Thursday, January 29, 2009

FLORIDO MAYO




A estas horas, tan tardías, me doy cuenta de que, por no haber cenado todavía, me dedico a cosas aviesas, atravesadas, impropias de un espíritu que a base de años se convierte en conservador de, precisamente, lo no conservado, de lo despilfarrado.

A estas horas (¡tampoco es tan tarde!) se me van apareciendo los fantasmas disfrazados de duques (o de duquesas), de frailes huraños (y también de beatos felices, valga la redundancia), de prebostes panzudos, ahítos de caracoles en salsa brava de tomates y cayenas y granos de pimienta negra, de torvos galanes que enamoran a infelices damas de cabelleras lacias que desconocen los efectos del té de roca y de la marialuísa. Barraganas serán, seguramente. Pero no. Mis fantasmas tienen nombre y apellido y comen lo que haga falta. De noche (“por de noche”, como dicen cerca de Cambados), sopas: de ajos tiernos y de ajos secos, de tomillo por aquí y de cebolla y queso tierno y pan candeal por allá. Mis fantasmas no son peludos, ¡faltaría más!, sino parientes de los duques, las duquesas, los prebostes y las damas de rubia cabellera de verdad. Mis fantasmas ya han cenado hace rato. Y yo todavía no.

En esas voy y me acerco al montón inconexo de libros que hay (que existe, que sobrevive) encima de la cómoda. Y ha aparecido el libro de Alfonso Grosso, que no sé por qué estaba ahí. Y lo he abierto. Y me ha dado la razón: “Bebimos bajo el emparrado, junto al porche del corralito, frente al pozo rodeado de gitanillas y geranios, una botella de vino blanco acompañada de un plato de caracoles en salsa de hinojo y poleo –burgados del cementerio, galaicos escargots que huelen a osario y cuyo gusto, ácido y perverso, recuerda vagamente…” y no sigo porque la cita empieza bien pero acaba fatal.

Alfonso Grosso, del que ya se acuerda poca gente, no era Lezama Lima ni “el alto poeta Rubén” ni nada parecido. Pero tampoco escribía tan mal aunque no me haya atrevido a acabar la cita por piedad, seguramente, que, en este caso, podría ser una virtud.

En mi pueblo no se suelen comer según qué caracoles porque recuerdan, muchas veces (y a los antiguos) a las tapias del cementerio. Hay otros mayores que viven entre los juncos o en los límites de una urbanización donde, sus habitantes, no comen caracoles. Y los mejores, que no conocía Alfonso Grosso, se llaman, por aquí, “cristians”, cristianos, por una especie de fervor genealógico o vete a saber por qué. Ayer compré un buen manojo (¿los caracoles se venden en manojos?, pregunto) de esos cristianos que mañana mismo van a luchar con las cayenas en una cruzada contra el impío, mi estómago, o contra mi incredulidad. Cristiana.

Escribo, ya lo ven, por escribir. Porque todavía no he cenado y porque es lo que más me gusta del mundo. Incluso del demonio. Y hasta de la carne.

Sunday, January 18, 2009

MALDITO FRÍO


Se han complicado las cosas y, al final, he tenido que empezar a tomar antibióticos para que la cosa se calmara, para que volviera ese cierto orden que no sirve para mucho más que para intentar entender lo que está pasando a nuestro alrededor. Más o menos.

La cuestión es que desde el jueves no debo beber alcohol y desde entonces calditos calientes y todo eso. Y ya que la imaginación no siempre rima con la dipsomanía pero la memoria suele convivir bien a gusto con la abstemia (porque será “abstemia” y no “abstención”, ¿no?), y como sin querer, me he acordado de que doña Concha Piquer nos cantaba ya hace mucho que “La Parrala” bebía para olvidar. Y he buscado la letra completa porque no quedaba muy claro: “Que si no bebe no pué cantar”. Y en la siguiente estrofa nos suelta ese “Que no, que no, que sólo bebe para olvidar”.

