Tuesday, September 30, 2008

PAVESE (SIN MENÚ POSIBLE)


El pasado día nueve se cumplieron cien años del nacimiento de Cesare Pavese y aunque las efemérides no sirven para casi nada al menos me han hecho mover el culo y abrir Il mestiere di vivere por una de las páginas que tengo señaladas. El ejemplar, traducido, que me envió desde Compostela Coco Valdés hace ya bastantes años, quizás porque lo había perdido (o porque me lo había robado él mismo), está señalado y subrayado hasta el delirio, que es una palabra con la que suelo disfrazar la neurosis (la neurosis del lector neurótico, la del mal entendedor al que le no bastan pocas palabras sino que necesita muchas).

Ahí, anotado el quince de septiembre de 1946, aparece ese “hay un solo placer, el de estar vivos, y todo lo demás es miseria”. Pero luego no sé por qué se quitó ese placer tan abruptamente, a pesar de que lo intenten explicar los biógrafos y demás gente de mal vivir. Que no de vivir mal.

Esta noche no voy a leer a Pavese. No voy a leer nada, en su memoria. Voy a esperar pacientemente a que suenen las doce y aparezca Octubre vestido de moho, espléndido, con boletus y trufas blancas a sus pies y una corona que, a lo mejor, es de cuentas de marron glacé.

Sunday, September 28, 2008

SOBRE EL TEJADO DE CINC


Cuenta Gore Vidal en la segunda parte de sus memorias, Point to Point Navigation, que Susan Sontag, bastantes años antes de morir y en plena lucha contra su cáncer, dijo que “a mi edad” (tenía entonces cuarenta y pocos) “no contemplo la muerte como nada”. Y luego añadió, rotunda y usando las palabras de Tennessee Williams, que “la muerte nunca me ha parecido un gran final”.

Y Susan y Gore y Tensessee y al final Paul estaban en lo cierto.

Tuesday, September 16, 2008

CARNETS



Ya hace días que acabé el libro de Esther Tusquets porque tampoco es tan extenso y, al final, tampoco tan apasionante. A partir de la página 100 de mi edición (de bolsillo y “de tapa dura”, una bobada según se mire), más o menos desde el capítulo Teresa, la pobre huerfanita, la cosa decae, y bastante. Se me hizo de repente empalagoso (a lo mejor es que había cenado tortilla de berenjenas y pimientos, una barbaridad), y no me gustó, sobre todo, cuando la señora Tusquets empieza a disculparse, a explicar demasiadas relaciones con el Opus y con la Falange, a coronar la enjundia de su tortuoso pasado universitario con una guinda algo amarga, como si de repente se hubiera hecho amiga de Carmen Laforet y no de María Zambrano, más o menos, que son dos de los ejemplos femeninos y memorialísticos (también más o menos) que le puse en un comentario a uno de mis interlocutores.

De repente, con lo que a mí me gusta todo esto, me molestó que se describiera a sí misma como “una anciana de setenta años”, que dejara de meterse con su madre, de calificarla, de entrometerse, vamos, y que pasara a una especie de actitud beatífica con la familia y con su juventud. Con su familia y con su propia juventud.

Que la señora Tusquets heredó (o compró, ya no me acuerdo) y dirigió durante cuarenta años una editorial, Lumen, que había sido católica y catolicista, eso lo sabía todo el mundo. Su leve ajuste de cuentas con Paul Preston tampoco deja nada en claro y ese final donde confiesa que “le mandaron” un carnet del PSUC (y que los votó y pagó las cuotas) me parece hasta frívolo. Muchos votamos al PSUC con la conciencia más o menos tranquila aunque no pagáramos ninguna cuota, los “hermanos pequeños” de la señora Tusquets, con bastante entusiasmo pero sin ganas de hacernos perdonar nada. Puestos a contar, y ya que son Ustedes tan amables de escucharme, también me afilié a la Organización Juvenil Española (la O.J.E.), el brazo boy scout de la Falange (aunque íbamos vestidos rigurosamente de Hitlerjugend) a principios de los sesenta y también hicimos la comunión vestidos de vicealmirantes de Armada y no nos enteramos de muchas cosas hasta 1969, más o menos.

Pero no es eso lo que quería contar. Porque me gusta convivir con el pasado, incluso el de los otros, y que la amargura venga coronada con una guinda cubierta de chocolate. ¿Se acuerdan Ustedes de las Frutas de Aragón?.

N.: La flamante ilustración de la Cartilla de Racionamiento en su categoría Individual y con los dos sellos de José Antonio la guardaba desde hace bastante tiempo para una buena ocasión. Pero tal como se están poniendo las cosas he decidido usarla esta noche. No es que tenga nada racionado, ni siquiera espiritual, que ya es decir, pero a lo mejor es que me gusta ir dando suelta a mis fetiches en cuanto empieza a refrescar.

