Wednesday, September 10, 2008

MARISQUEIROS DE CARRIL



Prefería no escribir más sobre esto pero, qué quieren que les diga, estoy enganchao al tema, como dice mi vecino quillo.

Todo porque, sin querer, me llegan bastante a menudo noticias de Galicia, que no hablan de vieiras precisamente, y que rebuscando, como le dije a un contertulio en uno de los comentarios, encontré un estupendo artículo de Manuel Gago en su blog, Na busca do ouro salgado: furtivismo nas costas galegas, que me transportó de una vez por todas a alguna de mis rías preferidas y sobre todo a Vilanova da Arousa donde el periodista me presentó, es un decir, a Pantera Rodríguez, el boxeador que trabajó como vigilante en su cofradía de pescadores.

Tremendo artículo que me dejó un olor extraño en este teclado durante un buen rato: a otro salitre, a otro sudor y, a lo mejor, a otras lágrimas.

Porque de eso estamos hechos además de polvo y de ceniza. Cuando llevaba apenas un mes en Galicia (circa 1984), dedicado a menesteres varios, tras una noche de copas en la Compostela más feroz de aquellos años, empezando en el Modus después de cenar para acabar en el Black de madrugada, me llevaron a ver salir el sol en Noia o en Ribeira, ya no me acuerdo, porque a lo mejor, mediterráneo picajoso y algo ebrio, echaba de menos ese salitre y ese sudor de los que hablaba. Nada de lágrimas. Ver salir el sol al revés, por la tierra (aquí nace en el mar), me gustó tanto que lo repetí cuando pude, y durante años, desde el cabo Vilán hasta Samil, porque era como si la noche no se fuera a acabar nunca en el mar. Se iba poquito a poco.

Ahora todo esto, y algunas cosas más, me han quitado de repente la sal y el sudor, con el calor que está haciendo, y me he dejado llevar. Porque no soporto ninguna brutalidad con lo que he querido tanto tiempo. No soporto que me roben el paisaje, no soporto que decidan los otros, no soporto que me engañen.

Ya está visto que el sol, salga por donde salga, no sale para todos.

N.: La foto, muy bonita, la he encontrado en Flickr, se titula así, Marisqueiros de Carril, y su autor es Martin’s.

Tuesday, September 09, 2008

BLOGASTRÓNOMOS


No quería meterme en el asunto de las vieiras de la ría de Ferrol y la presunta implicación de la cocinera Toñi Vicente porque me parece feo de verdad por todas partes y no tengo ni la suficiente información ni el criterio adecuado. Ni aunque lo tuviera.

Pero me permito recomendar que se lea sobre todo (y además) a los blogueros gastronómicos gallegos, sobre todo a Colineta y a Capítulo 0, ambos conocidos periodistas, y esperar a que el Gourmet de provincias vuelva de vacaciones que seguro que tiene mucho que contar. Y no echar más leña al fuego ni intentar apagarlo con gasolina, como dice muy bien Miguel Vila.

Pues eso.

Monday, September 08, 2008

LA GUERRA DE ESTHER TUSQUETS


No debería hacerlo pero no he podido evitar ponerme a hablar del libro Habíamos ganado la guerra, de Esther Tusquets, cuando sólo llevo leídas cuarenta y dos de sus doscientas flamantes páginas. Pero no he podido evitarlo.

Estoy deseando volver a la casa de la Rambla de Catalunya, al estreno del cine Alexandra, a los miedos infantiles, a las visitas de una de sus tías al Cristo de Lepanto para pedir novio y a las tatas sombrías o vocingleras. Y ver cómo iba creciendo la niña Tusquets en un ambiente que me resulta muy próximo, salvada sea la diferencia de edad, aunque tampoco tantísima, y digamos una cierta orientación geográfica y desde luego curricular. Pero ese “Arroz capaz de sanar todos los males, incluidos los del alma”, lo único que era capaz de cocinar su madre (la mía ni eso) y esa ensaladilla rusa que las tatas posteriores servían como homenaje descarado a su pasado comunista (una anécdota que parece inventada), valen un imperio. Y por ese Imperio, ya se sabe, hacia Dios.

N.: La ilustración no corresponde a ninguna imagen de la familia Tusquets. No logro recordar de dónde la he sacado (soy un archivero deplorable, entre otras cosas) pero es fácilmente identificable Carmencita Franco Polo, en el centro, y el busto de escayola de don Miguel de Cervantes, al fondo, aunque desconozco la identidad del niño guardiamarina y de sus amiguitos falangistas.

Friday, September 05, 2008

SOPA DE ALMENDRAS DE LOS ANGELITOS


Hace un rato, cuando todavía confiaba en poder dormir digamos que dentro de un horario civilizado, me he entretenido contándole una intimidad a otro bloguero gastrónomo (gastrólogo, gastrívoco, gastroenloquecido) a propósito de los melocotones con vino que bien visto ahora, en pleno fervor insomnial, no era para tanto. Ni la anécdota ni la intimidad. Pero me he sonreído durante un buen rato lleno de añoranza gastrointestinal y puede que un poco más hacia abajo, donde las convicciones suelen perder su (buen) nombre.

Con la sonrisa puesta me han ido pasando las horas, los suplementos de los periódicos atrasados, un recetario impresionante de una tal Jefferson School impreso en Cali (Colombia) en 1967, para las buenas alumnas que supieran inglés (en Cali, Colombia), una antología de textos de Jesús Aguirre, Duque de Alba, que editó Turner en 1989 (para buenos ex alumnos del colegio del Pilar) y varias delikatessen que suelen rondarme en ocasiones así. Pero no. Ni así.

Y entonces, al empezar un recorrido patoso por las estanterías de esta habitación de izquierda a derecha (¿por qué no cambio nunca el rumbo?) me he dado cuenta de que el refugio de mis pecados, a esta distancia de la cocina (y a estas horas), son los breviarios cociniles que tengo a dos palmos y que me entretienen más porque suelen estar mejor o peor escritos, incluso mal, pero me revuelven, de una vez y en espiral, cabeza y estómago y eso parece que es bueno para conciliar el sueño.

Y ahí estaba (siempre está) don Ignasi Domènech y La teca, libro del que ya hemos hablado otras veces, y su Tercera Parte de postres más bien conocidos (todos son conocidos) pero contados con un candor extraordinario, sobre todo en el epígrafe “La hora del té…” con unos puntos suspensivos que no tienen precio. ¿A que no se atreve el hermano de Ferrán Adrià a titular así un capítulo? ¿A que ni falta que le hace?.

Total que antes del té, a la hora de los postres-postres, don Ignasi nos ofrece esa sopa de almendras tan fácil que lo mejor que tiene es el título. Y si llego a tener almendras me hago una versión exprés, que supongo que saldría bien.

Todo esto para intentar conciliar el sueño (¿por qué no se concilia el sueño conmigo?) y a lo mejor por culpa de la añoranza de unos melocotones. Lo cierto es que con este silencio no hay quien duerma.

N.: La ilustración aparece en la página Boxylucha a la que no he podido acceder en su totalidad al no estar inscrito, sobre todo por carecer de un interés más decidido pos sus contenidos, de indudable valor.

Tuesday, August 26, 2008

LA DIETA DE GIACOMO CASANOVA



Las casualidades suelen ser, a la hora de escribir, buenos puntos de partida si no los únicos. El domingo pasado, antesdeayer, estuve deambulando un rato, como acostumbro, por el mercadillo de antigüedades que se monta al lado de mi casa. La gente se suele quejar porque hay un poco de todo, ni más ni menos como en todas partes, porque el plástico compite con la madera, la escayola con el bronce pero al fin y al cabo se venden, o se intenta, los restos de un país pobre hasta ayer mismo.

En el rincón más desesperado de esa venta ambulante, donde la herrumbre convive a sus anchas con el olor a sardinas y a chipirones fritos, donde el sol parece que va a acabar de derruir los últimos restos del foro romano (esto fue una de las capitales de la Roma antigua), ahí, apoyados en un lienzo de muralla, estaban dos adolescentes marroquíes con los deshechos de los deshechos pero no tanto. Sobre un paño que algún día había sido color púrpura (¿imperial?) yacían muñecas descabezadas, zapatos sin par, desparejados, fotografías rotas, querubines sin alas, marcos sin cuadros, bandejas sin asas, y en el centro, como un túmulo, un montón abigarrado de libros que pelaban por no desteñirse más al sol, por encontrar dueño, por ser leídos.