Sabemos que a La Parrala le gusta el vino, el aguardiente y el marraschino, cosa bastante natural, pero poca cosa cuenta más doña Concha de las cuitas de La Parrala. ¿Son cuestiones de amor? ¿Su apoderado, llamémosle así, la ha dejado de lado? ¿Le han subido el alquiler?

¿Por quién bebe La Parrala?

Sunday, January 11, 2009

MARISOL, SALÓN DE BODAS Y BANQUETES


El día dos de septiembre de 1956 se celebró en el salón de bodas Marisol, junto a la estación media del Funicular de Montjuic, el banquete de celebración del enlace entre don Juan Amestoy y la gentil señorita Lolita Roig, ambos residentes en Barcelona. El menú consistió en un atrevido Combinado-aperitivo, seguido de unos abundantes Entremeses de fiambres surtidos. Como entrante, a elegir, un Arroz-paella valenciana o unos Canelones a la crema. Seguían unos Filetes de lenguado y calamares-salsa mahonesa y culminaba con un Pollo Reina del Prat-patatas doradas. Como colofón, la esplendida Copa helada “Marisol” seguida de la Tarta Nupcial, café y licores. El menú, claro está, no dice nada del adorno floral ni tan siquiera de la disposición de las mesas. Ni habla del vestido de la novia ni del tocado de la madrina ni del pantalón tipo paje de los primitos de Lolita, Marcos y Cesarín, que acabaron tirando la mesa de los licores con el consiguiente estruendo, el enfado del maître, la sonora bofetada del señor Amestoy al pobre Cesarín, que tú para que te tienes que meter, si son cosas de niños, pues entonces, a ver quién va a pagar todo esto, si es por eso, mi madre, ni tu madre ni nada, la señorita Lolita, ya señora de Amestoy, hecha un mar de lágrimas y con el vestido lleno de barro en los bajos y su prima Anita que ahora la abanicaba, que ahora lloraba y al final la señora viuda de Roig calmando los ánimos y esperándose lo peor.

Cesarín tuvo un empacho por culpa de la mayonesa y de la nata del pastel y le levantaron el castigo. Lolita de Amestoy, de soltera Roig, no volvió a comer calamares en su vida.

Thursday, December 18, 2008

AL Y CHRIS



Cuando un estupendo Al Pacino llega a las puertas del Waldorf Astoria acompañado del imberbe Chris O’Donnell en Esencia de mujer, el estupendo le pregunta al imberbe:

-¿Sabes dónde estamos?

Chris abre un poco más los ojos y continúa Al, triunfante:

-En el cenit de la civilización: el Waldorf Astoria.

Si el colmo de la cultura española es César Antonio Molina, la cumbre de las artes plásticas Miquel Barceló y el culmen de la restauración Ferran Adrià, ¿cuál es el cenit de la civilización de nuestro complejo pueblo?. Me pregunto.

N.: En la ilustración la periodista Elsa Maxwell le está hablando (y parece ser que sin parar) a una dócil Marilyn Monroe en su suite del Waldorf. En la suite de Marilyn.

Wednesday, December 10, 2008

CLAUDIO Y MARCELO



Lo mejor que se ha publicado (en la red, naturalmente) en el ¿feroz? aniversario de Claude Lévi-Strauss. En un precioso diálogo con Marcel Proust y, al final, con el príncipe de Salina de la mano del signore Luchino: La magdalena que nos une.

Y mira por dónde, el autor también es de la familia. Al final la familia somos todos.

Monday, December 08, 2008

CUENTO DE NAVIDAD (ESTOFADO DE FALDA DE TERNERA)



No tenía ganas de nada. Le había entrado frío de repente, había encendido la estufa y ahora estaba como atontada, sin ganas de empezar la carta y con los pies fríos. Había acabado hace un rato un serial nuevo, Simplemente María, menudo nombre, y las ganas de no salir y todavía seis faldas por terminar, seis, y las ganas de acabar con todo.

