureada de San Fernando bordada en rojo carmín y dando bastonazos a todo el mundo, en tropel. La señorita Cristina, de la que yo era cliente, sabía alguna cosa de San Fernando pero muy poco de Harry Walter, que podían haber sido marcas de coches o compañías de seguros. Y lo eran, en cierto modo.

La señorita Cristina me atendía sin sonrisa precisamente porque no la poseía: tenía dos líneas estrictas como labios, un poco violáceas, y unos ojos miopes fantásticamente azules pero que tampoco miraban nada. La señorita Cristina, un poco hombruna y como misteriosa, era en realidad una estatua sedente, siempre sentada ante la caja de la cordelería Estellés tras un leve cristal con una estampa de San Pancracio un poco ladeada y una ramita de laurel con una cinta con los colores de la bandera nacional. La señorita Cristina, sedente, asturiana e inexpresiva, un día, al ir a pagarle un carrete de hilo de cáñamo, me dijo que si lo quería para ligar el lomo pues que era demasiado grueso. "Tenga este otro". Y lo cogí. Entonces fue cuando le descubrí los ojos y me dijo que vivía con su madre detrás de la Biblioteca, cerca de la oficina de Carvalho y lejos de todo, probablemente hasta de sí misma.

La invité a un café. Esperé a que cerrara la tienda, apoyado en el quicio de una mancebía (mancebo era, y coplista mi corazón), me cogió del brazo y nos sentamos en un banquito al fondo del American Soda, pidió dos cruasanes y un café con leche y yo un vaso de ginebra sola, con una rodajita de limón. La señorita Cristina por lo menos me llevaba quince años pero a ella le dio igual y entonces le conté que había conocido a Terence Stamp y a un primo cordobés de Nino Manfredi y hasta a un pariente manchego de Paco Rabal. Primero me dijo que me fuera a confesar pero luego se rió mucho y no dejó de darme palmaditas en las rodillas. Luego ella me habló de un banderillero y de un ayudante de cocina del hotel Manila, al que le había regalado una foto vestida de zíngara y al final, claro está, me habló de su madre. Entonces la señorita Cristina pidió una copita de anís, se la bebió de golpe y ahí acabó todo.

Tardé mucho en volver a la cordelería y al cabo de los años, cuando Franco agonizaba, había empezado la Marcha Verde y los moros de las Ramblas te empezaban a mirar raro, los hermanos Estellés, los cordeleros, me dijeron simplemente que la señorita Cristina ya no trabajaba allí. Les pregunté si sabían su dirección y me la anotaron, torpemente, al borde de una hoja de “El Noticiero Universal”, justo encima de las receta de los “huevos nevados”.

No fui nunca a su casa. Pero me guardé la receta, a la que le falta un trozo, que luego me inventé: se lavan y se cuecen unas espinacas en un poco de agua con sal. Cuando están hechas se pasan por un chorro de agua fría, se escurren y se pican bien finas. Se untan de mantequilla unas rebanadas algo gruesas de pan inglés, por las dos caras, y se coloca encima de cada una un poco del picadillo de espinacas, dejando un hueco en el centro en el que va una yema de huevo cruda. Se baten seis claras a punto de nieve firme y se cubren las rebanadas de pan adornándolas con unos piñones y unas pasas de Málaga sin rabo, lavadas y secas con un paño. Se fríen las rebanadas, boca arriba, en una sartén ancha y con bastante aceite, bañando las claras con la espumadera para que se doren bien. Se escurren y se sirven en un generoso lecho de berros, bien lavados y secos y adornados, alrededor, con rodajitas de naranja, para dar color.

Monday, May 21, 2007

RECEITAS



Poco después de publicar el post anterior sobre la ensalada monástica, gallega y transeuropea me encuentro con esto, que viene a redundar en la facilidad del chiste y en la fragilidad del arte. Cosas ambas si no perniciosas en sí, tópicos con los que la vida se hace aún más complicada: pero me he muerto de risa al ver reseñado en mi diario de arte favorito ese título para una exposición de arte joven que es justo eso, un chiste para soltar una carcajada. Antes de cenar.

Los tiempos nunca suelen estar para solemnidades excepto en las jornadas de reflexión, que son muchas. Aunque el albariño, el txacolí y el alella, todos más o menos blancos, le van muy bien. Y no sólo en vísperas electorales. Pero esos chistes, qué quieren que les diga, ni para las sobremesas.

Saturday, May 19, 2007

ENSALADA CÉSAR, SUSANA, LEOPOLDO



Leopoldo Nóvoa es un artista excepcional. Y aunque hace mucho tiempo que no lo veo lo sospecho, poco abrigado en París (en Nogent) o demasiado tapado en Armenteira, en Pontevedra, cerca de un monasterio benedictino, benedictino él, trabajando encerrado en su casa-escultura con sus manos entre Cuerpo Diplomático y canteiro de granito rosa.