Y había de todo, claro está. Y no del todo malo. Me quedé con tres, dos que no los digo y otro que me entretuvo el resto del domingo y me hizo trasnochar. No lo conocía y me ha gustado tanto como el sol, como el domingo sin misa, como el vermú Yzaguirre con un chorrito de sifón y una aceituna.

Un feroz apetito, de Marina Pino, narra en un tono fantástico, culto, divertido, con sentido del humor y con un desparpajo al que no estoy acostumbrado las aventuras culinarias y gastronómicas del caballero Giacomo Casanova desde el preludio, fantástico, de su alumbramiento en una Venecia fétida y feroz, hasta la decadencia final tras numerosas y sabrosísimas aventuras y desventuras arriba y abajo de Europa.

El libro, que mereció el premio Sent Soví en el año 2001, está estupendamente escrito y se lee de un tirón, un tirón mucho más leve que las Memorias del caballero de Seingalt, de las que creo que nunca pasé del primer tomo, y resulta que una tarde calurosa y media noche más fresquita de mi agosto mediterráneo me hizo acometer el Grand Tour sin esperármelo, de Venecia a París, luego a Ámsterdam, a San Petersburgo, al Madrid de Sabatini, de mesa en mesa, de vino en vino, con elogios a los quesos, a las posadas, a los pasteles de carne, al mar que nos hace ir y venir, aunque nos quedemos quietos.

Este mediodía miraba unas nubes torvas desde mi playa que seguramente empujaban hasta mi casa dos eolos venidos a menos (o a lo mejor a más) que hacían lo mismo que yo desde Paestum, por ejemplo, bastante cerca de Nápoles y donde las playas ya son un poco menos negras y, desde luego, mejores. Todos súbditos de Roma, unos mirando hacia aquí y el otro hacia allá. Y me he acordado del plato que el caballero Casanova citaba como uno de los mejores de su atropellada vida en el Epílogo a su libro: el timbal de macarrones napolitano, el monstruo dorado, la cocina como monumento literario desde el barroco de Casanova hasta ayer mismo, vísperas de la decadencia: pizza & pasta.

Hace justo un año me desgañité con otro timbal, ese más sorrentino, el del príncipe de Salina en su verano airado, al inicio de El gatopardo, cocinado entre Lampedusa y Visconti. Este mediodía no me he atrevido a cocinar: mi barroco dorado termina en una tortilla de patata y cebolla y le sigo poniendo demasiado vinagre a la ensalada. Dieta, pues (de nuevo) como el caballero de Seingalt al final de sus días y cuando las cosas venían mal dadas. Ayuno y sol. Y la mejor literatura.

Thursday, August 14, 2008

CALAMARES



Mi pueblo huele a fritanga, a pólvora y a albahaca, pero no por ese orden. La albahaca se la ponen al Santo Patrón, San Magín, del que ya hemos hablado otras veces, un santo simpático y aguador, de esos que parecen que sonríen y a los que se les pide agua y va y la concede, aunque sea poca.

Mis vecinos, algunos, los más pacatos, se han olvidado de las rogativas y se fían más de los comentarios meteorológicos de TV3 que de unos buenos rezos para mojar, por lo menos, las conciencias. Así les va.

Nosotros, tan pacientes y tan conmiserativos, vamos a ir a la primera misa del día 19, a las cinco de la mañana, con los pescadores y los castizos y los que alargan la fiesta hasta el desayuno temprano y algo resacoso. Pisando la albahaca, muriéndonos de calor y oliendo a gloria bendita.

Pero antes (y después) va a estallar la pólvora con todas las asunciones y los tránsitos del día de la Virgen, mañana mismo, la frontera entre el yo sudoroso y el superyo acostumbrado (lavado y relavado). Y al día siguiente San Roque, fiesta grande en Altea, en Laredo y en Trasobares, y en un barrio cerca de mi casa donde se come sandía y calamares, y a veces por ese orden. Otros años me ponía nervioso y me echaba a correr. Pero éste, a lo mejor es cosa de la edad pero estoy deseando que estalle el verano y que se me peguen al cuerpo las pepitas de sandía y el olor a pólvora y albahaca para celebrar que vivos seguimos unos cuantos y que nos gusta oler a calamares. Como el Reina Sofía.

MISERACHS


Hoy hace diez años de la muerte de Xavier Miserachs, ese artista extraordinario que fotografió parte de nuestra cotidianeidad con una soltura entre periodística y canalla, gotas cultas y aderezo popular (sal y pimienta, azúcar, canela y clavo).

Diez años, a pesar de que de tanta rabia de que se muera la gente, no son casi nada.

N.: La ilustración corresponde a la conocida fotografía titulada Laietana, también llamada El piropo, y es de 1962.

Thursday, August 07, 2008

EL GOURMET, EL COCINERO, EL MECENAS Y EL SEÑOR TORRES MUÑOZ


En un cine de mi pueblo han programado para este mes un ciclo bautizado, con bastante poca gracia, Gastronomía y cinema. La cosa empezó el lunes, en pleno fragor canicular y con los periódicos nacionales anunciando males, qué digo males, peores, nefastos tiempos para el contribuyente que se verá obligado a vender su segunda residencia, su tercer coche y a lo mejor hasta a su cuarto marido por culpa de la crisis económica. Fragor por fragor, las páginas centrales de esos mismos periódicos han ido aireando sin mucho ton y con ningún son las aventuras y desventuras de Paul Bocuse, cocinero, y de Pascal Henry, motorista-barra-gourmet, al salir de El Bulli, que suene a comedia hortera, quizás porque a lo mejor lo es: Al salir de El Bulli.

Los ingenuos y poco avezados programadores del ciclo de cine gastronómico empezaron, craso error, con Un toque de canela, una película bastante cursi de Tassos Boulmetis (bastante griega y bastante cursi), a la que sólo salva el protagonista, Georges Correface, el guapo guía turístico que retozó con Ana Belén en el pasillo de un autobús en plena pasión turca, y que lo mismo hace de turco que de griego-turco (¿aturquestado?) y que sonríe de maravilla. Pero no es forma de empezar un ciclo. Dentro de unos días los programadores harán lo que tienen que hacer y proyectarán Deliciosa Martha y El festín de Babette y el lunes día 25 de agosto, el día en que murió Nietzsche, el documental de Saura y de López-Linares El pollo, el pez y el cangrejo real, que también ha visto todo el mundo. Menudo día y menudo documental.

Pero las cosas son así. Se ve que son así. Como hace calor, gastronomía, que es más ligera que la política y mucho más que la metafísica. Por ejemplo. Hoy mismo se ha acabado de rodar en Arenys (o en Sant Pol, no estoy seguro) una película de Joaquín Oristrell que se va a titular ni más ni menos que Dieta mediterránea y que protagonizan la hija de Ángela Molina y Paco León, el de la serie Aída (que también, alguna vez, ha visto todo el mundo). La historia va a repasar cuarenta años de la vida española, y suponemos que se trata de la vida cotidiana, y el director se ha despachado con una frase que ha hecho estremecer mis ligeramente más prietas carnes (beneficios del sol y de la dieta): “la evolución de una España que pasó del puchero de lentejas a la cocina tecnoemocional podrá percibirse en la evolución de los personajes y su historia”. ¡Toma ya!. También supongo que esa será su España y a lo mejor la de Carme Ruscalleda, porque en la mía los potajes eran de garbanzos, de gabrieles, y los viernes viudos y con espinacas, y la única revolución tecnoemocional en mi casa fue el gas ciudad, puestos a trascender en cuanto a técnicas y a emociones.

A todo eso, el empachado gourmet motorista, monsieur Pascal Henry (¡un motorista con mecenas!), sigue dando que hablar y que escribir e incluso que presumir, como hace hoy el señor Màrius Carol en La Vanguardia al contarnos su última cena en El Bulli, justo un mes después que el motorista, y donde nos ha dado una lección de politesse, de gourmetismo e incluso de sommelierismo pero que se equivoca en una cosa cuando dice que el tal Pascal Henry se despidió “a la francesa” (y lo dice en serio) porque no se despidió (o se despidió poco), lo hizo à la suisse romande, que es otra cosa, y quedó como un quillo que se marcha sin pagar del merendero. Y empachado, seguro, y harto de Bocuse y de la guía Michelin y, lo peor, con el estómago encharcado porque sólo bebía agua.