Cogió un sobre de los buenos, de los de papel-tela con un forro morado, y tachó con mucho cuidado el membrete pero aún así todavía se podía leer al trasluz lo de “Junta Provincial de la Mutualidad Nacional de Enseñanza Primaria. Barcelona”. Dejó el escudo de España porque le pareció que quedaba bonito y se frotó las manos. No está mal.

Se lo pensó mucho, con la pluma en ristre, y tachó dos veces el encabezamiento. Ya lo pondré en limpio. Un borrón en “Querido Miguel” y los dedos manchados de tinta azul. Que no hay quien la quite. Desde el patio se oía cantar a una niña un villancico antiguo y seguramente fronterizo. Entre Aragón y Cataluña. Querido Miguel. Y la soledad y las patatas al fuego, que no debe quedar casi agua, y los ojos escocidos, de no pensar en nada. Como yo digo, Julita, de tanto pensar se te van a quedar los sesos secos.

Querido Miguel, no hace falta que me contestes ni que me veas nunca más, lo siento, y el cazo empezó a chisporrotear, desde la cocina empezó a llegar un leve olor a quemado y Julita se quedó quieta, respirando poquito, jadeando, con los pies aún más fríos.

Si es verdad lo que me han dicho, que te vieron el martes salir del Principal Palacio con uno que es medio gitano, uno que vive en la calle del Carmen, no quiero que nos volvamos a ver nunca más.

Tachó lo de la calle del Carmen, se levantó y fue despacio hasta la cocina, arrastrando los pies, y apartó con un paño el cazo con las cuatro patatas que ya habían virado del tierra de siena al verde veronés, requemadas, encogidas, asfixiadas, boqueando como sardinas.

Me han dicho que te vieron salir de un cine con una mala compañía. Volvió a tachar lo de mala compañía porque le parecía de monja. Mejor poner que le han visto varias veces rondando por la calle Escudellers, o por Montjüic. Tampoco.

Querido Miguel, no me creo lo que las malas lenguas van contando por ahí sobre ti. Se le habían secado los ojos. Julita, se te están secando los ojos lo mismo que los sesos. Rompió el papel en pedacitos pequeños, guardó la pluma, miró al techo, a la estufa, al tintineo del fluorescente de la cocina. Y se acercó despacio, iluminada, tiró las patatas veronés y peló cinco, seis, siete, diez patatas oscuras como el parque de Monjüic, tortuosas como la calle Escudellers, tremendas como los urinarios del Principal Palacio, prietas como las tabernas del Arco del Teatro y las cortó en trozos medianos, a cachos, desiguales, las desgajó antes de acabar el corte y se puso a preparar el estofado Miguel, con cebolla y zanahorias y falda de ternera que tenía troceada.

Friday, December 05, 2008

CORAZAS INFRANQUEABLES, LANZAS O PUÑALES



La culpa de casi todo, y más en mi caso, es de la literatura. Si en vez de entretenerme en desgajar los versos ajenos, en citar a los cuentistas de hace un siglo, o de hace dos, y de imitar a los que tenían el índice y el corazón derechos manchados de tinta azul, o de tinta negra, si en vez de cocinar para alimentarme lo hubiera hecho para convencer, o para convencerme, si en vez de releer y de subrayar y de insistir me hubiera quedado en silencio, entre pucheros, esmerándome, intentando aprender.

Amigos míos, si en vez de todo eso hubiera aprendido algo, no tan solo a lamentarme, seguramente no estaría escribiendo esto. Pero tampoco hubiera ganado ni el Nadal ni el Bocuse. Seguramente.