Leopoldo, además de tener una casa como un monasterio y un oficio como de monje (y de soldado), tiene una mujer, Susana, que invita extraordinariamente a comer, hace la compra medio en francés y cocina con una mezcla, sabia, de un barrio –supongo que residencial- de Montevideo, donde nació, esa aldea de Pontevedra donde viven durante unos meses y la región de la Marne donde pasan los restantes. Y el resultado es siempre excepcional. Pero me detengo en su ensalada César, clásica en muchas mesas, sencilla y rotunda.

Se trata de una ensalada tibia a la que el aire monástico de la casa (y un buen albariño bien frío) no le viene nada mal. Susana lava la lechuga, la escurre bien, la corta en trozos no demasiado pequeños, la pone en un bol profundo, le añade unos trocitos de tocino entreverado bien fritos en un poco de aceite de oliva y la rocía con el aceite y la grasa de ese frito. Y luego, sin demasiada parsimonia –pero con unción, y sonriendo- le añade cuadrados de pan frito (costrones). Revuelve y sirve.

La ensalada Leopoldo –o Susana- es una ensalada de invierno, matizada por esa tibieza del aceite frito (¿por qué tibieza es femenino, y no tibiez?), acompasada por las gotas de lluvia, mansa, amansada seguramente por los monjes de Poio y confitada, a veces ferozmente, por la desmesura de la conversación, la promesa del canard tout simple (en su propia grasa), del trou normand con un aguardiente de ruda antes de los quesos, de los melindres de Silleda con el café y, por fin, de la visita parsimoniosa a los cuadros nuevos, esos lienzos petrificados, violentos. inmensos.

Tuesday, May 15, 2007

OLDENBURG FRUITS (& CO.)




El domingo pasado hicimos una de nuestras excursiones matinales, urbanas y artísticas barcelonesas para aterrizar, temprano, en la recién abierta (recién desperezada) Fundació Joan Miró de Barcelona para devorar, sensu estricto (o estricto sensu, como dicen los abogados) la fantástica exposición de Claes Oldenburg y Coosje Van Bruggen.

Se trata de una exposición imprescindible con piezas, muchas de ellas, que nunca habíamos visto más que en los catálogos, una impresionante galería de apuntes, esbozos y estudios preliminares y, sobre todo, una inmensa mesa, así es, con decenas de maquetas, proyectos, objetos y souvenirs, en su mayoría propiedad de los artistas, y que enseñan y conservan ese encanto de lo previo, a veces de lo improvisado pero, sobre todo, de lo íntimo.

Son muy conocidas sus obras con “esqueletos” de peras y manzanas, inmensos, sus hamburguesas de porex, sus enloquecidos desayunos basculantes de madera, lona y poliuretano, sus bodegones completos o a medio comer. Excelente todo, el montaje, la luz, las piezas históricas e incluso las recientes. Lo único que no nos gustó fue el titulo de la exposición, Escultura, potser (Escultura, quizás) porque abre un espacio nos parece que desmesurado a la duda y duda no hay ninguna. Se trata de escultura con mayúsculas, de piezas excepcionales que resumen toda una manera de hacer, desde hace tanto, y que ya forman parte desde hace mucho tiempo de nuestra galería de iconos personales (y colectivos), artísticos e incluso alimenticios. Comestibles, mejor.

La excusa de la excursión era esa y la novísima feria de arte contemporáneo Swab, de la que ya hablamos ampliamente en otro sitio, que nos dejó con hambre pero sin ganas de comer. Ya lo contaremos otro día.

La ilustración es antigua. Se trata de la pieza Ice Cream Being Tasted, de 1964, y pertenece a la Albright-Knox Art Gallery de Buffalo, N.Y. Pero la hemos puesto ahí porque nos gusta mucho: Ice cream & the Oldenburg’s sculptures. Indeed!.

Friday, May 11, 2007

SANT PONÇ



Durante todo el día de hoy, festividad de Sant Ponç, se celebra en la calle Hospital y aledaños de Barcelona la tradicional feria de productos de herbolario, plantas aromáticas, miel, frutas confitadas y caramelos para la tos, para la carraspera o para el mal de amores, que también hay.

Sant Ponç, malamente traducido como San Poncio aunque durante el franquismo se quedó en San Pons, es abogado contra las chinches y durante años los devotos vecinos del carrer Hospital, a la izquierda de las Ramblas, ponían bajo sus camas hatillos de romero y manzanilla o cuatro rosas (”les roses de Sant Ponç”) para que les libraran de los insectos y les confitaran, de paso, el sueño. San Poncio y San Cipriano, diáconos de Cartago, fueron decapitados a mediados del siglo III d.C. y los insectos hicieron el resto. En memoria de su martirio y de la piedad de nuestros paisanos vamos a adornar ese trozo de bizcocho con naranja y ciruela confitada (nuestras preferidas), a regarlo bien con almíbar y a rezarle un padrenuestro al santo para que nos libre, por lo menos, del insomnio. Que sería maravilloso.