Hay por ahí unos desaprensivos que han ofrecido una recompensa (una recompensa estupenda) al que ponga final a la historia. No nos vemos capaces porque hemos cometido la torpeza de recortar y archivar todo lo que se está contando sobre el caso, hay nos hemos asado de calor al volver de la playa (nueva torpeza) y el hígado se nos ha puesto tan trufado como el de la receta de un amigo para un foie con trufas blancas y ríos de armagnac y otras barbaridades por el estilo y que bautizó, muy sabiamente, foie del señor Torres Muñoz, en homenaje a su bicarbonato y al bienestar que sigue procurando a los estómagos atrevidos. Esa es mi España, la del señor Torres Muñoz. Y olé.

Tuesday, July 29, 2008

WITH PLEASURE



No hay que darle muchas vueltas. Después de una ensalada liviana y un buen pedazo de queso manchego semicurado (de espantos y de precios) he vuelto a esta pantalla porque seguramente es lo que más me gusta, escribir, y lo único con lo que no me siento obligado. Porque puedo poner una palabra detrás de la otra, hacer que encajen, más o menos, y justificar mi falta de literatura contando la literatura de los demás. Pero para eso sirven los diarios o estos magníficos artefactos que te permiten pensar, escribir y editar todo ello en pocos minutos, porque soy de los que piensan mientras escriben, no de los fatuos que dicen que lo hacen emocionados.

Hace un par de horas, antes de la ensalada, he pensado en escribir sobre Silvia Pinal, la Viridiana de Buñuel, que resulta que está pasando una mala época por culpa de una nieta díscola. Y he buscado la receta del buñueloni, el cóctel que don Luís perpetraba sustituyendo el Campari por Carpano y poca cosa más. Y entonces me he distraído en dos o tres páginas de Mon dernier soupir, esa biografía tan hermosa y tan triste a la que acudo alguna vez para recordar quién era el director del MoMA que le ponía al hielo del negroni pernod en vez de angostura o en qué numero de la rue Fontaine vivía André Breton, el 42, me parece. Tonterías así que, además, es imposible encontrarlas en Google. O a lo mejor sí.

Un poco más tarde, entre la ensalada y el queso, me he entretenido en averiguar qué comen los turistas americanos en Bayreuth porque estaba escuchando el tercer acto de La Walkyria que ha dirigido Christian Thielemann y que ha acabado no hace mucho. Brunilda y Wotan seguro que han tomado algo tibio (o lo están haciendo ahora mismo), pero los asistentes al festival tienen tiempo hasta las doce para cenar en el Lohmühle carpa fresca con ensalada o filetes de “zander”, que no sé lo que es, con salsa de almendras y patatas con perejil. Pero tampoco.

Se está enfriando el té, un buen, honrado y estricto té con limón y un poco de canela que dentro de un momento voy a rebautizar con dos cubitos de Fontvella y a lo mejor a bebérmelo de golpe, que es una mala costumbre. Ni un solo ruido civilizado en mi calle, y, lo acabo de ver desde el balcón, un novio despidiéndose de una ventana anónima, andando hacia atrás y echando besos al vacío, oscuro, y con los ojos brillantes. Despacito, haciendo un ruido acompasado con sus Nike, un chic-chic casi litúrgico. El amor, el verano y el silencio, lo mejor del mundo.

N.: La fotografía es de una parte muy austera y muy pretérita de mi familia en un veraneo, parece que luctuoso, en Santander. De luto riguroso, vamos. El amor no sé por donde andaba y el silencio, se les supone.

Wednesday, July 23, 2008

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO



El último verano, de repente, es éste. De momento. Pero no me puedo imaginar a Monty Clift comiendo escalivada ni a la pobre Liz Taylor sudando en su roulotte. De repente se me ha hecho tarde y también de repente me he puesto a celebrar que aquí hace menos calor que en Nueva Orleáns, que este año las berenjenas están magníficas (y las picotas y hasta unos melocotones pequeños que casi saben a verano de Fraga Iribarne), y me he puesto a asar esas berenjenas al son de los Proms del Albert Hall en mi querida Sony, que no se oye ni bien ni mal pero que, de repente, me ha hecho llegar tarde hasta a mi cita habitual con este blog, con los dos deditos de whiskie, con el chorreón de perrier y con mi traición gazpachera, grosso modo. Este año no hay gazpachos –casi- ni demasiadas cosas crudas. Conmigo tengo bastante (vuelta y vuelta).

La cuestión es que he puesto seis berenjenas pequeñas en la parrilla, no en el horno porque el horno las deja aguadas. A los pimientos no. Pero no tenía pimientos. He ido dando vuelta a las berenjenas, apretaditas en su parrilla pero respirando un poco, colocadas cara-con-culo, barnizadas – a mano- con un poco de aceite de oliva y enteras. Un buen rato por cada lado, que han sido cuatro: de norte a oeste. Me he quedado quieto, bien quieto, mientras crepitaban, mientras se iban quejando, desgajándose y soltando unos pitidos débiles y como agradecidos. Al cabo de más de media hora las he ido retirando, de dos en dos y quemándome los dedos, y las he envuelto en papel de periódico para que se entibiaran, se maceraran aún más y así, como hacían los antiguos, poder pelarlas mejor una vez frías. O casi.

Al abrir las hojas del diario me he dado cuenta de que las dos primeras habían yacido envueltas en un artículo de Antonio Muñoz Molina con una foto, espléndida, de Mrs. Herbert Duckworth hecha por Julia Margaret Cameron y que se conserva en el Metropolitan. Las dos siguientes se entibiaron junto a una fotografía esplendorosa de Juliette Gréco tomada en un concierto en París, en 1964. Y las dos últimas habían convivido con una reproducción de la obra Obstrucción, de Man Ray, que ahora se puede ver en el MNAC. La cuestión, ahora, es si hago caviar d’aubergine con Juliette Gréco, una simple escalivada con Man Ray o me atrevo a inventar algo con Mrs. Duckwort. Un mar de dudas que ha durado media hora más, de repente. Y luego he cenado dos crackers con un jamón menos que pasable y me he puesto a escribir.

El verano, de repente, es lo que tiene. A menos gazpacho, peores intenciones. Y a malas intenciones: ¡escalivada!.

Monday, July 14, 2008

PERINDE AC CADAVER


San Ignacio escribió en sus Constituciones Jesuitas, y en conocida frase, que en su Orden había que tener obediencia ciega al Papa y a los superiores “del mismo modo que un cadáver”. San Ignacio aludió también a los bastones de mando y a otras rigideces parecidas y nosotros, que no somos muy dados a obediencias extremas aunque sí solemos entretenernos con los Ejercicios ignacianos casi tanto como con el recetario de la marquesa de Parabere, hemos obedecido a ambos no diría que con rigor mortis pero sí con algo de condescendencia, acomodados a la bondad de ambos, del Santo y de la señora marquesa.

He amanecido con el estómago un poco a la funerala, del revés, vamos, por culpa de un largo e intenso fin de semana con un colofón nocturno, de domingo por la noche, que vale más no recordar. Y la mañana la he pasado un poco al bies, de puntillas y con todas mis convicciones, más bien antiguas, por los suelos. Entonces he escrito un articulillo esperando mejorar pero no ha sido hasta que me he acordado de San Ignacio y de doña María Mestayer de Echagüe, en obediencia más devota que ciega, cuando me he decidido a salir a comprar un poco de ternera y otro poco de gallina y he amañado un fantástico consomé de ave con un puerro, una cebolla, zanahorias, un hueso de jamón, pequeño, y su poquito de sal y su mucha paciencia (más de dos horas).

Y como somos de bastante celebrar le hemos llamado consommé, a la francesa, hoy que es 14 de abril y nuestros vecinos conmemoran, más que nada, el inicio de las vacaciones. Póngase, pues, un poco de obediencia ciega, una brizna de manual de Espasa Calpe y un cacillo de sentido común a cocer junto a las carnes y las hierbas, déjese reposar y aguarde. No espere, aguarde. Entre el estómago y el entendimiento hay mucha distancia y el verbo aguardar, lleno de esperanza, suele ayudar a acortarla. O eso me ha parecido.