Tuesday, December 02, 2008

CUESTIÓN DE ESTILO




Hace un rato he tenido un cierto desacomodo emocional, por llamarle algo, por culpa de mi poca, de mi escasa previsión, o quizás porque a veces me dejo llevar por la confianza, mal de muchos y consuelo de los más estúpidos.

Y no se trata de amor, ¡qué mas quisiera!, sino de desazón a las bravas. Que ni Cervantes me sirve, para citarlo, ni Shelley, al que suelo recurrir, ni tan siquiera Luís Cernuda que también me ayuda en trances como estos. Menudo trío.

A lo que iba. Esto se parece tanto a un blog de gastronomía como el bocadillo de escalivada, anchoas y longaniza de mi añorada Antoñita (se jubiló y cerró el bar) a la cocina-sin-reparos de la que suelen hablar muchos de Ustedes. Pero los tiempos son así y la letra es lo único que me suele convenir.

Lástima, mucha lástima, que haya gente a la que le cueste comprender. Mezclar las churras con las merinas y todo eso. Cuestión de estilo: el mío no es muy bueno pero el otro, ¡bendito sea el que lo entienda!.

Thursday, November 27, 2008

ES INÚTIL ENTRAR



Hay un bellísimo poema de nuestro querido Cesare Pavese que tituló Indisciplina y que hace tiempo, mucho tiempo, acompañó varios temas y variaciones de mi vida en Compostela. Las cosas no fueron fáciles, sobre todo al final, y excepto el cocido de los jueves, las filloas de Carnaval y las empanadas del día de San José la coda no siempre fue gastronómica. Aunque algo de eso había. Bastante (la mejor tortilla de patatas del mundo, templada, el queso, el membrillo y hasta el bar de la facultad de Historia).

Pero Pavese situó su verso un poco más lejos y habló de un borracho, de un embriagado, y ni me atrevo a traducir el poema. Más que bello, tremendo. En su imaginario contaba que cada casa tenía una puerta pero que era inútil entrar. Y su borracho no cantaba pero tenía un camino, un paseo, donde el único obstáculo era el aire. Por fortuna más allá no estaba el mar porque el borracho, caminando tranquilo, entraría y, una vez dentro, seguiría en el fondo el mismo camino. Fuera, siempre, la luz sería la misma.

Mi disciplina me impide casi cada día llegar junto al mar, con lo cerca que lo tengo. Y me quedo aquí, cortando trozos de queso y pedacitos de membrillo e intentando que la tortilla cuaje por un igual. Disciplinado. Y sobrio.

Wednesday, November 19, 2008

AMOR VOLAT UNDIQUE



Hace una semana ha cerrado el penúltimo bar de alterne de mi barrio, el Bar Tortosa, que en su día, ya hace mucho, congregó no a la flor pero a lo mejor sí a la nata del prostibulismo local en una ruta que de puro concurrida empezaba bastante lejos, en una de las puertas de la muralla romana, y acababa Dios sabe dónde. El bar todavía luce su rótulo amarillo limón justo delante de esta pantalla aunque mirando un poco al bies. Si levanto un poco el culo de la silla todavía lo veo reflejado en un espejo que tengo en la pared de la derecha. Apagado. Oscuro.

Hace tiempo que ando buscando un almacén nuevo por el barrio porque el espacio que tengo para trabajar se me ha quedado chico. El propietario del local, un hombre bastante joven todavía, me ha venido a buscar esta mañana para ver si me interesaba. He bajado las escaleras al trote y he entrado por primera vez en ese bar, ahora abandonado, que siempre entreví, alguna vez adiviné y el resto del tiempo fue su rótulo amarillo limón, reflejado en mi espejo isabelino, el que me hizo compañía en alguna noche como ésta.

Y me he quedado anonadado. El bar estaba intacto pero vacío, claro está, y limpio pero con un aroma tenue a perfume barato y un poco más intenso a desinfectante. Brava mezcla. La barra desnuda, ni vasos ni botellas ni clientes ni por supuesto meretrices.