Wednesday, September 10, 2008

MARISQUEIROS DE CARRIL



Prefería no escribir más sobre esto pero, qué quieren que les diga, estoy enganchao al tema, como dice mi vecino quillo.

Todo porque, sin querer, me llegan bastante a menudo noticias de Galicia, que no hablan de vieiras precisamente, y que rebuscando, como le dije a un contertulio en uno de los comentarios, encontré un estupendo artículo de Manuel Gago en su blog, Na busca do ouro salgado: furtivismo nas costas galegas, que me transportó de una vez por todas a alguna de mis rías preferidas y sobre todo a Vilanova da Arousa donde el periodista me presentó, es un decir, a Pantera Rodríguez, el boxeador que trabajó como vigilante en su cofradía de pescadores.

Tremendo artículo que me dejó un olor extraño en este teclado durante un buen rato: a otro salitre, a otro sudor y, a lo mejor, a otras lágrimas.

Porque de eso estamos hechos además de polvo y de ceniza. Cuando llevaba apenas un mes en Galicia (circa 1984), dedicado a menesteres varios, tras una noche de copas en la Compostela más feroz de aquellos años, empezando en el Modus después de cenar para acabar en el Black de madrugada, me llevaron a ver salir el sol en Noia o en Ribeira, ya no me acuerdo, porque a lo mejor, mediterráneo picajoso y algo ebrio, echaba de menos ese salitre y ese sudor de los que hablaba. Nada de lágrimas. Ver salir el sol al revés, por la tierra (aquí nace en el mar), me gustó tanto que lo repetí cuando pude, y durante años, desde el cabo Vilán hasta Samil, porque era como si la noche no se fuera a acabar nunca en el mar. Se iba poquito a poco.

Ahora todo esto, y algunas cosas más, me han quitado de repente la sal y el sudor, con el calor que está haciendo, y me he dejado llevar. Porque no soporto ninguna brutalidad con lo que he querido tanto tiempo. No soporto que me roben el paisaje, no soporto que decidan los otros, no soporto que me engañen.

Ya está visto que el sol, salga por donde salga, no sale para todos.

N.: La foto, muy bonita, la he encontrado en Flickr, se titula así, Marisqueiros de Carril, y su autor es Martin’s.

Tuesday, September 09, 2008

BLOGASTRÓNOMOS


No quería meterme en el asunto de las vieiras de la ría de Ferrol y la presunta implicación de la cocinera Toñi Vicente porque me parece feo de verdad por todas partes y no tengo ni la suficiente información ni el criterio adecuado. Ni aunque lo tuviera.

Pero me permito recomendar que se lea sobre todo (y además) a los blogueros gastronómicos gallegos, sobre todo a Colineta y a Capítulo 0, ambos conocidos periodistas, y esperar a que el Gourmet de provincias vuelva de vacaciones que seguro que tiene mucho que contar. Y no echar más leña al fuego ni intentar apagarlo con gasolina, como dice muy bien Miguel Vila.

Pues eso.

Monday, September 08, 2008

LA GUERRA DE ESTHER TUSQUETS


No debería hacerlo pero no he podido evitar ponerme a hablar del libro Habíamos ganado la guerra, de Esther Tusquets, cuando sólo llevo leídas cuarenta y dos de sus doscientas flamantes páginas. Pero no he podido evitarlo.

Estoy deseando volver a la casa de la Rambla de Catalunya, al estreno del cine Alexandra, a los miedos infantiles, a las visitas de una de sus tías al Cristo de Lepanto para pedir novio y a las tatas sombrías o vocingleras. Y ver cómo iba creciendo la niña Tusquets en un ambiente que me resulta muy próximo, salvada sea la diferencia de edad, aunque tampoco tantísima, y digamos una cierta orientación geográfica y desde luego curricular. Pero ese “Arroz capaz de sanar todos los males, incluidos los del alma”, lo único que era capaz de cocinar su madre (la mía ni eso) y esa ensaladilla rusa que las tatas posteriores servían como homenaje descarado a su pasado comunista (una anécdota que parece inventada), valen un imperio. Y por ese Imperio, ya se sabe, hacia Dios.

N.: La ilustración no corresponde a ninguna imagen de la familia Tusquets. No logro recordar de dónde la he sacado (soy un archivero deplorable, entre otras cosas) pero es fácilmente identificable Carmencita Franco Polo, en el centro, y el busto de escayola de don Miguel de Cervantes, al fondo, aunque desconozco la identidad del niño guardiamarina y de sus amiguitos falangistas.