N.: La bonita taza de consomé pertenece a la colección Ocean de Porcelanas Bidasoa, en su versión simple.

Sunday, July 06, 2008

ARROZ MAGRO DE FERRAN AGULLÓ



O no cocinamos o lo hacemos atropelladamente o, cuando nos ponemos a trascender, lo hacemos a golpe de literatura cosa que no sé muy bien si es buena para nuestro estómago pero que últimamente me da por pensar que no es ni saludable para nuestro intelecto. Bueno para ambos recipientes, imposible.

Llevamos algo más de dos años intentando demostrar (pensando en voz alta) que la racionalidad en la cocina es tan mala como en la vida eclesiástica. A los canónigos de mi pueblo, por ejemplo, les ha dado por ser frugales pero eso no quita que en casa ajena (a los canónigos les gusta mucho que les conviden a comer) se den no digo a la sinrazón pero sí un si es no es a la desmesura. A los canónigos de mi Sede (la Suya, desde luego), además de los pulpitos encebollados, como contaba don Álvaro Cunqueiro, también les gustan las pechugas villeroi y el bacalao con sanfaina y con eso sí que no suelen hacer excepciones.

La cuestión es que esta mañana ha amanecido raro, una tormenta seca y corta ha venido a anunciarme un calor saltarín, primero, y luego ya sofocante, hacia la hora del Ángelus, y tras el tercer café el estómago me ha recordado que ayer me porté mal, un poco como los canónigos mediterráneos, y que necesitaba en primer lugar entretenimiento y después un menú balsámico y un punto conmemorativo. La solución me ha llegado por la vía habitual, la estantería de la derecha, y hemos acudido a don Ferran Agulló y su Llibre de la cuina catalana, del que creo que no hemos hablado nunca y bien que lo lamentamos. Y lo que son las cosas, resulta que el pasado día dos hizo setenta y cinco años de la muerte de don Ferran. La edición que manejamos es un facsímil de la segunda del libro de Agulló que la editorial Altafulla comenzó a editar en 1978. Lleva un prólogo poco consistente de Llorenç Torrado y recoge un articulo que le dedicó Josep Maria de Sagarra a los pocos días del fallecimiento de Agulló, el dos de julio de 1933.

El libro que escribió el poeta, jurista y sobre todo secretario general de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó, tiene un aire ligeramente etnográfico y las recetas están escritas con una candidez conmovedora. Agulló no era mal poeta y Pla le dedicó unas palabras, lo que ya era mucho para el ampurdanés, casi al final de su miscelánea Un senyor de Barcelona, diciendo que se trataba de (traducimos) “quizás el mejor libro moderno sobre cocina”. Moderno hasta 1942 pero quizás hasta mucho después. A Pla no le caía bien Ignasi Doménech, aunque no lo dijera, ni mucho menos Rondissoni que, de todas formas, anduvo muy olvidado hasta los años 70. Y a Pla tampoco le gustaban los recetarios.

Total que entre conmemorativos, acalorados y necesitados de una buena dosis de sabor local le hemos copiado a medias la receta a don Ferran que, según cuenta, comió el plato muchas veces en el Hostal d’En Rata de Cassà de la Selva. Bravo pueblo. La receta empieza como un poema o como un epigrama aunque luego se hace prosa de repente. Dice: “Aceite, el sofrito, con pimiento rojo por añadidura, asado o en conserva; el arroz; todo bien sofrito. Si los hay, unos guisantes; el agua”. Maravillosa estrofa que queda un poco fofa traducida pero que siempre me ha sorprendido: “Aceite…el agua”. Fantástico.

Entonces, ya en prosa, hay que hacer una picada en el mortero con queso seco (“de payés”, dice, “o de Holanda”), almendras tostadas, uno o dos dientes de ajo, una ramita de perejil y dos anchoas limpias y desaladas, que se añade al arroz sofrito e hirviente al cabo de cinco minutos. Magro y cabal. La Lliga Regionalista tenía ese año de 1933 más de un problema (creo que entonces Cambó ya estaba enfermo) y el pobre Agulló se ahorró los seis años siguientes que, con este calor o con un calor parecido, fueron de bastante mal pasar. Incluso con una buena ración de arroz magro.

Monday, June 30, 2008

GABRIELES (COCIDO'S CHICK PEAS)



También nos gusta Màrius Serra, excelente escritor que vive en el barrio de Horta de Barcelona, que publica diariamente dos crucigramas, uno en catalán y el otro en castellano en el diario La Vanguardia (el castellano, excelente, bajo el seudónimo de Fortuny), que mantiene un portal trilingüe sobre juegos de palabras y que ha publicado varias novelas y libros de relatos.

Casi cada noche nos solemos embarcar en el único crucigrama que hemos sido capaces de resolver, aún con dificultades, y casi cada noche nos solemos enfadar con el señor Fortuny-Serra porque nos engaña, nos ofusca, nos lo pone difícil. El jueves pasado, en el 6 vertical, nos pedía unos “garbanzos del cocido”. Y comenzaban por una g. ¿Quién se acuerda de los magníficos gabrieles de don Benito, mal llamado “el Garbancero” y apellidado Pérez Galdós, o de los de Max Aub o los del general Miaja? ¿Quién se acuerda, de todas formas, de don Benito o de don Max o del dubitativo y complicado don José Miaja?.

Màrius Serra, lo que son las cosas, nos propone gabrieles para cenar. Más o menos.

SPAM STUDY


Magnífico cuadro de uno de nuestros pintores preferidos. Edward Ruscha, de 1961-1962 (o sea que, antiguo), y que está en la USB Collection.

Nos gusta ese spam.

Wednesday, June 25, 2008

MAJADERO


Así se le llama, también, a la mano del mortero o del almirez. Con él, según don Dionisio Pérez, de nombre literario Post-Thebussem, del que ya hablamos en otra ocasión a cuenta de las perdices a lo torero, los andaluces y los extremeños “majan y remajan obstinadamente en la almirez” sus panes y sus tomates.

Me ha gustado recordar que para don Dionisio la almirez fuera todavía femenino (o femenina) y que remarcara la obstinación de los cocineros del sur y de los del oeste. Obstinación que imaginamos lenta, por el calor, oracional, por las letanías de los rezos o a lo mejor de las blasfemias pero sobre todo prudente. Virtud que parece cosa de clérigos antiguos (o de antiguos blasfemos) pero que me suele venir bien si no para el gazpacho, al menos para la calor. Que si es femenina parece menos.

Friday, June 20, 2008

DOS SALMONETES: UNO DE TOSSA Y EL OTRO DE BLANES


Nuestro amigo Sebastián Damunt nos recomendó ayer, en uno de sus estupendos blogs, Charla de sobremesa, el cruce de cartas, espléndido y hasta cierto punto conmovedor, que tuvieron el cocinero senyor Vila, de Blanes, y el escritor Josep Pla, de Llofríu, en la páginas de la revista Destino en el mes de agosto de 1946 a cuenta de unos salmonetes.

Hay que leerlas ambas y no perder ripio. La declaración de principios del de Llofríu sobre su “ex paladar”, “un paladar que pasó a la historia”, es genial.

La ilustración se la hemos tomado prestada a las Pescaderías Coruñesas de la calle Juan Montalvo número 14 de Madrid. O sea que a lo mejor el salmonete no es ni de Tossa ni de Blanes.

Wednesday, June 18, 2008

ALUMBRADO


Me ha gustado mucho la fotografía que publica hoy La Vanguardia en su sección La foto del lector, tomada en la plaza del Pilar de Zaragoza y coincidiendo con la visita de la autora a la Expo. Que ya es coincidir.

Me ha gustado mucho más, por lo explícita e incluso por lo temperamental (¡bravo por el Excelentísimo Ayuntamiento!), que las declaraciones, unas páginas después, de Ferrán Adrià con las que aparentemente y según el cronista “quiso poner punto final a la polémica con Santi Santamaría”, una banalidad más sobre la tradición y la vanguardia cuando a estas alturas de la tradición, y no digamos de la vanguardia, nadie cree ya ni en tirios ni en troyanos ni en montescos ni capulettos de algo, la cocina, que no necesita más que praxis y apenas alguna teoría aislada.