El propietario se ha empeñado en enseñarme todos y cada uno de los rincones, que había muchos, y, ya en el primer piso, angosto pero extrañamente luminoso, tres alcobas con las camas hechas, las colchas de algodón intactas, los bidés relucientes y unas cortinillas de nailon rosa que parecía que se alegraban al verme. Por ejemplo.

No me voy a quedar el local porque me resulta pequeño aunque está delante de casa y eso sería fantástico. Pero hubiera pagado a gusto tres meses, que no es tanto, para plantar una mesa delante de la barra y escribir, al atardecer, crónicas sobre el tiempo ido, sobre el amor pagado o sobre ese olor que al final seguramente lograría describir o por lo menos a impregnarme.

El amor tiene que ver con la cocina, claro que sí, y sobre todo. Y la soledad también.

Monday, November 10, 2008

ZOILA AUGUSTA EMPERATRIZ



Justo dos años antes de su fallecimiento en una clínica geriátrica de Los Ángeles, el 1 de noviembre de 1986 le dedicamos a Yma Súmac un par de ensaladas que vistas ahora no es que me parezcan irreverentes pero por lo menos poco conmemorativas.

De la muerte de Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo, para el mundo Yma Sumác, de la que quiero seguir pensando que era heredera directa del último rey de los incas, Atahualpa, me ha avisado mi amiga Nené, que suele leer los periódicos antes que yo y que seguro que también abrió los ojos como platos (como platos hondos, de cuando la sopa se comía así) cuando oyó a Yma desgañitarse con su prodigiosa voz y su no menos extraordinario aspecto. Y hace dos años, y ahora lo lamento, le escatimamos a la cantante el acento en la “ú” (siempre pensé que era así, “Sumac”) y un recuerdo divertido de otra querida amiga con la que hacíamos competiciones infantiles para imitar a la artífice de Lamento y de Suray Surita, nuestras canciones preferidas.

Hoy no le vamos a dedicar a Yma ninguna ensalada, y menos la de salmón y la de sesos fríos que entonces nos inventamos que así las llamábamos en casa, con el nombre de la pobre Yma y con el título de una de sus canciones. Hoy no es que haga frío, pero tenía pensado apañar una sopa de rape con algo que me ha quedado del mediodía y no tengo ni el corazón ni el escenario para recrear ninguno de los lamentos de la princesa inca. Dejemos, pues, que transcurra noviembre en paz, que Yma siga en Itunes con su registro ¡de cinco octavas!, y el alma se me vaya serenando con la colita de rape, el puñadito de fideos del número 1 y algo de literatura pagana.

N.: Volveremos a Yma, con más temple, y a otra dinastía, la de los Grau Moctezuma, que hace años tenían su casa de verano en Calafell, me parece, o en Cunit, y la casa imperial en Andorra. Volveremos.

Saturday, November 08, 2008

MÁS CUNQUEIRO



Absolutamente recomendable, para entusiastas y curiosos en general, la grabación de la conferencia que pronunció don Álvaro en la Fundación March en el año 1975, presentado por José María Alfaro.

Como siempre, nos avisan en Libro de Notas.

N.: La fotografía corresponde a la tumba de Cunqueiro en el cementerio antiguo de Mondoñedo, con ese epitafio tan bonito.

Thursday, November 06, 2008

GUISO DE JUDÍAS VERDES




“El día 9 de febrero se conmemora la muerte del estudiante caído camarada Matías Montero. Fue Matías Montero estudiante de medicina en la facultad de Madrid, inteligente, valiente y joven…” Entonces sonó un gong y en seguida los compases del himno Yo tenía un camarada. Hacía frío en la cocina, con esa manía de tener la puerta de la galería abierta durante todo el día y luego el trajín con los baldes de ropa a medio lavar, los cestos de las sábanas sucias y las enormes bandejas de mimbre con la ropa por planchar.