Friday, September 05, 2008

SOPA DE ALMENDRAS DE LOS ANGELITOS


Hace un rato, cuando todavía confiaba en poder dormir digamos que dentro de un horario civilizado, me he entretenido contándole una intimidad a otro bloguero gastrónomo (gastrólogo, gastrívoco, gastroenloquecido) a propósito de los melocotones con vino que bien visto ahora, en pleno fervor insomnial, no era para tanto. Ni la anécdota ni la intimidad. Pero me he sonreído durante un buen rato lleno de añoranza gastrointestinal y puede que un poco más hacia abajo, donde las convicciones suelen perder su (buen) nombre.

Con la sonrisa puesta me han ido pasando las horas, los suplementos de los periódicos atrasados, un recetario impresionante de una tal Jefferson School impreso en Cali (Colombia) en 1967, para las buenas alumnas que supieran inglés (en Cali, Colombia), una antología de textos de Jesús Aguirre, Duque de Alba, que editó Turner en 1989 (para buenos ex alumnos del colegio del Pilar) y varias delikatessen que suelen rondarme en ocasiones así. Pero no. Ni así.

Y entonces, al empezar un recorrido patoso por las estanterías de esta habitación de izquierda a derecha (¿por qué no cambio nunca el rumbo?) me he dado cuenta de que el refugio de mis pecados, a esta distancia de la cocina (y a estas horas), son los breviarios cociniles que tengo a dos palmos y que me entretienen más porque suelen estar mejor o peor escritos, incluso mal, pero me revuelven, de una vez y en espiral, cabeza y estómago y eso parece que es bueno para conciliar el sueño.

Y ahí estaba (siempre está) don Ignasi Domènech y La teca, libro del que ya hemos hablado otras veces, y su Tercera Parte de postres más bien conocidos (todos son conocidos) pero contados con un candor extraordinario, sobre todo en el epígrafe “La hora del té…” con unos puntos suspensivos que no tienen precio. ¿A que no se atreve el hermano de Ferrán Adrià a titular así un capítulo? ¿A que ni falta que le hace?.

Total que antes del té, a la hora de los postres-postres, don Ignasi nos ofrece esa sopa de almendras tan fácil que lo mejor que tiene es el título. Y si llego a tener almendras me hago una versión exprés, que supongo que saldría bien.

Todo esto para intentar conciliar el sueño (¿por qué no se concilia el sueño conmigo?) y a lo mejor por culpa de la añoranza de unos melocotones. Lo cierto es que con este silencio no hay quien duerma.

N.: La ilustración aparece en la página Boxylucha a la que no he podido acceder en su totalidad al no estar inscrito, sobre todo por carecer de un interés más decidido pos sus contenidos, de indudable valor.

Tuesday, August 26, 2008

LA DIETA DE GIACOMO CASANOVA



Las casualidades suelen ser, a la hora de escribir, buenos puntos de partida si no los únicos. El domingo pasado, antesdeayer, estuve deambulando un rato, como acostumbro, por el mercadillo de antigüedades que se monta al lado de mi casa. La gente se suele quejar porque hay un poco de todo, ni más ni menos como en todas partes, porque el plástico compite con la madera, la escayola con el bronce pero al fin y al cabo se venden, o se intenta, los restos de un país pobre hasta ayer mismo.

En el rincón más desesperado de esa venta ambulante, donde la herrumbre convive a sus anchas con el olor a sardinas y a chipirones fritos, donde el sol parece que va a acabar de derruir los últimos restos del foro romano (esto fue una de las capitales de la Roma antigua), ahí, apoyados en un lienzo de muralla, estaban dos adolescentes marroquíes con los deshechos de los deshechos pero no tanto. Sobre un paño que algún día había sido color púrpura (¿imperial?) yacían muñecas descabezadas, zapatos sin par, desparejados, fotografías rotas, querubines sin alas, marcos sin cuadros, bandejas sin asas, y en el centro, como un túmulo, un montón abigarrado de libros que pelaban por no desteñirse más al sol, por encontrar dueño, por ser leídos.

Y había de todo, claro está. Y no del todo malo. Me quedé con tres, dos que no los digo y otro que me entretuvo el resto del domingo y me hizo trasnochar. No lo conocía y me ha gustado tanto como el sol, como el domingo sin misa, como el vermú Yzaguirre con un chorrito de sifón y una aceituna.

Un feroz apetito, de Marina Pino, narra en un tono fantástico, culto, divertido, con sentido del humor y con un desparpajo al que no estoy acostumbrado las aventuras culinarias y gastronómicas del caballero Giacomo Casanova desde el preludio, fantástico, de su alumbramiento en una Venecia fétida y feroz, hasta la decadencia final tras numerosas y sabrosísimas aventuras y desventuras arriba y abajo de Europa.