Poesía es lo que hace falta, como en la plaza del Pilar.

Tuesday, June 17, 2008

FRITADA DE MENUDOS DE PICHÓN CON REQUESÓN HELADO


Y unos salmonetes en dulce. Eso es con lo que obsequiaba el Patriarca del Imperio Otomano, la Sublime Puerta, al embajador francés Guillemin, bien regados con malvasía de Chipre. Así lo cuenta don Álvaro Cunqueiro en ese libro excepcional que un mentecato hace unos días tachó de desganado. Me voy a hartar, como Gargantua, de los textos de don Álvaro, de su confitura de cerezas bizantina, de los muslos rellenos a la moda de Burdeos, de la empanada de lamprea de Caldas de Reis a la que todavía llama de Reyes puesto que así se escribía en la época, esa que me ha dado pie a recordar a Platón y al aguardiente de ruda y a les pâles violettes du Médoc de Baudelaire, a lo más profundo de las bodegas de Francia o a los alambiques de A Estrada o de Cambados, a la caza furtiva de un continente que está demasiado al oeste como para que se lo meriende el señor McDonald entre pan y pan de goma coronado con cominos de plexiglás.

Occidente, pues, el finis terrae, el fin de una tierra que limita al este con el kebab de plástico duro y duras y santas guerras y al oeste con el chop suei neocon de malas ideas y peores intenciones.

Sobre mi túmulo, si es que lo tengo, quiero una lamprea enroscada en un racimo de uvas de alvariño. Y un pan como unas hostias y una ristra de tomates resecos por fuera y un cesto de almendras de Riudoms. Y la memoria de los gargantúas y de los lazarillos y de los monjes malhablados y de los ladrones de gallinas oliendo a requesón fresco, como un epitafio.

¡Qué le vamos a hacer si la tarde se me ha aparecido así!.

Monday, June 16, 2008

PEQUEÑO Y ROJO Y FRESCO


Así decía que era el mundo Josep Carner, el excelso poeta catalán, “pequeño y rojo y fresco como las fresas”. El poeta escribió Els fruits saborosos en 1906, cuando tenía veintidós años, aunque luego publicara diversas versiones hasta 1957, afinando el frescor o la frescura un tanto ingenua de sus versos.

Un siglo exacto después, y ya sabemos que un siglo no es nada, es imposible no digo traducir, que ya lo estamos haciendo, sino explicar los versos de Carner. Quizás no sea el mejor ejemplo pero tampoco lo son Las nueces de la merienda, Las ciruelas de oro ni La manzana escogida, la niña que “cree que el cielo se acaba detrás del jardín” o “el agua que medirá con ciencia el chorro de limón, la miel de romero”. Y lo grave es que hace más de cincuenta años que no hay explicación o exculpación, quizás, o a lo mejor ni siquiera importa Carner más que a los filólogos y a los estudiantes.

Lo peor de todo, sin embargo, es que ahora no hay ni fresas.

Friday, June 13, 2008

SOBRASADA DE POBRE


La semana pasada no estaba yo para demasiadas zarandajas: no dejaba de llover, se me acumulaba el trabajo, mis vecinos estaban dispuestos a comprar litros de gasoil, de leche y de natillas danone con el mismo entusiasmo con el que iban a ver la Eurocopa (y así lo han hecho) y al final del final, más de lo mismo.

El sábado pasado el periodista Gregorio Morán se largó en La Vanguardia, bravo diario en el que seguimos confiando día sí y día no, un enfervorizado artículo que tituló algo dieciochescamente como La querella de los cocineros y en el que literalmente se hacía el colon un lío, por no señalar más abajo, y decía, ni más ni menos, que el libro (¡qué digo libro, la biblia!) La cocina cristiana de Occidente tenía un hermoso título pero que era “un libro desganado”. Lo que faltaba. Que se lo había pasado muy bien con Anthony Bourdain pero que Cunqueiro, Luján, Xavier Domingo, el doctor Thebusem y hasta la pobre marquesa de Parabere eran unos plastas y unos indolentes. Múltiple ración de modernidad sin sofrito y en tempura.

Luego que si sí y que si no, que si el chuletón de Ávila y la espuma de txangurro. Una plana del excelso periódico que el señor conde de Godó pagó tan a gusto. Y yo con estos pelos (pocos) y con estos gustos.

O sea que no recapacité ni consideré nada. Ni me puse a repasar porque casi siempre se convierte en un ejercicio masoquista y lo único que pone en evidencia es la edad. Y ni falta.

Han pasado muchas cosas en estos más de dos años cocinando o haciéndolo ver en esta casa. Dos años y tres días, como una condena rara pero seguramente sabrosa. Pero vamos a seguir con cocina o sin cocina, y sin cobrar un duro, que para eso estamos y para eso, sobre todo, están Ustedes ahí.

Para cenar, pues, sobrasada de pobre. Dos rebanadas del mejor pan de mi barrio, recién cortadas, regadas con aceite de la cooperativa de La Selva del Camp, un pueblo escondido que produce un aceite espléndido, Antara, y que además me lo regalan. Este año está estupendo. Poquita sal. Sal normal, gruesa, marina y olé. Y pimentón de La Vera, que no es el de la ilustración pero es el mismo, que lo vende a granel un extremeño muy rumboso y que también me lo regalan (gracias, Isabel, gracias, Carmen). De pobre venido a más. Una hermosa tortilla de cebolla y berenjenas y una copita de vino, o dos, de la Terra Alta, también a granel, que levanta a un muerto y con el que me van a permitir que brinde por todos Ustedes y por la memoria, sana e iba a escribir sagrada, de don Álvaro y don Néstor y de la señora marquesa. Que en Gloria estén.

Tuesday, June 03, 2008

LA COMIDA DE LOS NIÑOS



Era la comida de los niños. Soñaba la lámpara su rosada lumbre tibia sobre el mantel de nieve, y los geranios rojos y las pintadas manzanas coloreaban de una áspera alegría fuerte aquel sencillo idilio de caras inocentes. Las niñas comían como mujeres; los niños discutían como algunos hombres. Al fondo, dando el pecho blanco al pequeñuelo, la madre, joven, rubia y bella, los miraba sonriendo. Por la ventana del jardín, la clara noche de estrellas temblaba, dura y fría.

Juan Ramón Jiménez (1881-1958), Platero y yo, cap. CII.

Thursday, May 29, 2008

EL ORÁCULO DE LOS COCINEROS



De nuevo insomne por culpa de un maldito granizado de café vespertino (¡maldito!) me he topado a estas altas horas, altas según se mire, con la página que ayer le dedicó La Vanguardia en su suplemento color salmón (salmón es un color) al asunto Santamaría y a las declaraciones de Berasategui, de Carlo Petrini, de Montignac y de dos asociaciones de sumilleres.

Ayer por la mañana mi barbero me habló de Santi Santamaría y de Ferrán Adrià. Y defendió encendidamente al de Roses. El tabernero, un poco después, apostó por el de Sant Celoni. Una clienta dijo que ni fu ni fa pero otra se puso histérica contra ambos. El quiosquero era partidario de Adrià, el florista de Santamaría, mi socio del Español y mi exsocio del Barça. Montignac “se alinea” (sic) con Santamaría que a la vez pasa a “perder el apoyo de Slow Food” (sic, también sic). Y yo aquí, sin sueño.

Con todo esto se pueden llenar blogs y hojas color salmón y hasta noticias de cola en los telediarios. Pero ni mi florista ni el tabernero ni el barbero ni mi segunda clienta (la primera sí) van a reservar nunca mesa ni en El Bulli ni en Can Fabes. Ni se les va a pasar por la cabeza aunque podrían pagarlo. Van a seguir viendo el programa de Arguiñano, contarán sus chistes y a lo mejor se comprarán uno de sus libros. Se atreverán con un carpaccio de atún o unas habitas con foie y seguramente lo comprarán todo en Mercadona o en Eroski. Y se reirán cuando no les cuaje la tortilla y digan que les ha salido deconstruida. Nada más. Porque para ellos, de momento, el asunto, si es que lo hay, no es un asunto cultural.