“Ansiaba algo que le faltaba, que le llenaba de angustia, algo que calaba muy hondo en su corazón. Quería a España con todo el ímpetu de su corazón joven, pero no a esa España sin ambición, desilusionada, separatista, injusta…” Otra vez el gong y la canción Montañas nevadas, que a mí me gustaba tanto, que se iba acallando hasta convertirse en un rumor. “Y la amaba más porque no le gustaba, como a José Antonio, nuestro fundador y Jefe Nacional, con afán de perfección. Un día se encontró con José Antonio…”, el locutor carraspeó y se quedó callado unos segundos, “se encontró con José Antonio y cambió impresiones con él, buscando ambos con excesiva vehemencia la razón de la existencia de España”.

La tata Lucía se estaba poniendo nerviosa porque la radio no dejaba de soltar una especie de pitidos y yo la hacía callar. “Vehemencia”, pensé. Menuda palabra.

“Al servicio de España ofreció su vida, encadenada para siempre a la lucha por una España mejor, lo que le valió una amenaza de muerte…” Tañían a muerto unas campanas y volvían, atropelladamente, los compases de Yo tenía una camarada.

La tata había puesto a cocer casi un kilo de judías verdes con sal, destapadas y a fuego medio. “Y el día 9 de febrero de 1934, a los diecinueve años, murió asesinado por la espalda en las calles de Madrid, al servicio de la Falange y al servicio de España”. La radio no dejaba de pitar y yo le di un golpecito en un lado. Nada. “Y al traerlo a nuestras mentes recordaremos la consigna de nuestro fundador, dicha a los pies de su tumba…” Entonces sonaba el Cara al sol tras un suspiro del locutor, entre pitidos intermitentes. “Que Dios te de el descanso eterno y a nosotros nos lo niegue hasta que recojamos la semilla que has sembrado con tu muerte”. Me estremecí mientras volvía a sonar el himno, a mayor volumen, fundido con unas campanas tañendo a Gloria: “Camarada Matías Montero, gracias por tu ejemplo. ¡Presente!”.

La tata quiso apagar la radio cuando empezó a sonar el Himno Nacional y yo me enfadé mucho. Luego escurrió las judías, un poco, las puso en una cacerola con un sofrito de cebolla y tomate, revolvió y las dejó cocer durante un rato a fuego lento. Ni ajo, ni laurel, ni gloria.

En la radio sonaba ahora Amapola y en el patio se oía el eco de un tenedor contra una escudilla, batiendo un huevo, en buen compás. Lucía colocó las judías en una fuente, las ordenó un poco y las coronó con unas tiras de pimiento asado y un poco de huevo duro cortado en rodajas, muy finas.

Sunday, November 02, 2008

NOVEMBER'S SONG



Cuando algo no me sale bien, cuando algo no me gusta o, peor, cuando alguna cosa me asusta lo suelo convertir en literatura. Escribir sobre ello, relatarlo, contármelo para quitarle hierro o, a lo mejor, para darle el aspecto que realmente quiero que tenga. O para vengarme de él, de la persona, del asunto, de la cosa.

Pero no siempre me sirve. O no soy capaz o el argumento o el personaje se me tuercen desde el principio (o al poco rato) o quizás se me despistan o, qué sé yo, me dan tanto trabajo que resulta que es peor.

Con Dorita, la de los macarrones, no pasó nada de eso, ni mucho menos. Ni con Angelita, la del otro día, ni siquiera con tía Matilde ni con la señorita Cristina. Tampoco pasó casi nada ni con Borges ni con Pavese ni con el príncipe de Lampedusa. Y un poco tan sólo con Cunqueiro, con don Néstor Luján o con Josep Pla. Ganas de escribir, más que nada, y un poco de mala conciencia (los deberes por hacer y todo eso).

Lo peor, de todas formas (el peor, en este caso) es ese imbécil que parece que me odia aunque a lo mejor el imbécil soy yo y el odio es tan sólo indiferencia.