El libro, que mereció el premio Sent Soví en el año 2001, está estupendamente escrito y se lee de un tirón, un tirón mucho más leve que las Memorias del caballero de Seingalt, de las que creo que nunca pasé del primer tomo, y resulta que una tarde calurosa y media noche más fresquita de mi agosto mediterráneo me hizo acometer el Grand Tour sin esperármelo, de Venecia a París, luego a Ámsterdam, a San Petersburgo, al Madrid de Sabatini, de mesa en mesa, de vino en vino, con elogios a los quesos, a las posadas, a los pasteles de carne, al mar que nos hace ir y venir, aunque nos quedemos quietos.

Este mediodía miraba unas nubes torvas desde mi playa que seguramente empujaban hasta mi casa dos eolos venidos a menos (o a lo mejor a más) que hacían lo mismo que yo desde Paestum, por ejemplo, bastante cerca de Nápoles y donde las playas ya son un poco menos negras y, desde luego, mejores. Todos súbditos de Roma, unos mirando hacia aquí y el otro hacia allá. Y me he acordado del plato que el caballero Casanova citaba como uno de los mejores de su atropellada vida en el Epílogo a su libro: el timbal de macarrones napolitano, el monstruo dorado, la cocina como monumento literario desde el barroco de Casanova hasta ayer mismo, vísperas de la decadencia: pizza & pasta.

Hace justo un año me desgañité con otro timbal, ese más sorrentino, el del príncipe de Salina en su verano airado, al inicio de El gatopardo, cocinado entre Lampedusa y Visconti. Este mediodía no me he atrevido a cocinar: mi barroco dorado termina en una tortilla de patata y cebolla y le sigo poniendo demasiado vinagre a la ensalada. Dieta, pues (de nuevo) como el caballero de Seingalt al final de sus días y cuando las cosas venían mal dadas. Ayuno y sol. Y la mejor literatura.

Thursday, August 14, 2008

CALAMARES



Mi pueblo huele a fritanga, a pólvora y a albahaca, pero no por ese orden. La albahaca se la ponen al Santo Patrón, San Magín, del que ya hemos hablado otras veces, un santo simpático y aguador, de esos que parecen que sonríen y a los que se les pide agua y va y la concede, aunque sea poca.

Mis vecinos, algunos, los más pacatos, se han olvidado de las rogativas y se fían más de los comentarios meteorológicos de TV3 que de unos buenos rezos para mojar, por lo menos, las conciencias. Así les va.

Nosotros, tan pacientes y tan conmiserativos, vamos a ir a la primera misa del día 19, a las cinco de la mañana, con los pescadores y los castizos y los que alargan la fiesta hasta el desayuno temprano y algo resacoso. Pisando la albahaca, muriéndonos de calor y oliendo a gloria bendita.

Pero antes (y después) va a estallar la pólvora con todas las asunciones y los tránsitos del día de la Virgen, mañana mismo, la frontera entre el yo sudoroso y el superyo acostumbrado (lavado y relavado). Y al día siguiente San Roque, fiesta grande en Altea, en Laredo y en Trasobares, y en un barrio cerca de mi casa donde se come sandía y calamares, y a veces por ese orden. Otros años me ponía nervioso y me echaba a correr. Pero éste, a lo mejor es cosa de la edad pero estoy deseando que estalle el verano y que se me peguen al cuerpo las pepitas de sandía y el olor a pólvora y albahaca para celebrar que vivos seguimos unos cuantos y que nos gusta oler a calamares. Como el Reina Sofía.

MISERACHS


Hoy hace diez años de la muerte de Xavier Miserachs, ese artista extraordinario que fotografió parte de nuestra cotidianeidad con una soltura entre periodística y canalla, gotas cultas y aderezo popular (sal y pimienta, azúcar, canela y clavo).

Diez años, a pesar de que de tanta rabia de que se muera la gente, no son casi nada.

N.: La ilustración corresponde a la conocida fotografía titulada Laietana, también llamada El piropo, y es de 1962.

Thursday, August 07, 2008

EL GOURMET, EL COCINERO, EL MECENAS Y EL SEÑOR TORRES MUÑOZ


En un cine de mi pueblo han programado para este mes un ciclo bautizado, con bastante poca gracia, Gastronomía y cinema. La cosa empezó el lunes, en pleno fragor canicular y con los periódicos nacionales anunciando males, qué digo males, peores, nefastos tiempos para el contribuyente que se verá obligado a vender su segunda residencia, su tercer coche y a lo mejor hasta a su cuarto marido por culpa de la crisis económica. Fragor por fragor, las páginas centrales de esos mismos periódicos han ido aireando sin mucho ton y con ningún son las aventuras y desventuras de Paul Bocuse, cocinero, y de Pascal Henry, motorista-barra-gourmet, al salir de El Bulli, que suene a comedia hortera, quizás porque a lo mejor lo es: Al salir de El Bulli.