Por eso, y con una parte de mis respetos (no todos), no me ha gustado nada lo que ha dicho el señor Petrini, fundador de Slow Food: “La tradición, si no se renueva, muere por rutinaria”. Mentira. La tradición no hay que renovarla sino mantenerla, alentarla, espabilarla y a lo mejor higienizarla. Pero en el momento en que se reinventa deja de ser tradición. Pues aunque sea corta (dos o tres décadas, o siglos, da igual) con airearla basta. Y eso vale desde el arroz con leche hasta con la pintura al óleo. Lo peor, señor Petrini, es siempre la falta de ideas, y también la falta de honradez, claro. Pero si para ser innovador hace falta tener en una carta de Salamanca (o de Cambados, da igual) buey de Kobe, que vete a saber, y por otro lado hay que reinventar las tradiciones cada estación haciendo albondiguillas cuadradas para la escudella o poniéndole kiwis al gazpacho, me borro. Me ausento y me escondo en la despensa a contar los frascos de confitura.

Me aburro (y encima no consigo dormir).

Thursday, May 22, 2008

CUESTIONES MORALES. I. EL SALONCITO JAPONÉS


Guillermina había tenido más de un pasado. Con el primero de ellos conviví durante unos años a los sones de la Marcha Real y con la mirada, su mirada, puesta en Estoril y muy cerca de Villa Giralda. Me explicó más de mil veces cuando, en unas cortas vacaciones en Portugal, saludó con una reverencia perfecta (y la hacía) a doña María de las Mercedes justo al salir de misa. El mecánico esperaba a la condesa de Barcelona al pie de un astroso chrysler Imperial (¿o no era un chrysler?) y también le sonrió.

El segundo pasado de Guillermina es una cuestión más de sobremesa que estrictamente gastronómica. Y no es de muy buen contar. Guillermina cocinaba muy bien, como ya hemos explicado alguna vez, los pastelitos de patata, el arroz con pollo, las empanadillas de atún, la ensaladilla nacional y hasta el bavarois, casi tan bien como tía Matilde. Y estaba muy orgullosa de ello, casi tanto como de su eterna viudedad.

Pero los lunes Guillermina no comía en casa. Yo era un niño –siempre lo fui mientras soporté o quizás disfruté de Guillermina- y no entendía mucho más allá de la misa de once en la capilla de San Nicolás de Bari y del paseo higiénico –ella decía higiénico, languideciendo en la "o"- por la orilla del mar, en la escollera.

En aquellos años de infidelidades monárquicas pero de adhesiones inquebrantables y de rezos atolondrados, una señora no paseaba nunca sola. Guillermina sí. Aparentemente. Y volvía algo más sonrosada, al atardecer, y ponía la radio muy bajita, movía un poco los hombros, en vaivén, como si bailara, y entornaba los ojos. Luego los cerraba del todo, suspiraba un poco, decía dos veces ¡Dios mío! y parecía que rezaba.

Pero no. No rezaba. Apenas comía los lunes, aparentemente en casa de una compañera de misas y de acciones católicas, ¿doña Úrsula?, ¿doña Visi?, ¿simplemente Asunción?. Comía poco, algo de ensalada con lechuga sólo, unas croquetas de gallina, pero celebraba la sobremesa, de eso estoy seguro, en un saloncito japonés con sendas copas, copitas, de chartreuse amarillo, una para él, otra para ella.

Y, lo supe después, un chesterfield en una boquilla de nácar.

¿Por qué, me sigo preguntando, chartreuse amarillo?.

Monday, May 19, 2008

SENSACIONES



Hay sensaciones buenas y las hay malas. Las hay que pueden ser emociones (buenas y malas y también mediocres) y que también podrían ser impresiones o imágenes o percepciones. Y también buenas o malas o mediocres e incluso banales. Pero hay cosas que no tienen explicación y algunas de esas sensaciones lo serían.

No puedo entender ni puedo explicar ni mucho menos describir ninguno de los dos productos de la ilustración. Hay que probarlos. Una vez, una sola, como las hormigas rojas a la plancha (que a lo mejor les saben a langostinos) o los sesos de cordero con azúcar, que a mí me saben a gloria aunque hace años que no los como. Dos malos ejemplos.

Como he dicho, indescriptibles las patatas fritas “Lays Sensations”, ambas versiones, las de “Pollo al horno con limón y tomillo” y las de “Cebolla caramelizada con vinagre balsámico”. Con todos los ingredientes rotulados en mayúsculas y, suponemos, como un homenaje al glutamato monosódico. Una barbaridad, vamos.

Friday, May 09, 2008

DICCIONARIO


Muy útil y bastante divertido el que publica Alberto J. Miyara, el Diccionario Argentino-Español para españoles. Para saber distinguir (o quizás encontrar) los ajís, los alcauciles, las arvejas, el bife, el chinchulín, los duraznos o el pan de miga. Por orden alfabético.

Como casi siempre lo hemos encontrado en nuestro proveedor habitual, Libro de Notas.

Tuesday, May 06, 2008

LA CRUCIFIXIÓN SEGÚN BRUNETTI


El comisario Guido Brunetti, el personaje de los libros de Donna Leon y en la última entrega publicada hace poco, The Girl of His Dreams, ya traducida a los idiomas patrios (¿o debería escribir peninsulares?), realiza una investigación lenta, más lenta que de costumbre, y, además, come poco. Ni un solo tramezzino, leit motiv gastronómico absoluto de la Leon y del signor Brunetti, pocos cafés (ni ristretos ni corretos ni nada), ni una sola ombra, esa copa de vino tinto de media mañana, poca pasta, la justa, y demasiada conciencia social (es una broma). Seguimos siendo fans absolutos de la Leon y nos encanta pasearnos por Venecia en la canoa de la Polizia di Stato, sobre todo si la pilota Foa y en el asiento de al lado está el inspector Vianello.

Brunetti tiene dos casos entre manos, uno leve y el otro grave. Al ir en busca de información para el segundo de ellos se para en campo San Cassiano y decide entrar en la Scuola Grande di San Rocco para ver la Crucifixión de Tintoretto, que está en el albergo (¿en el segundo piso?). Cito porque vale la pena: “A Brunetti siempre le había llamado la atención la cara de aburrimiento que tenía ese Cristo, clavado simétricamente en la cruz (…) Cristo te daba la impresión de haber acabado por reconocer la verdad de las advertencias de que esa historia de hacerse hombre no podía acabar bien, y parecía deseoso de volver a sus quehaceres de Dios”. Fantástico.

El comisario es un hombre culto, bien comido y bien bebido. La Leon se las trae. Igual te cita exac-ta-men-te a Mozart (la letra que no la música) que te describe unos fussili con aceitunas negras y mozarella o unos ruote con melanzane y ricotta. Pero esta vez nos ha sabido a poco. El año pasado (Donna Leon publica un libro por año) la novelista parecía cansada. Este año se ha despertado con energía pero ha dejado a los personajes un poco a su aire. Los fans somos exigentes y no porque paguemos por ello, poco, bastante poco, sino porque ¡vivimos en Venecia y tenemos hambre!.

Monday, May 05, 2008

¡OCASIÓN!



En las páginas de anuncios por palabras de un diario gratuito de mi pueblo que he sido tan imprudente de tirar, figuraba no hace muchos días el siguiente reclamo:

“¡OCASIÓN! Se traspasa restaurante romano y medieval. Zona antigua. Precio a convenir. Con vistas.”

Estupefacto por la diacronía y por la asincronía del anuncio aunque más que nada por el atrevimiento de los anunciantes, llamé por teléfono, cosa que nunca había hecho antes, para saber, cotilla, dónde se encontraba exactamente. Cerca de mi casa, seguro. Pero con vistas a dónde: ¿a Roma o a Bizancio?, ¿a Pompeya o a Herculano?, ¿pasando por Tibunga o por Heidelberg?, ¿a la Roma imperial o republicana? y, en fin, ¿a la alta o a la baja Edad Media?.

Las vistas eran, ni más ni menos, a la plaza del Ayuntamiento, ni romana ni medieval ni siquiera ochocentista, y el restaurante, pues eso: romano porque debajo deben quedar restos de las caveas del circo y medieval porque los fregaderos están apoyados en una pared sudorosa que lleva doce capas de estuco encima desde el siglo XIV, a dos por siglo.

Lo que son las cosas.