Qué le vamos a hacer, es domingo por la tarde, ha empezado a hacer frío en mi pueblo, esos niños que siempre juegan a la pelota debajo de mi balcón se han quedado en casa y el segundo té ha resultado casi tan insípido como el primero. Demasiado fronterizo, vamos.

Saturday, October 25, 2008

SINRAZÓN (SIN RAZÓN)



En el suplemento central y diario de La Vanguardia, esas páginas color salmón que titulan Vivir, suelen aparecer pequeñas notas sobre vinos, yantares y restaurantes de moda en una columna llamada, claro está, Gastronomía.

En la de hoy el redactor anónimo escribe una glosa, escueta, sobre el nuevo restaurante de Ramón Freixa, el Avalon, que va a dedicar, como ya lo ha hecho Carles Gaig en su flamante Fonda Gaig y, cuenta el cronista, que lo harán próximamente Fermí Puig y Carlos Abellán, a la cocina tradicional. Esa cocina ofrecerá, lógicamente, platos tradicionales y, sigue diciendo el periodista, a precios razonables. Y me pregunto (tengo varias preguntas), ¿es que siempre la tradición va ligada con la razón o, al menos, con lo razonable?.

2ª pregunta: ¿Es mejor lo razonable que lo irracional, si es que son (fueran, estuvieran, se consideraran) antónimos?.

3ª pregunta: Los precios razonables de la cocina tradicional de los estrellados michelín ¿tienen que ver con la tradición? ¿o quizás con la racionalidad?.

Y así hasta el infinito, dando por descontado que los precios de la cocina de vanguardia son irracionales (lo da el cronista, no yo), que lo razonable puede ser también “mediano”, o “regular”, y que el valor y el precio es lo que suele confundir el necio.

Aún así, no conozco a Ramón Freixa pero sí a Carles Gaig y les puedo asegurar que su razonable, razonado y racional “trinxat” de col y patata con butifarra negra y tocino entreverado es estupendo. Y que a mí, aunque me empeñe, no me sale igual de bueno. Parecido, quizás. Cabal, no hay duda. Pero es que a lo mejor soy un tanto irracional.

N.: La ilustración corresponde a un cuadro atribuido a don Francisco de Goya, que está en el monasterio de Guadalupe y que se suele llamar Locos en el manicomio.

Friday, October 24, 2008

QUINTA PALABRA



Cuando los directivos de la conocida agua Évian le propusieron a Luís Buñuel que rodara una cinta publicitaria para promocionar su producto el cineasta les presentó un breve guión donde aparecería Jesucristo en la cruz pidiendo agua (“tengo sed”) y cómo luego los sayones le ofrecían un vaso de la suya, un vaso de Évian. El proyecto, claro está, nunca se llevó a cabo.

Eso es lo que contó ayer Juan Luís Buñuel en la Seminci, la 53ª Semana de Cine de Valladolid, flanqueado en la rueda de prensa por Carlos Saura y Jean Claude Carrière, “el guionista” de don Luís, para conmemorar con todo ello el 25º aniversario del fallecimiento del autor de Viridiana. Y brindar con agua del Pisuerga, supongo, o con un blanco de Rueda. Por ejemplo.

Sunday, October 19, 2008

SILVA DE VARIA LECCIÓN



Pues sí. La soledad de los domingos por la tarde es una soledad pública, casi tanto como ese silencio del que tanto presumo y que luego resulta que me saca de quicio.

Angelita, la de la foto, seguramente había ido al cine con su novio Julián y se habían comido todo un cartucho de altramuces y no se habían soltado las manos en todo el rato y Julián, locuaz, dicharachero, enamorado, le había susurrado mil cosas al oído.