Los ingenuos y poco avezados programadores del ciclo de cine gastronómico empezaron, craso error, con Un toque de canela, una película bastante cursi de Tassos Boulmetis (bastante griega y bastante cursi), a la que sólo salva el protagonista, Georges Correface, el guapo guía turístico que retozó con Ana Belén en el pasillo de un autobús en plena pasión turca, y que lo mismo hace de turco que de griego-turco (¿aturquestado?) y que sonríe de maravilla. Pero no es forma de empezar un ciclo. Dentro de unos días los programadores harán lo que tienen que hacer y proyectarán Deliciosa Martha y El festín de Babette y el lunes día 25 de agosto, el día en que murió Nietzsche, el documental de Saura y de López-Linares El pollo, el pez y el cangrejo real, que también ha visto todo el mundo. Menudo día y menudo documental.

Pero las cosas son así. Se ve que son así. Como hace calor, gastronomía, que es más ligera que la política y mucho más que la metafísica. Por ejemplo. Hoy mismo se ha acabado de rodar en Arenys (o en Sant Pol, no estoy seguro) una película de Joaquín Oristrell que se va a titular ni más ni menos que Dieta mediterránea y que protagonizan la hija de Ángela Molina y Paco León, el de la serie Aída (que también, alguna vez, ha visto todo el mundo). La historia va a repasar cuarenta años de la vida española, y suponemos que se trata de la vida cotidiana, y el director se ha despachado con una frase que ha hecho estremecer mis ligeramente más prietas carnes (beneficios del sol y de la dieta): “la evolución de una España que pasó del puchero de lentejas a la cocina tecnoemocional podrá percibirse en la evolución de los personajes y su historia”. ¡Toma ya!. También supongo que esa será su España y a lo mejor la de Carme Ruscalleda, porque en la mía los potajes eran de garbanzos, de gabrieles, y los viernes viudos y con espinacas, y la única revolución tecnoemocional en mi casa fue el gas ciudad, puestos a trascender en cuanto a técnicas y a emociones.

A todo eso, el empachado gourmet motorista, monsieur Pascal Henry (¡un motorista con mecenas!), sigue dando que hablar y que escribir e incluso que presumir, como hace hoy el señor Màrius Carol en La Vanguardia al contarnos su última cena en El Bulli, justo un mes después que el motorista, y donde nos ha dado una lección de politesse, de gourmetismo e incluso de sommelierismo pero que se equivoca en una cosa cuando dice que el tal Pascal Henry se despidió “a la francesa” (y lo dice en serio) porque no se despidió (o se despidió poco), lo hizo à la suisse romande, que es otra cosa, y quedó como un quillo que se marcha sin pagar del merendero. Y empachado, seguro, y harto de Bocuse y de la guía Michelin y, lo peor, con el estómago encharcado porque sólo bebía agua.

Hay por ahí unos desaprensivos que han ofrecido una recompensa (una recompensa estupenda) al que ponga final a la historia. No nos vemos capaces porque hemos cometido la torpeza de recortar y archivar todo lo que se está contando sobre el caso, hay nos hemos asado de calor al volver de la playa (nueva torpeza) y el hígado se nos ha puesto tan trufado como el de la receta de un amigo para un foie con trufas blancas y ríos de armagnac y otras barbaridades por el estilo y que bautizó, muy sabiamente, foie del señor Torres Muñoz, en homenaje a su bicarbonato y al bienestar que sigue procurando a los estómagos atrevidos. Esa es mi España, la del señor Torres Muñoz. Y olé.

Tuesday, July 29, 2008

WITH PLEASURE



No hay que darle muchas vueltas. Después de una ensalada liviana y un buen pedazo de queso manchego semicurado (de espantos y de precios) he vuelto a esta pantalla porque seguramente es lo que más me gusta, escribir, y lo único con lo que no me siento obligado. Porque puedo poner una palabra detrás de la otra, hacer que encajen, más o menos, y justificar mi falta de literatura contando la literatura de los demás. Pero para eso sirven los diarios o estos magníficos artefactos que te permiten pensar, escribir y editar todo ello en pocos minutos, porque soy de los que piensan mientras escriben, no de los fatuos que dicen que lo hacen emocionados.

Hace un par de horas, antes de la ensalada, he pensado en escribir sobre Silvia Pinal, la Viridiana de Buñuel, que resulta que está pasando una mala época por culpa de una nieta díscola. Y he buscado la receta del buñueloni, el cóctel que don Luís perpetraba sustituyendo el Campari por Carpano y poca cosa más. Y entonces me he distraído en dos o tres páginas de Mon dernier soupir, esa biografía tan hermosa y tan triste a la que acudo alguna vez para recordar quién era el director del MoMA que le ponía al hielo del negroni pernod en vez de angostura o en qué numero de la rue Fontaine vivía André Breton, el 42, me parece. Tonterías así que, además, es imposible encontrarlas en Google. O a lo mejor sí.