Wednesday, April 30, 2008

SÁNDWICH MAI 68



Contentos andan los cronistas de derechas de que Daniel Cohn-Bendit haya dicho que “comparado con Nicolas Sarkozy, el auténtico conservador soy yo”.

Van a cumplirse cuarenta años de las revueltas del Barrio Latino de París, de esa “revolución esencial” a golpe de adoquín y de Marcuse, de los encierros en la Citroën y en la Sorbona, de la huelga general, de los textos inflamados de Sartre, de la observaciones cáusticas de Buñuel, de los anaqueles vacíos en los supermercados, la flûte (o la miche, le pistolet, la couronne, le bricheton) y el p’tit salé. O poco más o menos.

Danny el Rojo acaba de publicar su Forget 68 (L’Aube, París) en una clave nada nostálgica y a modo de una reflexión que nos parece un tanto simple: llegar a pensar que Sarkozy es la conclusión de estos cuarenta años nos puede incluso asustar. Porque esperamos que no sea ni la conclusión ni el resultado ni el resumen, pero sobre todo rezamos (un poco a Marcuse y otro poco a Luis Buñuel, por si acaso) para que ese mes y ese año hayan servido para un poco más. Es bastante cierto que las libertades se “empezaron a” conseguir en Mai 68 pero también lo es que no sólo se trató de eso y que la conclusión paisajística del gobierno Sarkozy hace que se nos atragante el bocata de p’tit salé como si lo hubiera preparado la viuda de Carrero Blanco, la señora Pichot, en uno de sus peores momentos. O Yvonne Vendroux, luego Yvonne de Gaulle (“la Tante Yvonne”), viuda también desde 1970. Dicho sea como ejemplo y sin ánimo de señalar.

En ese mes de mayo de 1968, puestos a rememorar, nosotros teníamos dos años escasos más que monsieur Sarkozy. Lo que no significa mucho sobre todo porque vivíamos a este lado de los Pirineos, una lado bastante poco amable en la época, Citroën era una marca, y poco más, y la Sorbona nos sonaba a seriedad. Y también poco más. En ese mes de mayo hicimos un viaje de fin de bachillerato, con quince años sin cumplir, a lo que entonces se llamaba “la Cornisa Cantábrica”. Desde Gijón hasta Donosti, más o menos. Los guías de la excursión fueron, a partes iguales, el profesor de Formación del Espíritu Nacional, al que esperamos que Dios le haya dado su merecido, y el de Educación Física, al que le deseamos más o menos lo mismo. Si es que se merecieron algo. En Santander, y coincidiendo con una fiesta que no logro recordar, asistimos, como plato fuerte del viaje, a un desfile de las Fuerzas Armadas un poco escaso pero sí recuerdo que enfervorizado. Delante de mí y de mis compañeros un señor que llevaba una camisa azul de Falange y un gorrillo cuartelero al bies, con una borla amarilla que se balanceaba, al que le faltaba un brazo (el izquierdo) y ornaba su pecho con diversas y floridas condecoraciones, cruces e insignias, se arrodilló de repente, al paso de la bandera nacional, e irguió su único brazo en un saludo a la romana mientras gritaba, con los ojos cerrados, un ¡Arriba España! estentóreo que nunca he logrado olvidar.

Más tarde, en un albergue de la Organización Juvenil Española, el brazo amansado e infantil de la Falange, comimos arroz con pollo, ternera en salsa y de postre, natillas. El mes de mayo de 1968 seguramente fue caluroso pero, a este lado, poco más. Muy poco más.

Tuesday, April 22, 2008

A TRAVÉS DE ÁFRICA


Los culpables son Cap i pota y Mar Calpena, citados por orden cronológico, el primero por levantar la liebre y la segunda por regalarme el link de ese álbum de cromos tan políticamente incorrecto pero tan estupendo.

La ilustración aparece en una página de ventas on line pero lo mejor es la descripción del lote, que no puedo resistirme a copiar:

“ÁLBUM CROMOS A TRAVÉS DE ÁFRICA. CHOCOLATE BATANGA Nº 1. COMPLETO.

Álbum completo, en buen estado. Con el sello de Comercial Batanga que acreditaba que se había completado el álbum y el propietario había recibido como obsequio "El caballero Batanga y la negrita Batanga", que eran dos muñequitos de goma. Firma del anterior propietario.”

Monday, April 21, 2008

GLOBALIZACIÓN, BANALIDAD, ECLECTICISMO


Hay que volver a leer a Freddy Castillo y su nunca bien ponderado blog. Duelos y quebrantos, sin el que parece que no podemos vivir. ¿No podemos o no podamos?

Pues porque podemos, y aunque podamos, porque sé que me deja y porque me ha gustado casi tanto como el chocolate con churros le copio la foto de Octavio Paz, preciosa, y la cita ¡de hace cuarenta años! que está tan viva como el chocolate hirviendo y tan sabrosa como un churro mojado al desgaire. Como sin darle importancia, vamos.

Hay que leerlo.

OTOÑAL


Hace un rato uno de mis interlocutores habituales me ha dicho en privado que mi blog se estaba volviendo otoñal. Al principio de la conversación yo estaba convencido de que había en todo esto (en todo aquello) un cierto cansancio (astenia) primaveral. Pero no. Resulta que mi primavera se ha convertido en otoño. Y yo sin darme cuenta.

Hace un poco más de tiempo, a lo mejor veinte años y en mi anterior oficio, tuve varias veces entre las manos sucesivos ejemplares de un grabado espléndido de Manolo Valdés que se refería a una botella de Picasso y llevaba, en collage, una etiqueta de rioja Otoñal, de las bodegas Olarra, que entonces seguía bastante de moda. Soy absolutamente incapaz de recordar el sabor del vino. Mi memoria gustativa es bastante limitada y la visual y la literaria, ya se ve, otoñal. Vendí el grabado, que editaba la galería Maegth de Barcelona, todas esas veces sucesivas. No he sido capaz de encontrarlo en la red. Tampoco ninguna de las botellas de aquel vino. Pero soy capaz de guardar en la memoria por lo menos aquella imagen, bella, suntuosa, y a lo mejor me sirve para conciliar el sueño. Que buena falta me hace.

Thursday, April 17, 2008

FE, ESPERANZA Y CARIDAD


Fe, poca, esperanza, según el día, y caridad, los viernes, como la abstinencia o el malhumor.

Una de esas Hermanas de la Caridad que rodean a los trémulos niños del Patronat Ribas, de Barcelona (uno de ellos se apellidaba Allué pero no tiene nada que ver), un orfanato que se reconvirtió en correccional y ahora es un instituto de educación secundaria, les zurraba bien la badana al Allué y al Fernández y al Massip, les castigaba sin merienda, les escatimaba el desayuno (leche, malta y bromuro) y los domingos les pellizcaba el pescuezo con saña, por debajo del cuello de la camisa blanca. Quizás porque era domingo o porque no tenía mejor cosa que hacer. Sor Caridad.

Sor Esperanza también se las traía. Espiaba cada mañana las sábanas de los niños y si encontraba una mancha, sin postre. Sin ese plátano negro o esas dos mandarinas llenas de pipos.

Fe era otra cosa. Fe era la cocinera, que no se llamaba Fe pero me viene bien. Fe no tenía nada que corregir (si acaso su acento de Úbeda) y se las apañaba para escamotear medio chusco de pan para el Massip, el Arola, el López o el Allué que, básicamente, pasaban hambre. El miedo habían dejado de tenerlo hacía mucho. Y el asco también el justo. La sopa de fideos, agua turbia, y el filete de hígado de cerdo, esa suela correosa recorrida por un hilillo de tomate, no habían aportado mucho. Odio a la sopa, terror al hígado. Tardes de primavera sin mandarinas, alguna otra con cuatro gotas de lluvia mansa sobre el sauce, al fondo del patio, que a lo mejor hacían soñar. En pantanos de sopa de fideos, almenas de hígado con tomate o paraísos de pan con chocolate y arroz con leche.

Al fondo no se oía ni el pitido de un tren, que te podía llevar a otra parte. Al fondo nunca había nada: ni pan, ni chocolate, ni azúcar ni mantequilla. El mar, además, estaba cerrado.