Para qué seguir si su domingo había sido fantástico, de primero macarrones, luego ternera en salsa (a Angelita le gustaba mucho decir ternera a la jardinera) y de postre natillas. O a lo mejor no. A lo mejor Julián era un malvado que había comido ensaladilla y merluza a la vasca en casa de una viuda ya algo mayor y luego se había ido al cine con Angelita, tan fresco, a susurrarle mentiras (porque Julián olía a puro, a purito, y a Maderas de Oriente aunque su novia no le daba importancia). El domingo que viene, después de misa, voy a espiar a Julián desde detrás de los visillos a ver si entra o no en casa de la viuda. Que en el cine hay programa doble y Angelita, no sé, no se merece eso.

Wednesday, October 15, 2008

MÁXIMA



Hay que beber para recordar y comer para olvidar.

Pepe Carvalho.

Monday, October 13, 2008

M.V.M.


De Negra y Criminal.

L'AMOUR EN WAGON LIT




Dos casualidades lectoras y una conversación familiar nos han devuelto un olor, un color y, tal vez, un deseo. Hace ya rato, con la luna a punto de estallar y el genio, como se solía decir, algo más templado.

Esta tarde, paseando por el pueblo de Anton casi en secreto, hemos hablado de la soledad tremenda de las calles domingueras al calor de la digestión (o en sus ardores, como decía el otro), del olor o quizás de la sensación de asfixia de esa soledad. Unos caracoles perfectos con un alioli que era, como los de Carvalho o los de Biscúter, un bálsamo perfecto para la soledad, una pomada más preventiva que curativa para los males de corazón, han tenido parte de culpa. Y una de las mejores confiterías del Principado cerrada y un tufo a unos churros sin patria (y sin razón) han puesto la guinda. O peor, se la han quitado.

Pero la cosa iba de soledades y de trenes y de amores prometidos y no siempre cumplidos. Miento un poco. Lo del amor lo añado porque sin amor no hay texto y sin texto no hay soledad que aguante. Por lo menos a nuestra edad.

El primero de los textos es la autobiografía de Alberto Oliart, Contra el olvido, que ha leído poca gente por aquí pero que los de Tusquets, no siempre hábiles, siguen reeditando. Oliart habla de la guerra y de la postguerra, crudamente, y de Barral, de Castellet, de Jaime Gil y de parte de mi familia, una parte muy querida y también muy olvidada. De esa parte hemos hablado hoy, y hasta hemos hecho una llamada telefónica en pleno fragor caracolero. Porque era el día del Pilar y los viajes en tren de Alberto Oliart eran idénticos a los nuestros y a los de media España, y porque en el fondo de un pasillo de tren antiguo siempre queda un olor a tortilla. Y a olvido.

La otra lectura ha sido provocada. O sea que he mentido otra vez y no ha sido casual. Pero se me estaba haciendo tarde y no he tenido más que alargar la mano para rescatar de otro olvido la Historia de una taberna de Antonio Díaz Cañabate para meterme de cabeza en un vagón de tercera, que olía más, que olía.

Antes los trenes tenían tres clases, como ahora, pero más explícitas y me parece que hasta más caritativas. Eso de “Club”, “Preferente” y “Turista” me parece más excluyente que la Primera, Segunda y Tercera clase que dejaban las cosas claras. Se pagaba lo que se podía pagar y ahora parece que tengas que pertenecer a algo. En fin. El texto, que a mí me encanta, de Díaz Cañabate, me explica el fondo del asunto, que es a lo que iba: “Las paredes del vagón de tercera van pintadas de color de tortilla; en las tablas queda su grasa, en el aire su aroma y debajo de los asientos el papel que las envolvió, semilla de las tortillas, cosecha ubérrima del vagón de tercera.”

Esta tarde, a pesar de los caracoles o, fíjate, a lo mejor por su culpa, las paredes de la memoria han vuelto pintadas de color de tortilla, quizás para cosechar lo que nos queda por escribir. O para olvidarnos para siempre. ¡Vete a saber!.