Un poco más tarde, entre la ensalada y el queso, me he entretenido en averiguar qué comen los turistas americanos en Bayreuth porque estaba escuchando el tercer acto de La Walkyria que ha dirigido Christian Thielemann y que ha acabado no hace mucho. Brunilda y Wotan seguro que han tomado algo tibio (o lo están haciendo ahora mismo), pero los asistentes al festival tienen tiempo hasta las doce para cenar en el Lohmühle carpa fresca con ensalada o filetes de “zander”, que no sé lo que es, con salsa de almendras y patatas con perejil. Pero tampoco.

Se está enfriando el té, un buen, honrado y estricto té con limón y un poco de canela que dentro de un momento voy a rebautizar con dos cubitos de Fontvella y a lo mejor a bebérmelo de golpe, que es una mala costumbre. Ni un solo ruido civilizado en mi calle, y, lo acabo de ver desde el balcón, un novio despidiéndose de una ventana anónima, andando hacia atrás y echando besos al vacío, oscuro, y con los ojos brillantes. Despacito, haciendo un ruido acompasado con sus Nike, un chic-chic casi litúrgico. El amor, el verano y el silencio, lo mejor del mundo.

N.: La fotografía es de una parte muy austera y muy pretérita de mi familia en un veraneo, parece que luctuoso, en Santander. De luto riguroso, vamos. El amor no sé por donde andaba y el silencio, se les supone.

Wednesday, July 23, 2008

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO



El último verano, de repente, es éste. De momento. Pero no me puedo imaginar a Monty Clift comiendo escalivada ni a la pobre Liz Taylor sudando en su roulotte. De repente se me ha hecho tarde y también de repente me he puesto a celebrar que aquí hace menos calor que en Nueva Orleáns, que este año las berenjenas están magníficas (y las picotas y hasta unos melocotones pequeños que casi saben a verano de Fraga Iribarne), y me he puesto a asar esas berenjenas al son de los Proms del Albert Hall en mi querida Sony, que no se oye ni bien ni mal pero que, de repente, me ha hecho llegar tarde hasta a mi cita habitual con este blog, con los dos deditos de whiskie, con el chorreón de perrier y con mi traición gazpachera, grosso modo. Este año no hay gazpachos –casi- ni demasiadas cosas crudas. Conmigo tengo bastante (vuelta y vuelta).

La cuestión es que he puesto seis berenjenas pequeñas en la parrilla, no en el horno porque el horno las deja aguadas. A los pimientos no. Pero no tenía pimientos. He ido dando vuelta a las berenjenas, apretaditas en su parrilla pero respirando un poco, colocadas cara-con-culo, barnizadas – a mano- con un poco de aceite de oliva y enteras. Un buen rato por cada lado, que han sido cuatro: de norte a oeste. Me he quedado quieto, bien quieto, mientras crepitaban, mientras se iban quejando, desgajándose y soltando unos pitidos débiles y como agradecidos. Al cabo de más de media hora las he ido retirando, de dos en dos y quemándome los dedos, y las he envuelto en papel de periódico para que se entibiaran, se maceraran aún más y así, como hacían los antiguos, poder pelarlas mejor una vez frías. O casi.

Al abrir las hojas del diario me he dado cuenta de que las dos primeras habían yacido envueltas en un artículo de Antonio Muñoz Molina con una foto, espléndida, de Mrs. Herbert Duckworth hecha por Julia Margaret Cameron y que se conserva en el Metropolitan. Las dos siguientes se entibiaron junto a una fotografía esplendorosa de Juliette Gréco tomada en un concierto en París, en 1964. Y las dos últimas habían convivido con una reproducción de la obra Obstrucción, de Man Ray, que ahora se puede ver en el MNAC. La cuestión, ahora, es si hago caviar d’aubergine con Juliette Gréco, una simple escalivada con Man Ray o me atrevo a inventar algo con Mrs. Duckwort. Un mar de dudas que ha durado media hora más, de repente. Y luego he cenado dos crackers con un jamón menos que pasable y me he puesto a escribir.

El verano, de repente, es lo que tiene. A menos gazpacho, peores intenciones. Y a malas intenciones: ¡escalivada!.

Monday, July 14, 2008

PERINDE AC CADAVER


San Ignacio escribió en sus Constituciones Jesuitas, y en conocida frase, que en su Orden había que tener obediencia ciega al Papa y a los superiores “del mismo modo que un cadáver”. San Ignacio aludió también a los bastones de mando y a otras rigideces parecidas y nosotros, que no somos muy dados a obediencias extremas aunque sí solemos entretenernos con los Ejercicios ignacianos casi tanto como con el recetario de la marquesa de Parabere, hemos obedecido a ambos no diría que con rigor mortis pero sí con algo de condescendencia, acomodados a la bondad de ambos, del Santo y de la señora marquesa.