Saturday, April 12, 2008

GIN & TONIC CAPITÁN ARGÜELLO



Para seguir con el recetario de cócteles y combinados (long drinks) a los que somos tan aficionados nada mejor que dedicarle uno, laico y monocolor (nada de banderas, nada de religión) a don Carlos Barral Agesta, excelso poeta, y a uno de sus barcos que seguramente ya no debe de existir.

Hace algo más de un año también le dedicamos a ese barco, el Capitán Argüello, y a su moribundia en un fallido taller de restauración naval de mi puerto, unas palabras poco piadosas para los ediles horteras del pueblo de Barral y del mío y merecieron un muy sabroso comentario de un habitual de Calafell, el pueblo adoptivo de Barral, que también era un cántico a la depredación inmobiliaria y, además, a la memoria.

Ayer mismo el ínclito diario La Vanguardia le dedicaba a Barral, a Calafell, al llamado boom latinoamericano y al bar de los Barral-Hortet, L’Espineta, que todavía sobrevive, dos planas poco temperamentales pero bastante exactas. El periodista, Toni Orensanz, habló con varios pescadores supervivientes (en Calafell ya no se pesca y ya casi nada) y con dos de sus hijos, Yvonne y Marco, que mantienen abierto el bar ante la playa y que contaban las visitas y las estancias en la casa familiar de Gabriel Ferrater, Jaime Gil, Marsé, García Hortelano, la familia entera de García Márquez, los Vargas Llosa (una parte de La casa verde está escrita allí) o “el cura Aguirre”, luego duque de Alba. Los pescadores hablaban sobre todo de la boda de Yvonne y Carlos, en 1954, durante la cual convidaron “a beber” a todo el pueblo, lo emborracharon y durante dos días las barcas no pudieron salir a pescar.

El gin & tonic de Carlos Barral no sabemos de qué gin ni de qué tonic se componía. Le suponemos Giró, una ginebra catalana muy buena para combinar, o Gordon’s, que hace años estuvo de moda. Con una rodaja generosa y un chorrito escaso de limón verde. El Capitán Argüello, ya lo contamos, yacía todavía no hace mucho destrozándose por el sol y el salitre al borde del mar de Tarragona. Y nadie le hacía caso. Calafell es ahora un pueblo espantoso que guarda la memoria entre edificios de doscientos pisos que dejan en sombra a la playa, a toda la playa, poco después de comer, como en Lloret o en Palamós. En Calafell ya no se pescan sardinas ni jureles, el escabeche es de bichos pescados en Vietnam, la paella viene envasada al vacío y las copas son caras y malas. Me pongo de muy mal humor al pensar en todo esto. Así no pasa la gloria del mundo ni cristo que lo fundó.

Friday, April 11, 2008

JUEGAN AL MUS


No recuerdo bien si eran tres o los borrachos los que en el cementerio jugaban al mus. He intentado recordar bien el motete (“A mí me gusta / el pí, piripí, pí, pí / de la bota empinar…”) e incluso he pensado en llamar a mi colega Louis Finch pero creo que no es para tanto. En fin.

Hace un momento he vuelto de la inauguración de una exposición de fotografía más o menos japonesa (el fotógrafo se apellida Ordóñez y la exposición Ashimoto, así que) y he saludado a casi todo el mundo saludable e incluso a los insaludables, ésos con caras avinagradas y una chupa de cuero con este calor o la otra con un corte de pelo vintage pero con una sonrisa 1985 que aún no se le ha borrado.

Pero había otro, que ahora es famoso por sus vinos y que resulta que no saluda a nadie. No le he reconocido (los años no perdonan) y de un encantador vendedor de cerámica popular en los años en los que se le heló la sonrisa a la señora vintage, mediada la década de los ochenta, se ha convertido en una especie de ejecutivo panzón, con una chaqueta de tweed modelo odio-al-duque de-Windsor y una sonrisa, otra sonrisa, de estar en los primeros puestos de los rankings vinícolas internacionales (lo está) y aquí me las den todas.

Me han dicho que sí me ha reconocido (mi panza también ha aumentado pero yo llevaba una chaqueta de algodón, bastante apropiada) pero que ahora no saluda. Pues mira por dónde, yo tampoco bebo su vinos porque me parecen muy caros, carísimos, los rankings no me pertenecen y la sonrisa procuro irla manejando según la estación. Lo mismo que las chaquetas.

Tuesday, April 08, 2008

PAN CON CHOCOLATE


Hay dos costumbres a las que no suelo renunciar excepto en casos de fuerza mayor, viajes, traslados, constipados o decaimientos de ánimo. Suelo comprar Le Monde una vez por semana, sin día fijo, y también acostumbro a merendar pan con chocolate, por lo menos los jueves.

Esta mañana de un martes espléndidamente primaveral con frío madrugador, airecito picante (picantísimo) a la hora del Ángelus y calor a la hora de comer, a las españolísimas dos y media, se han fundido ambas costumbres, supongo que higiénicas o por lo menos no perniciosas.

Lo primero que leo del periódico, de cualquiera de ellos, es la portada, claro está, pero luego me abalanzo –es un decir- sobre las necrológicas, que en algún sitio llaman obituarios, cosa que queda más aparente y desde luego más fina pero que los franceses, dueños de la exactitud en el lenguaje, en los perfumes y sobre todo en los quesos, solucionan magníficamente con un “Disparitions” que me suele hacer –casi- soñar. Desaparecidos, pienso por la mañana, somos todos, de algo o de alguien, y puestos a desaparecer para siempre mejor que te dediquen un artículo en Le Monde que en ABC, dicho sea sin ánimo de ofender pero no con demasiado respeto por las “Necrológicas” a pelo del diario de Madrid que, además, no merecen una plana exenta y conviven innecesariamente con los epígrafes “Familia Real”, “Vida Social”, “Becas” y “Conferencias”, que ya son ganas de mezclar.

El espléndido artículo obituario de hoy en Le Monde, firmado por Thomas Sotinel, no es tal sino una magnífica biografía comentada del primero aviador durante la II Guerra Mundial, después actor titubeante en Nueva York, más tarde estrella de la mano de Cecil B. de Mille y William Wyler (Los diez mandamientos y Ben-Hur) y finalmente comparsa obligada y nueva y fatalmente titubeante en la espeluznante cinta de Michael Moore Bowling for Columbine en su papel de presidente de la Nacional Rifle Association.

Charlton Heston falleció hace tres días en Beverly Hills y no le voy a negar ni el pan ni la sal, no del todo. El pan con chocolate acompañó durante más de diez meses de mi infancia, una infancia no demasiado excitante pero bastante conmovedora, la confección minuciosa de mi álbum de cromos de Los diez mandamientos, la cola blanca Pelikan, las manos pegajosas y el entusiasmo por las nubes. La sal se la dejo a Yul Brynner y a Stephen Boyd, a los que intenté imitar casi hasta la adolescencia haciendo relinchar los invisibles caballos negros de mi cuadriga inventada desde la cocina hasta el recibidor, en unas locas carreras por un pasillo bastante ancho pero definitivamente corto.

Hoy no he merendado nada. Pero tampoco estoy de luto.

Thursday, April 03, 2008

CURRYWURST



Creo que es la primera vez que pongo la foto de un plato tal cual, y, desde luego, subida de Internet. No hace falta que les cuente la historia ni la realidad ni la mitología ni siquiera la esencia ni tan sólo la existencia de la salchicha alemana, de sus variedades Brühwurst (cocida) y Bratwurst (a la plancha), de las patatas fritas a lo mejor a mogollón ni del ketchup sangrante ni del curry sálvese quien pueda.

La cosa viene a que me he vuelto a acordar de Marlene Dietrich, de que su pasado berlinés fue más bien opaco después de 1939, ¡opaco!, ¡tremendo!, de que los alemanes suelen ser de mal recordar, aunque a mí eso me da bastante igual, de que a la musa supermusa parece ser que le gustaba la currywurst y de que, en fin, me acabo de encontrar con un disco (un vinilo, como dicen por ahí) que me trajeron de Berlín en 1973, que se titulaba Die neue Marlene y cuya novedad consistía, precisamente, en poner las cosas en su sitio.

Hay una cierta nostalgia, bastante enfermiza, en todo esto. Y hay, vuelvo a insistir, ganas de escribir. Aunque sólo sea esto.