He amanecido con el estómago un poco a la funerala, del revés, vamos, por culpa de un largo e intenso fin de semana con un colofón nocturno, de domingo por la noche, que vale más no recordar. Y la mañana la he pasado un poco al bies, de puntillas y con todas mis convicciones, más bien antiguas, por los suelos. Entonces he escrito un articulillo esperando mejorar pero no ha sido hasta que me he acordado de San Ignacio y de doña María Mestayer de Echagüe, en obediencia más devota que ciega, cuando me he decidido a salir a comprar un poco de ternera y otro poco de gallina y he amañado un fantástico consomé de ave con un puerro, una cebolla, zanahorias, un hueso de jamón, pequeño, y su poquito de sal y su mucha paciencia (más de dos horas).

Y como somos de bastante celebrar le hemos llamado consommé, a la francesa, hoy que es 14 de abril y nuestros vecinos conmemoran, más que nada, el inicio de las vacaciones. Póngase, pues, un poco de obediencia ciega, una brizna de manual de Espasa Calpe y un cacillo de sentido común a cocer junto a las carnes y las hierbas, déjese reposar y aguarde. No espere, aguarde. Entre el estómago y el entendimiento hay mucha distancia y el verbo aguardar, lleno de esperanza, suele ayudar a acortarla. O eso me ha parecido.

N.: La bonita taza de consomé pertenece a la colección Ocean de Porcelanas Bidasoa, en su versión simple.

Sunday, July 06, 2008

ARROZ MAGRO DE FERRAN AGULLÓ



O no cocinamos o lo hacemos atropelladamente o, cuando nos ponemos a trascender, lo hacemos a golpe de literatura cosa que no sé muy bien si es buena para nuestro estómago pero que últimamente me da por pensar que no es ni saludable para nuestro intelecto. Bueno para ambos recipientes, imposible.

Llevamos algo más de dos años intentando demostrar (pensando en voz alta) que la racionalidad en la cocina es tan mala como en la vida eclesiástica. A los canónigos de mi pueblo, por ejemplo, les ha dado por ser frugales pero eso no quita que en casa ajena (a los canónigos les gusta mucho que les conviden a comer) se den no digo a la sinrazón pero sí un si es no es a la desmesura. A los canónigos de mi Sede (la Suya, desde luego), además de los pulpitos encebollados, como contaba don Álvaro Cunqueiro, también les gustan las pechugas villeroi y el bacalao con sanfaina y con eso sí que no suelen hacer excepciones.

La cuestión es que esta mañana ha amanecido raro, una tormenta seca y corta ha venido a anunciarme un calor saltarín, primero, y luego ya sofocante, hacia la hora del Ángelus, y tras el tercer café el estómago me ha recordado que ayer me porté mal, un poco como los canónigos mediterráneos, y que necesitaba en primer lugar entretenimiento y después un menú balsámico y un punto conmemorativo. La solución me ha llegado por la vía habitual, la estantería de la derecha, y hemos acudido a don Ferran Agulló y su Llibre de la cuina catalana, del que creo que no hemos hablado nunca y bien que lo lamentamos. Y lo que son las cosas, resulta que el pasado día dos hizo setenta y cinco años de la muerte de don Ferran. La edición que manejamos es un facsímil de la segunda del libro de Agulló que la editorial Altafulla comenzó a editar en 1978. Lleva un prólogo poco consistente de Llorenç Torrado y recoge un articulo que le dedicó Josep Maria de Sagarra a los pocos días del fallecimiento de Agulló, el dos de julio de 1933.

El libro que escribió el poeta, jurista y sobre todo secretario general de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó, tiene un aire ligeramente etnográfico y las recetas están escritas con una candidez conmovedora. Agulló no era mal poeta y Pla le dedicó unas palabras, lo que ya era mucho para el ampurdanés, casi al final de su miscelánea Un senyor de Barcelona, diciendo que se trataba de (traducimos) “quizás el mejor libro moderno sobre cocina”. Moderno hasta 1942 pero quizás hasta mucho después. A Pla no le caía bien Ignasi Doménech, aunque no lo dijera, ni mucho menos Rondissoni que, de todas formas, anduvo muy olvidado hasta los años 70. Y a Pla tampoco le gustaban los recetarios.

Total que entre conmemorativos, acalorados y necesitados de una buena dosis de sabor local le hemos copiado a medias la receta a don Ferran que, según cuenta, comió el plato muchas veces en el Hostal d’En Rata de Cassà de la Selva. Bravo pueblo. La receta empieza como un poema o como un epigrama aunque luego se hace prosa de repente. Dice: “Aceite, el sofrito, con pimiento rojo por añadidura, asado o en conserva; el arroz; todo bien sofrito. Si los hay, unos guisantes; el agua”. Maravillosa estrofa que queda un poco fofa traducida pero que siempre me ha sorprendido: “Aceite…el agua”. Fantástico.

Entonces, ya en prosa, hay que hacer una picada en el mortero con queso seco (“de payés”, dice, “o de Holanda”), almendras tostadas, uno o dos dientes de ajo, una ramita de perejil y dos anchoas limpias y desaladas, que se añade al arroz sofrito e hirviente al cabo de cinco minutos. Magro y cabal. La Lliga Regionalista tenía ese año de 1933 más de un problema (creo que entonces Cambó ya estaba enfermo) y el pobre Agulló se ahorró los seis años siguientes que, con este calor o con un calor parecido, fueron de bastante mal pasar. Incluso con una buena ración de arroz magro.

Monday, June 30, 2008

GABRIELES (COCIDO'S CHICK PEAS)



También nos gusta Màrius Serra, excelente escritor que vive en el barrio de Horta de Barcelona, que publica diariamente dos crucigramas, uno en catalán y el otro en castellano en el diario La Vanguardia (el castellano, excelente, bajo el seudónimo de Fortuny), que mantiene un portal trilingüe sobre juegos de palabras y que ha publicado varias novelas y libros de relatos.

Casi cada noche nos solemos embarcar en el único crucigrama que hemos sido capaces de resolver, aún con dificultades, y casi cada noche nos solemos enfadar con el señor Fortuny-Serra porque nos engaña, nos ofusca, nos lo pone difícil. El jueves pasado, en el 6 vertical, nos pedía unos “garbanzos del cocido”. Y comenzaban por una g. ¿Quién se acuerda de los magníficos gabrieles de don Benito, mal llamado “el Garbancero” y apellidado Pérez Galdós, o de los de Max Aub o los del general Miaja? ¿Quién se acuerda, de todas formas, de don Benito o de don Max o del dubitativo y complicado don José Miaja?.

Màrius Serra, lo que son las cosas, nos propone gabrieles para cenar. Más o menos.

SPAM STUDY


Magnífico cuadro de uno de nuestros pintores preferidos. Edward Ruscha, de 1961-1962 (o sea que, antiguo), y que está en la USB Collection.

Nos gusta ese spam.

Wednesday, June 25, 2008

MAJADERO


Así se le llama, también, a la mano del mortero o del almirez. Con él, según don Dionisio Pérez, de nombre literario Post-Thebussem, del que ya hablamos en otra ocasión a cuenta de las perdices a lo torero, los andaluces y los extremeños “majan y remajan obstinadamente en la almirez” sus panes y sus tomates.

Me ha gustado recordar que para don Dionisio la almirez fuera todavía femenino (o femenina) y que remarcara la obstinación de los cocineros del sur y de los del oeste. Obstinación que imaginamos lenta, por el calor, oracional, por las letanías de los rezos o a lo mejor de las blasfemias pero sobre todo prudente. Virtud que parece cosa de clérigos antiguos (o de antiguos blasfemos) pero que me suele venir bien si no para el gazpacho, al menos para la calor. Que si es femenina parece menos.

Friday, June 20, 2008

DOS SALMONETES: UNO DE TOSSA Y EL OTRO DE BLANES


Nuestro amigo Sebastián Damunt nos recomendó ayer, en uno de sus estupendos blogs, Charla de sobremesa, el cruce de cartas, espléndido y hasta cierto punto conmovedor, que tuvieron el cocinero senyor Vila, de Blanes, y el escritor Josep Pla, de Llofríu, en la páginas de la revista Destino en el mes de agosto de 1946 a cuenta de unos salmonetes.

Hay que leerlas ambas y no perder ripio. La declaración de principios del de Llofríu sobre su “ex paladar”, “un paladar que pasó a la historia”, es genial.

La ilustración se la hemos tomado prestada a las Pescaderías Coruñesas de la calle Juan Montalvo número 14 de Madrid. O sea que a lo mejor el salmonete no es ni de Tossa ni de Blanes.

Wednesday, June 18, 2008

ALUMBRADO


Me ha gustado mucho la fotografía que publica hoy La Vanguardia en su sección La foto del lector, tomada en la plaza del Pilar de Zaragoza y coincidiendo con la visita de la autora a la Expo. Que ya es coincidir.

Me ha gustado mucho más, por lo explícita e incluso por lo temperamental (¡bravo por el Excelentísimo Ayuntamiento!), que las declaraciones, unas páginas después, de Ferrán Adrià con las que aparentemente y según el cronista “quiso poner punto final a la polémica con Santi Santamaría”, una banalidad más sobre la tradición y la vanguardia cuando a estas alturas de la tradición, y no digamos de la vanguardia, nadie cree ya ni en tirios ni en troyanos ni en montescos ni capulettos de algo, la cocina, que no necesita más que praxis y apenas alguna teoría aislada.

Poesía es lo que hace falta, como en la plaza del Pilar.